No es fácil cambiar

Redacción

Por Redacción

EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

Vieja costumbre en el fútbol, previo a un partido de la selección argentina solemos dedicarle ríos de tinta a nuestro equipo y, poco menos, a ignorar al rival. Ganar o perder dependerá sólo de la habilidad, inspiración o cohesión de los nuestros. El rival no cuenta. No sucede lo mismo con el rugby. Los Pumas no tienen a un Messi y tampoco ganaron Mundiales con Maradona. Los rivales son más poderosos, imposibles de ignorar. Una victoria como la del sábado anterior en Durban toma entonces merecidos ribetes de épica. De alguna manera, tanta euforia local, tanta emoción porque en ese mismo estadio de Durban estaban los viejos Pumas del 65 alentando a sus herederos, influyó acaso para que supiéramos otra vez poco y nada sobre qué sucedía con el adversario. Emocionó ver a los viejos Pumas cantando el himno y celebrando luego la victoria. Pero pocos repararon en otra imagen casi simultánea y acaso más emocionante que la de los Pumas del 65. Cuando ellos protagonizaron su hazaña en Ellis Park, Sudáfrica, sabemos, vivía bajo el oprobioso sistema del apartheid, con su mayoritaria población negra explotada y relegada, sin voto ni derechos porque así lo permitía la ley. Mandela mediante, y luchas populares también, por supuesto, el apartheid cayó como cayó el Muro de Berlín y como cayeron también algunos otros muros. Por eso provocó emoción el sábado último cuando la televisión, en plena ejecución del himno sudafricano, mostró a un niño blanco amigo de otro niño negro uno al lado del otro, ambos emocionados porque aparecían en la pantalla del estadio. Pero no es fácil cambiar luego de más de medio siglo de racismo. El sindicato más poderoso de los obreros negros en Sudáfrica (Cosatu) denunció después del partido que cinco jugadores de los Springboks le expresaron quejas contra el técnico Heyneke Meyer, a quien acusaron de usar jugadores blancos aún fuera de su puesto en lugar de jugadores negros que estaban a disposición. La queja cobró acaso más dimensión porque los Springboks atraviesan un período opaco. En la derrota de Durban había dos jugadores negros en la formación titular. Mañana en la revancha en Vélez habrá cuatro. Meyer rechazó las acusaciones y aseguró que tiene el apoyo del plantel, jugadores negros incluidos, que evitaron entrar en la polémica. Los Springboks fueron durante décadas un arma política del apartheid sudafricano. Fue Mandela quien ayudó a integrarlos para decir que los Springboks no tenían dueño y que eran un orgullo de todos los sudafricanos, sin distinción por el color de piel. Ese rival será el que los ahora entonados Pumas enfrentarán el sábado en Vélez. Con el Mundial cada vez más cerca, un rival bajo presión y obligado a ganar.

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