La economía, de la mano de las variables exógenas

Los factores externos son determinantes en todas las economías. En ese marco, es clave la gestión de las políticas que permitan estar preparados para la tormenta.

Transcurría la mitad del Siglo Primero, cuando el filósofo griego Epicteto de Frigia plasmó una frase que sirve para describir uno de los principales problemas de la actual política económica argentina: “Si no quieres ver tus deseos frustrados no desees jamás sino aquello que sólo de ti depende”.
En nuestros días, la ciencia económica traduce las palabras del filósofo diferenciando entre aquellas variables cuya dinámica depende de las decisiones y medidas adoptadas por el funcionario de turno, a las que se denomina ‘endógenas’, y aquellas que están fuera del alcance de la órbita de la política económica doméstica, a las que suele llamarse ‘exógenas’.
Desde el principio, cada uno de los hitos que arrojó la gestión Cambiemos en materia económica estuvo indefectiblemente atado a cuestiones exógenas. La ‘lluvia de inversiones’ que nunca llegó, ‘el ánimo’ de los fondos de inversión que ingresaron en manada desde 2016 y partieron de la misma forma desde 2018, ‘la tasa de interés del bono a 10 años del Tesoro de los EEUU’, ‘la sequía más importante de los últimos 50 años’ registrada el año pasado, ‘la guerra comercial entre China y EEUU’, o ‘el derrumbe de los precios internacionales’ en 2019.

“Si no quieres ver tus deseos frustrados no desees jamás sino aquello que sólo de ti depende”.

Epicteto de Frigia


En todos los casos, se trata de elementos externos a la capacidad de gestión económica de un gobierno. De allí surge el ‘pasaron cosas’ que el Presidente Macri ha utilizado en más de una ocasión para justificar los magros resultados obtenidos hasta el momento.
En efecto, hay dos características fundamentales de toda variable exógena. La primera de ellas es que los factores externos son en general impredecibles, y por lo tanto es prácticamente imposible planificar previamente la estrategia para lidiar con las consecuencias. La segunda, es que se trata de elementos inmodificables, en tanto la influencia que la gestión económica doméstica puede ejercer sobre ellos es nula.
Pese a ello, si hay un resorte con el que cuenta el hacedor de política económica para evitar que los factores exógenos arruinen sus planes, es precisamente la gestión de las variables endógenas. Es evidente que no se puede prever una tormenta, pero si se puede trabajar el aislamiento en contra de la humedad, y la fortaleza del techo que protege contra la lluvia. Allí radica la mayor debilidad de la estrategia económica del gobierno. La apertura económica puede funcionar muy bien desde la teoría, pero son pocos los países del mundo que dejan atada su suerte a las decisiones del mercado financiero internacional, tal y como decidió hacerlo la actual gestión al eliminar todos los controles a la entrada y salida de capitales.

Éxitos mínimos
Los datos de las últimas dos semanas, vuelven a exponer con claridad las dificultades que atraviesa la economía nacional. En ese marco, encontrar motivos para un anuncio de tono positivo, es hoy una tarea titánica para los comunicadores oficiales.
Tal vez sea por ello que el resultado referido al comercio exterior durante el mes de marzo, fue dado a conocer como un medido ‘éxito’.
El informe sobre Intercambio Comercial Argentino publicado por el Indec, indica que el en mes de marzo y por séptimo mes consecutivo, las exportaciones fueron mayores a las importaciones. Con un superávit de u$s 3.146 millones, se confirma así en el primer trimestre del año, una tendencia al superávit comercial que se inició a fines de 2018.
Los motivos del cauto optimismo oficial, son evidentes si se tiene en cuenta que en los últimos doce meses, el tipo de cambio se devaluó el 80%, lo cual es un desincentivo natural a comprar en el exterior y al mismo tiempo, fortalece la competitividad de los productos argentinos.
Pero vale al mismo tiempo analizar la dinámica de las exportaciones y las importaciones, tanto en la actualidad, como en momentos de ‘proteccionismo’.
El primer gráfico que acompaña la nota, muestra la evolución de la balanza comercial en el primer trimestre de cada año entre 2007 y 2019.
Respecto a las exportaciones, se observa que el registro de 2019, es muy similar al de 2018. En la comparación con años anteriores, los u$s 19.491 millones que Argentina vendió al exterior durante los primeros tres meses de este año, se parecen mucho a los u$s 20.315 millones registrados en 2014, y están muy por debajo del récord de u$s 24.319 millones en 2012.


