Lecciones del Brexit para el Mercosur
Sobre el resultado del referéndum británico.
editorial
El resultado del referéndum británico pone serios interrogantes a la unidad europea, mostrando cómo a pesar de la declamada “inevitabilidad” de una globalización compuesta por bloques económicos, los sentimientos y las identidades nacionales siguen jugando un rol crucial en las decisiones de los ciudadanos.
Más allá de las reacciones de los mercados, es probable que los efectos reales del Brexit se vean recién en el mediano plazo, ya que el “desacople” económico y político será gradual y encima deberá ser encabezado por otro gobierno, ya que el primer ministro David Cameron no continuará en el poder y dejará a sus eventuales sucesores la tarea.
Para nuestra América Latina los efectos serían mixtos y limitados, según los expertos. Aunque Gran Bretaña fue un actor de primer orden en Sudamérica hasta mitad del siglo XX, en particular en Argentina, su rol inversor quedó muy acotado luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando Londres concentró la relación comercial con sus excolonias en el Commonwealth. Los analistas apuntan a un fortalecimiento del dólar ante el euro y otras monedas, lo que acentuará las presiones devaluatorias. También podrían verse afectados los precios internacionales de los commodities como el petróleo y en menor medida los agrícolas. Por otro lado, se espera que se postergue la definición sobre una suba de las tasas de interés en EE. UU., lo que beneficiaría a los bonos de países emergentes. Y la inestabilidad europea podría volver más atractivas inversiones en la región.
Un aspecto en el que seguramente incidirá la resolución británica es la negociación entre la Unión Europea y el Mercosur. La semana que viene llega un alto representante europeo que debería acordar los trámites finales para la futura asociación entre los bloques. Aunque las autoridades europeas lo nieguen, el “no” de Londres deja incierto el proceso, ya que Bruselas deberá concentrarse en una política de contención de los daños internos que producirá la salida de uno de sus actores económicos centrales.
Pero quizás en donde mayor influencia tenga la decisión británica no sea en aspectos coyunturales, sino en los problemas de fondo que evidencia la consolidación del bloque europeo. La decisión de los ciudadanos británicos no es el primer revés en las urnas para su modelo de integración, criticado por concentrarse excesivamente en procesos macroeconómicos y de estrategia geopolítica, que a menudo ignoran los intereses inmediatos de los ciudadanos de a pie de los países que lo conforman. Esto quedó en evidencia en el fracaso del intento de establecer una Constitución Europea en el 2006 y en las duras negociaciones con Atenas que impidieron por escaso margen la salida de Grecia.
Para el Mercosur, que fue creado a imagen y semejanza de su par europeo hace 25 años, la decisión británica debería encender alarmas, ya que enfrenta problemas muy similares a su modelo del Primer Mundo. Las constantes tensiones comerciales entre Brasil y Argentina han condicionado todas las definiciones del bloque. Los socios menores, en especial Paraguay y Uruguay, se quejan de quedar al margen de los principales acuerdos. Hay dos ejemplos concretos. Uno: el ingreso de Venezuela al bloque fue concertado por Brasil y Argentina mientras Paraguay, principal objetor del ingreso, estaba suspendido por la aplicación de la Carta Democrática, debido a la irregular destitución del presidente Lugo. Otro: lo que debería ser un avance institucional, la constitución del Parlasur, se ha convertido en fuente de polémica: los primeros debates de los representantes argentinos electos se limitaron a si deberían o no cobrar dieta por sus servicios y si estaban protegidos por fueros, una especie de refugio para casos de corrupción. El encarcelado López pretendía ser uno de los beneficiarios de esto.
A otros bloques regionales no les ha ido mejor. Unasur y el ALBA partieron con mucha fuerza, pero se han desdibujado rápidamente, ya que demostraron ser más bien asociaciones basadas en afinidades ideológicas e intereses políticos de corto plazo que en políticas de Estado que beneficien en forma concreta a sus poblaciones.
Las uniones comerciales bien implementadas llevan beneficios económicos a diversos sectores, pero siempre implican cesión de soberanía. Si los ciudadanos no experimentan en forma palpable las ventajas de estos acuerdos en su vida cotidiana, el peligro de rechazo popular ante la primera dificultad aumenta. Esa debiera ser la principal lección de este Brexit para los procesos de integración regional: hacerlos de cara a la opinión pública, comunicarlos con claridad y no resolver, tras bambalinas, asuntos que afectarán la vida cotidiana de sus habitantes.
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