Maccio sigue sorprendiendo con su pintura que no cesa

Por Oscar SmoljanDirector Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén

APUNTES DE LA CULTURA

El Centro Cultural Recoleta acaba de presentar la primera parte de una serie de dos muestras con la obra inédita del gran pintor Rómulo Macció, uno de los fundadores, en los años 60, de la llamada Nueva Figuración junto a Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega y Ernesto Deira.

La muestra, titulada Repertorio, estuvo integrada por 38 pinturas que Macció realizó entre 2008 y 2014, las cuales lo muestran en un constante movimiento creativo que no parece haber quedado anclado en los lenguajes que lo hicieron famoso en tiempos del Instituto Di Tella.

Por el contrario, a los 83 años, este artista maravilloso, al que bien puede considerarse el Victorica del presente siglo, no se detiene ni se adocena en la fama bien ganada, sino más bien sigue produciendo y asombrando con nuevos planteos a partir de su universo personal y exclusivo que es la pintura.

Las obras que fueron expuestas en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, hablan de un Macció más abstracto que figurativo. Incluso la figura humana aparece segmentada, descompuesta en planos y líneas, en un espacio muy particular que no remite a ninguna imagen, como lo señalara el curador de la muestra, Renato Rita.

Impactan el tamaño y los colores, la osadía de las líneas y los espacios en blanco, pero por sobre todo la impronta juvenil de este artista octogenario que no descansa y que se abre en un abanico de cientos de idiomas estéticos.

Es como si el creador, en el otoño de su vida, haya resumido en su paleta todas las corrientes, estilos y escuelas que lo atravesaron, tanto a él como a la misma Argentina, en el último medio siglo.

Una leyenda del arte argentino pero a la vez un trabajador incansable que no cesa de producir nuevas propuestas, atrevidas e inconformistas, representante vivo del inquieto y revolucionario espíritu de los sesentas.

Lejos de ser una muestra antológica o una retrospectiva, Repertorio ha sido un homenaje a la innovación de aquella época irrepetible de la Argentina, en la que brillaron las más altas estrellas de todas las artes, desde la música al cine, desde la literatura y el teatro a la pintura y la escultura.

Una era de poesía y color que Macció ha resumido magistralmente en cada uno de estos cuadros, los cuales llevan nombres que son como poemas.

Sueñas y ríes, El ojo de la tormenta, Fetiche en el espejo, Una rosa es una rosa…nombres que bien podrían habitar tangos o boleros o cualquier otra música en la que, como en la pintura de este joven pintor de 83 años, se ponga plenamente en juego el corazón.


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