Arabia Saudita asume como policía regional, con riesgos
Análisis
La reciente intervención militar muestra que Arabia Saudita es el último poder regional árabe que queda: los países del Golfo permanecen leales a Riad. Incluso hasta Qatar, que en los últimos tiempos fue por libre en cierta manera, se ha alineado sin fisuras con Arabia Saudita. También los egipcios, que en su momento fueron los orgullosos dirigentes de la región, dependen ahora tanto del dinero saudita que apenas podrían replicar nada, aun cuando quisieran. Con esta intervención, Riad deja además clara su voluntad de asumir el papel de policía regional cuando se ve amenazado o ve peligrar sus intereses. De este modo, el rey Salman, que en enero ascendió al trono tras la muerte de su medio hermano Abdulá, sigue fiel a la línea del reino. Riad actúa desde una posición de fortaleza, pero en realidad el reino saudita se siente amenazado: en el norte presiona la milicia terrorista sunnita Estado Islámico (EI) desde la frontera de Irak y Siria. A ello se suma que las milicias chiitas están respaldando al gobierno de Irak. Y éstas están a su vez ligadas con el poder chiita en Irán, el principal enemigo de los sauditas. Pero no deja de ser una intervención militar sumamente arriesgada, pues sólo con los ataques aéreos no se va a poder controla la caótica situación en Yemen, según señala Frederic Wehrey, del think tank estadounidense Carnegie. Y tampoco con una invasión de tropas terrestres se podría ganar una guerra en Yemen, el país más pobre de la península Arábiga, donde no sólo tendrían que hacer frente a los hutíes, sino también a los clanes sunnitas y una potente rama de la red terrorista Al Qaeda, así como a otros grupos. Y la intervención no hace más que ahondar las diferencias entre Arabia Saudita e Irán. Así, el conflicto en Yemen podría convertirse en una guerra camuflada entre Riad y Teherán de consecuencias inciertas para toda la región. Los dos países ya están librando esa suerte de conflicto armado en Siria, donde Irán apoya al régimen de Damasco y Arabia Saudita a los insurgentes. La intervención saudita arroja al mundo árabe a un caos todavía más sangriento. Con Yemen suman ya cuatro naciones en conflicto armado, además de Libia, Siria e Irak. En ninguno de estos países hay perspectivas de lograr pronto la paz. (DPA)
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