La familia Rodríguez y la calesita neuquina
La foto del lector
Todos los neuquinos de la década del 60 nos regocijamos con la música y el bullicio de los niños que concurrían a aquella emblemática calesita ubicada en Alberdi y Diagonal 25 de mayo, que era propiedad de la familia Rodríguez. ¿Calesita o carrusel? Se suelen usar estos términos como sinónimos, a pesar de que guardan diferencias: la calesita tiene una estructura fija, mientras que el carrusel, además de girar, hace que los caballitos suban y bajen; así era la calesita de esta familia.
Alfredo y Eduardo Rodríguez nos contaron del arribo de su familia a estas tierras: en 1943 Adolfo Rodríguez se encontraba haciendo el servicio militar obligatorio en Campo de Mayo, ciudad de Buenos Aires. Tenía una hija, Delicia, que había nacido en Ramos Mejía, Buenos Aires. Terminado el servicio militar se vino para el Valle en 1944 y se radicó en la localidad rionegrina de Mainqué, donde ya estaba Ricardo, su hermano mellizo.
En 1945 llegaron las esposas y los hijos de los mellizos. Delicia Maschio, esposa de Adolfo, y sus hijos Delicia, Adolfo y Alfredo. Amanda Maschio, esposa de Ricardo y sus hijos Ricardo, Eduardo y Omar. Con ellos vinieron los abuelos paternos Adolfo Rodríguez, un lustrador de pisos nacido en España, y Francisca Santa María, vasca.
La primera vivienda familiar se la alquilaron a la familia Orejas en Jujuy esquina Juan B. Justo. Años más tarde Adolfo, que fue peluquero del Ejército y luego empleado de la administración pública provincial, construyó su casa sobre Jujuy 456. Después lo hizo su mellizo en el terreno de al lado, en Jujuy al 446, y se retiró como comisario de la Policía de Neuquén.
Alfredo y Eduardo formaron sus familias con Graciela Di Rago y Ana Raquel Grisoni, respectivamente, que son primas a su vez.
La calesita fue instalada en los primeros años de la década del 60. Ricardo y un socio, Mario Tello, compraron una calesita antigua. Luego, y ya inserto en la sociedad comercial, ingresó Adolfo: compraron una nueva calesita (carrusel). Al poco tiempo Mario Tello abandonó la sociedad y la calesita quedó en poder de los mellizos Rodríguez.
Los que atendían la calesita eran Adolfo y Ricardo y sus hijos Eduardo y Alfredo. Estuvo en funcionamiento cinco largos años, en los que cosecharon gran cantidad de amistades. Había matrimonios que, especialmente los domingos, dejaban a los niños en la calesita y se iban o al cine o a pasear, luego de un buen rato volvían a buscar a sus niños y pagaban las vueltas que habían dado, muchas por cierto, todo en un ámbito de confianza.
Esa calesita fue vendida al Municipio de Cipolletti y Alfredo fue contratado para atenderla, ya que conocía todo el funcionamiento. Luego de casi un año abandonó el oficio de calesitero.
Trazos de historia neuquina grabada en los corazones de todos los que vivíamos en aquel “pueblo”, en el que primaba la confianza, la seguridad, el respeto por el otro. Por favor, señor intendente: revivamos el amor por la calesita para los niños de hoy, que sueñan y aguardan por esos estáticos muñecos y animales de madera que tanto nos entretuvieron a nosotros, en nuestra niñez. Multipliquémoslas en toda la ciudad.
Beatriz Carolina Chávez
DNI 6.251.256
Beatriz Carolina Chávez
DNI 6.251.256
La foto del lector
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios