Neuquén: la odisea de vivir pegado a una obra

La ciudad crece y son cada vez más los edificios en construcción. Quienes viven a pocos metros relatan cómo es convivir con el ruido, las maquinarias, los daños en sus casas y coches y hasta la pérdida de la intimidad y la rutina de un barrio tranquilo.

Redacción

Por Redacción

Dormir la siesta podía resultar un castigo. Eduardo se acaba de jubilar, pero recuerda que hasta hace unos días llegaba de su trabajo en el petróleo por la mañana, se acostaba a descansar y el pumpumpum, piiii piiiii, ratatatá que se escucha en ese momento dentro de su casa no lo dejaban pegar un ojo.

Mientras Neuquén crece algunos vecinos padecen el paso de un barrio tranquilo a una metrópoli. Así lo viven Marianela y Zulma. Sus casas están enfrentadas a cada lado de la calle Manuel Alberti, en el barrio Santa Genoveva y en donde en menos de 30 metros se construyen dos grandes edificios.

“Hace dos años, un día nos desayunamos que iban a hacer un edificio. Primero juntamos firmas y lo paramos, porque nosotros compramos en un barrio residencial de calles angostas y tranquilas, pero después del año arrancó”, cuenta Marianela.

De un lado de la casa de Zulma, un edificio va por el tercer piso, del otro demolieron la casa que había y comenzaron a cavar un pozo profundo, donde se levantará el segundo. Los obreros a las tres de la tarde están en plena obra. Algunos saludan a quienes los miran, otro canta en voz alta y de golpe, el sonido de la amoladora apaga todas las voces.

“En este van a hacer cocheras con ascensores, cuando comenzaron a cavar empezó a salir agua. Dos casas se rompieron y a la de mi vecino se le cayó toda la pared del costado. Además, hubo movimientos que hicieron vibrar toda la cuadra”, dice Zulma.

En las casas de toda la manzana hubo grietas, azulejos que se cayeron, las aberturas se deformaron y cuando terminaron con los movimientos de un edificio, empezaron con el otro.

Hasta hace un tiempo, tenían un sistema de seguridad vecinal pero creen que ya no se podrá. Los camiones de cargas y descargas, al principio pasaban por las calles y le arrancaron los espejos a las camionetas, las ramas a los árboles. Después empezaron a descargar por Islas Malvinas.

De las 7.30 de la mañana a las 18, los ruidos no paran y no respetan horarios. Hay estudiantes para los que concentrarse es imposible. “Perdés la privacidad. Yo tengo un patio grande y me ven todo. En verano me gustaba disfrutar afuera pero ya no es lo mismo”, relata Marianela.

Ramiro vive sobre calle Belgrano y pegado a su casa el edificio va por el segundo piso. En su caso, lo toma como “parte del progreso”. Según el hombre, los movimientos de suelo también provocaron roturas pero la empresa constructora reparará su casa, que ya tiene 75 años y necesita mantenimiento.

“Cuando vinieron yo les dije que este terreno es muy arenoso. Tuvieron que hacer un pozo de 13 metros para llegar a la greda. Lo vi, es impresionante la cantidad de cemento y hierro que metieron, esto no se va a mover. Mi casa está partida, pero me la van a arreglar. A los pocos días de empezar se rompió un tanque y en horas estaban poniendo uno nuevo ”, cuenta.

Sobre Sargento Cabral, Rosana ya tiene experiencia en el tema. Al lado de su casa demolieron la que había y les informaron que harían 17 pisos. Los ruidos, sabe que serán parte del proceso que ya vivió cuando construyeron el de la esquina.

“Ese otro edificio generó muchos problemas. Cuando hicieron el subsuelo brotaba agua y la tiraban a la calle generando riesgos de tránsito”, recuerda.

“Desde que empezó la obra todo es un problema. Hasta los camiones dañaron varios autos porque las calles son muy angostas”,

relató Marianela. Frente a su casa están edificando una torre.

“No podés dormir, los ruidos son permanentes. Perdimos privacidad porque están todo el día mirando lo que hacés en el patio”,

señaló Eduardo, un vecino que vive pegado a una obra en construcción.

Datos

“Desde que empezó la obra todo es un problema. Hasta los camiones dañaron varios autos porque las calles son muy angostas”,
“No podés dormir, los ruidos son permanentes. Perdimos privacidad porque están todo el día mirando lo que hacés en el patio”,

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