Donde Perón no está: Di Giacomo
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Luis Di Giacomo (61) nació en Lomas de Zamora.
• Médico psiquiatra egresado de la UBA.
• Casado y casado reiterado. Cuatro hijos. Dos nietos.
• En fútbol: Boca, pero bajo prusiano control emocional.
• Hobby: actor en teatro vocacional. Pasión por los personajes agrios. “Lo único humano que me gusta encarnar es ‘La Nona’, de Tito Cossa”, confiesa. Y también pasión por la cría de lombrices, a las que en su jardín roquense dedica horas lupa en mano.
• Personaje de la historia: Darwin, “aunque ande difundiendo secretos de familia, como eso de que descendemos de los monos”, dice.
• En sus discursos y declaraciones nunca están Perón ni Eva, ni a favor ni en contra. Tampoco habla del Movimiento Nacional y Popular.
Cuando despuntaban los 70, Di Giacomo se sumó a la izquierda dura. “Orillé la ferretería, pero no entré”, suele decir en relación con las armas. Pero cuando percibió que la revolución es un sueño eterno -Andrés Rivera mediante- partió silbando bajito hacia lares socialdemócratas.
Ideológicamente así llegó hace 36 años a Río Negro, donde en la transición se sumó al MPP. Luego, otros rumbos. De su paso por la izquierda le quedó una reflexión de un chino de tiempos hundidos en la niebla de la historia. “En política se pueden pasar los días trabajando en los establos, pero con la mira en el poder”. Y ése es su variopinto trayecto político. Supo de establos. Y sabe del poder. Lector insoportablemente minucioso de la historia en el género de memorias y biografías, del polémico Robert McNamara hace suya lo que aquel llamó “la octava regla de la política”: “No olvides revisar tu pensamiento”. Y en un avión de AA que lo llevaba a la Patagonia profunda se dejó tiempo atrás un viejo cuaderno cargado de reflexiones sobre lo que lee.
-Leía una sugerencia de Robert Greene de su mamotreto sobre el poder: “Sea audaz al entrar en acción”. Buen aporte. De golpe la tripulación pide un médico: “Soy psiquiatra, pero médico al fin”, y me ofrecí. Un hombre, infartado. Lo atiendo. Estaba muy mal. Y cuando bajamos, me dejé el cuaderno.
-¿Y el infartado?
-En fin…
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