“Nefastos proyectos que sólo traen oscuridad, atraso”

Redacción

Por Redacción

Cuando aún continúan los problemas originados por los conflictos salariales con los docentes, el ministro de Educación Esteban Bullrich se ha descolgado con unas declaraciones que generan más preocupación en la ya grave situación por la que atraviesa la educación, aun cuando por sus alcances y finalidades trascienden ese ámbito.

En ocasión de inaugurar una escuela en la provincia de Corrientes, el ministro Bullrich ante el reclamo del sacerdote que había bendecido el edificio escolar y clamaba por la vuelta de la religión a las escuelas le respondió que “vendría muy bien que todas las religiones tengan su espacio en las escuelas”. Dijo estar “convencido de que las enseñanzas del Evangelio deben ser aprendidas, el ejemplo de Jesús debe ser aprendido; pero también el ejemplo de Mahoma, las enseñanzas del budismo y el hinduismo, otras religiones también para crecer juntos reconociendo al otro”. Y agrega en una suerte de demostración de amplitud: “Por más que soy católico, trato de ser un apóstol y buen discípulo. Sí creo que en las escuelas debemos enseñar otras religiones también, que también tienen lecciones para aprender”.

El ministro Bullrich, ferviente militante de la Orden de los Legionarios de Cristo, que envía a sus hijos a la escuela religiosa Oakhill School, expresó sin ambages y con toda claridad su propósito de incorporar las religiones a la actividad educativa contrariando expresas normas constitucionales, tratados internacionales y especialmente la ley nacional 1420 de 1884, que estableció el sistema educativo nacional con los parámetros de la obligatoriedad de la enseñanza, su gratuidad y laicicismo.

El Estado garantizaba así una enseñanza democrática, no confesional, propia de un país pluralista como es Argentina.

El propósito del ministro de educación de incorporar la religión a la currícula escolar además de reaccionario, conservador y antipedagógico es anacrónico y nos retrotrae a la época del golpe militar del 43 cuando se designó como ministro de Instrucción Pública y Justicia a Gustavo Martínez Zuviria, un ultracatólico y antisemita, que impuso la religión católica obligatoria en la escuelas, situación que fue continuada por el gobierno de Juan D. Perón.

La Nación Argentina garantiza la libertad de cultos y su práctica, que deben llevarse adelante en sus iglesias y templos y en las propias casas de sus fieles. Por el contrario, la escuela pública es otro ámbito que nada tiene que ver con lo religioso, es el lugar destinado a enseñar y aprender, es el apropiado para el saber y el conocimiento y no para los teúrgos del mito religioso.

Pero en este tipo de proyecto Bullrich no está solo. En el Congreso, diputados del Pro han presentado un proyecto para que los hospitales públicos tengan obligatoriamente religiosos para confortar a los enfermos. Rezos y estampitas en lugar de antibióticos y cirugías.

Los ciudadanos debemos prestar atención y estar alertas para evitar que estos nefastos proyectos puedan concretarse, porque ellos, fundamentalmente el de la religión en la educación, sólo traen oscuridad, atraso e intolerancia.

Carlos Segovia

LE 7.304.065

Carlos Segovia

LE 7.304.065


Cuando aún continúan los problemas originados por los conflictos salariales con los docentes, el ministro de Educación Esteban Bullrich se ha descolgado con unas declaraciones que generan más preocupación en la ya grave situación por la que atraviesa la educación, aun cuando por sus alcances y finalidades trascienden ese ámbito.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora