El feudo se hunde

Redacción

Por Redacción

Puede entenderse la angustia que siente la gobernadora Alicia Kirchner. Luego de haber sido beneficiada por doce años de favoritismo presidencial, Santa Cruz tendrá que acostumbrarse a ser tratada como las demás provincias, lo que la obligará a llevar a cabo un ajuste feroz. Según la cuñada de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno nacional actual se ha propuesto “asfixiar” la economía santacruceña al negarse a enviarle los centenares de millones de pesos que necesitaría para cubrir ciertos gastos, razón por la que pide lo que llama “asistencia igualitaria”, es decir, montos parecidos a los conseguidos por Mendoza y Córdoba, pero pasa por alto el hecho de que tales jurisdicciones tienen muchísimos más habitantes. Lo “igualitario”, pues, sería que Santa Cruz recibiera seis veces menos que Mendoza y once menos que Córdoba. Asimismo, de quererlo, el gobierno del presidente Mauricio Macri podría argüir que Santa Cruz, por haber obtenido tanto en el transcurso de la década ganada, debería valerse por sí misma hasta nuevo aviso, aunque es poco probable que asuma una postura tan firme. El desastre socioeconómico de Santa Cruz es una versión exagerada, para no decir caricaturesca, del sufrido por el país en su conjunto. Es fruto de una mezcla perversa de corrupción institucionalizada, capitalismo de los amigos, clientelismo e irresponsabilidad populista. Como es notorio, el grueso de la obra pública quedó en manos del empresario emblemático de la era kirchnerista, Lázaro Báez, que sin la chequera presidencial no ha podido seguir operando, razón por la que ya ha echado a miles de trabajadores que todos los días protestan cortando rutas y participando de manifestaciones. En cuanto a la corrupción, las tradiciones locales se han mantenido intactas: la gobernadora acaba de nombrar a su propia hija, Romina Mercado, para integrar la fiscalía provincial que debería controlar su gestión. También hay un superávit de empleados públicos, pero acaso lo peor sea el derrumbe del precio internacional del petróleo. En una provincia escasamente poblada como Santa Cruz, el sector petrolero, a pesar de sus dimensiones modestas, ha sido una fuente muy importante de ingresos pero, tal y como ha sucedido en Venezuela, depender de él resultó ser un error estratégico gravísimo. De haber aprovechado mejor Santa Cruz los fondos cuantiosos que los dos presidentes Kirchner enviaron a lo que, a fin y al cabo, era su feudo personal, se hubiera diversificado mucho la economía y ahorrado lo bastante como para permitirle enfrentar con solvencia un período de vacas flacas. Huelga decir que los sucesivos gobiernos santacruceños no ahorraron un solo centavo, lo que hace prever que a Alicia Kirchner le toque pagar los costos políticos del naufragio de la dinastía K. Aun cuando Macri quisiera ayudar a Santa Cruz, no le sería dado hacer mucho. Son tan apremiantes las necesidades del gobierno provincial que, para rescatarlo, tendría que continuar suministrándole mucho más dinero per cápita que a cualquier otra jurisdicción, pero casi todas las demás provincias son llamativamente más pobres. Para defenderse, la representante de la familia Kirchner acusa al gobierno nacional de discriminar en su contra debido a su “color político”, apostando así a que la oposición se solidarice con ella, pero puesto que nadie ignora que fue precisamente a causa de su “color político” que Santa Cruz se vio colmada de dinero mientras un Kirchner estuvo en la Casa Rosada, pocos se sentirán impresionados por tal planteo. La crisis mayúscula en que se encuentra la provincia que nos dieron los Kirchner es la consecuencia lógica del “proyecto” del clan familiar que dominó el país entre mayo del 2003 y noviembre del año pasado pero, por desgracia, dista de ser la única parte de la Argentina que se ve en apuros. Puede que en el resto del país los problemas provocados por el kirchnerismo sean menos dramáticos que en la provincia natal del fenómeno, pero son lo bastante graves como para asegurar que superarlos exigirá largos años de gestión eficaz, lo que, desde luego, requeriría la colaboración de los muchos políticos peronistas que, sin simpatizar demasiado con el ideario que atribuyen al presidente Macri, entienden que su eventual fracaso perjudicaría enormemente al país y a la mayoría de sus habitantes.


Puede entenderse la angustia que siente la gobernadora Alicia Kirchner. Luego de haber sido beneficiada por doce años de favoritismo presidencial, Santa Cruz tendrá que acostumbrarse a ser tratada como las demás provincias, lo que la obligará a llevar a cabo un ajuste feroz. Según la cuñada de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno nacional actual se ha propuesto “asfixiar” la economía santacruceña al negarse a enviarle los centenares de millones de pesos que necesitaría para cubrir ciertos gastos, razón por la que pide lo que llama “asistencia igualitaria”, es decir, montos parecidos a los conseguidos por Mendoza y Córdoba, pero pasa por alto el hecho de que tales jurisdicciones tienen muchísimos más habitantes. Lo “igualitario”, pues, sería que Santa Cruz recibiera seis veces menos que Mendoza y once menos que Córdoba. Asimismo, de quererlo, el gobierno del presidente Mauricio Macri podría argüir que Santa Cruz, por haber obtenido tanto en el transcurso de la década ganada, debería valerse por sí misma hasta nuevo aviso, aunque es poco probable que asuma una postura tan firme. El desastre socioeconómico de Santa Cruz es una versión exagerada, para no decir caricaturesca, del sufrido por el país en su conjunto. Es fruto de una mezcla perversa de corrupción institucionalizada, capitalismo de los amigos, clientelismo e irresponsabilidad populista. Como es notorio, el grueso de la obra pública quedó en manos del empresario emblemático de la era kirchnerista, Lázaro Báez, que sin la chequera presidencial no ha podido seguir operando, razón por la que ya ha echado a miles de trabajadores que todos los días protestan cortando rutas y participando de manifestaciones. En cuanto a la corrupción, las tradiciones locales se han mantenido intactas: la gobernadora acaba de nombrar a su propia hija, Romina Mercado, para integrar la fiscalía provincial que debería controlar su gestión. También hay un superávit de empleados públicos, pero acaso lo peor sea el derrumbe del precio internacional del petróleo. En una provincia escasamente poblada como Santa Cruz, el sector petrolero, a pesar de sus dimensiones modestas, ha sido una fuente muy importante de ingresos pero, tal y como ha sucedido en Venezuela, depender de él resultó ser un error estratégico gravísimo. De haber aprovechado mejor Santa Cruz los fondos cuantiosos que los dos presidentes Kirchner enviaron a lo que, a fin y al cabo, era su feudo personal, se hubiera diversificado mucho la economía y ahorrado lo bastante como para permitirle enfrentar con solvencia un período de vacas flacas. Huelga decir que los sucesivos gobiernos santacruceños no ahorraron un solo centavo, lo que hace prever que a Alicia Kirchner le toque pagar los costos políticos del naufragio de la dinastía K. Aun cuando Macri quisiera ayudar a Santa Cruz, no le sería dado hacer mucho. Son tan apremiantes las necesidades del gobierno provincial que, para rescatarlo, tendría que continuar suministrándole mucho más dinero per cápita que a cualquier otra jurisdicción, pero casi todas las demás provincias son llamativamente más pobres. Para defenderse, la representante de la familia Kirchner acusa al gobierno nacional de discriminar en su contra debido a su “color político”, apostando así a que la oposición se solidarice con ella, pero puesto que nadie ignora que fue precisamente a causa de su “color político” que Santa Cruz se vio colmada de dinero mientras un Kirchner estuvo en la Casa Rosada, pocos se sentirán impresionados por tal planteo. La crisis mayúscula en que se encuentra la provincia que nos dieron los Kirchner es la consecuencia lógica del “proyecto” del clan familiar que dominó el país entre mayo del 2003 y noviembre del año pasado pero, por desgracia, dista de ser la única parte de la Argentina que se ve en apuros. Puede que en el resto del país los problemas provocados por el kirchnerismo sean menos dramáticos que en la provincia natal del fenómeno, pero son lo bastante graves como para asegurar que superarlos exigirá largos años de gestión eficaz, lo que, desde luego, requeriría la colaboración de los muchos políticos peronistas que, sin simpatizar demasiado con el ideario que atribuyen al presidente Macri, entienden que su eventual fracaso perjudicaría enormemente al país y a la mayoría de sus habitantes.

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