En relación a las importaciones, el infograma permite observar claramente el impulso que significó la apertura aplicada por el gobierno desde 2016, y el derrumbe en 2019 tras la devaluación. El registro de u$s 16.345 en el primer trimestre de este año, es el más bajo desde el año 2010.
Otro dato dado a conocer por Indec que muestra en primer plano la crisis, es el referido a la actividad. El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) referido al mes de marzo, indica que la economía retrocedió un 6,8% en los últimos doce meses, confirmando un ciclo de doce meses consecutivos a la baja. A ello se suma el dato oficial de esta semana respecto a la baja de las ventas en supermercados y centros de compra (ver página 4).
El segundo infograma, muestra la evolución del EMAE desde el año 2007. Se puede apreciar la tendencia tipo “serrucho” desde 2011 con años pares hacia abajo y años impares hacia arriba, lo que lleva a muchos economistas a decir que Argentina no crece desde hace 8 años.


Lo que llama la atención, es que el registro de los últimos meses parece romper esa tendencia, pero hacia abajo. El último mes de marzo, es el peor marzo en términos de actividad económica desde el año 2009. Muchos analistas ya prevén que la performance de 2019 podría significar dos años consecutivos de caída en la actividad, algo que no sucede desde 2003-2003.
El tercer gráfico, muestra la situación de cada sector de la economía en el tercer mes de este año, en relación a igual periodo de 2018. La gravedad de la coyuntura se expresa en el retroceso de tres sectores tan claves como sensibles por su incidencia en cuanto a la generación de empleo: el comerció cayó 14,54%, la industria lo hizo un 13,18% y la construcción un 7,03%. Incluso actividades como las finanzas (-13,9%) y la minería (-1,67%) (que incluye la actividad petrolera), fueron parte del parate en la actividad durante marzo. Solo el agro ofrece la nota positiva, con una cosecha récord en cantidad, y una base de comparación baja en 2018.


Tanto la estadística referida al comercio, como los datos respecto a la actividad, habilitan la interpretación de la actual política económica desde la dependencia absoluta de factores exógenos.
El año pasado, la sequía y la suba de tasas en EEUU, fueron los justificativos oficiales. La gran apuesta en 2019, eran los dólares que llegarían de la mano de la recuperación del campo. Sin embargo, lo que el gobierno esperaba fuera este año un boom exportador, se vio trunco nuevamente debido a un factor exógeno: la caída de los precios internacionales.
A su vez, el hecho de que sea solo el agro el sector que ‘salva la ropa’ en medio de la recesión, ilustra por enésima vez que la primarización de la economía es el resultado inexorable de una estrategia aperturista. Con el diario del lunes, queda claro que quitar controles, bajar aranceles y generar confianza, no es protección suficiente para las tormentas que suele generar el contexto global.
Es cierto, pasaron cosas. Las mismas cosas, podrían afectar a todos los países del mundo. El impacto en Argentina, se explica más bien por un modelo que se niega a entregar el manejo de la economía a los economistas, y que se encuentra hoy mucho más preocupado por contar con el aire financiero necesario para evitar un nuevo episodio cambiario antes de las elecciones, que por encontrar una solución definitiva a los problemas estructurales de la matriz productiva.

En números

6,8%
Lo que se contrajo la actividad económica en el último mes de marzo, respecto a igual mes del año 2018.
u$s 3.146
Los millones de superávit comercial en el primer trimestre de este año.

Transcurría la mitad del Siglo Primero, cuando el filósofo griego Epicteto de Frigia plasmó una frase que sirve para describir uno de los principales problemas de la actual política económica argentina: “Si no quieres ver tus deseos frustrados no desees jamás sino aquello que sólo de ti depende”.
En nuestros días, la ciencia económica traduce las palabras del filósofo diferenciando entre aquellas variables cuya dinámica depende de las decisiones y medidas adoptadas por el funcionario de turno, a las que se denomina ‘endógenas’, y aquellas que están fuera del alcance de la órbita de la política económica doméstica, a las que suele llamarse ‘exógenas’.
Desde el principio, cada uno de los hitos que arrojó la gestión Cambiemos en materia económica estuvo indefectiblemente atado a cuestiones exógenas. La ‘lluvia de inversiones’ que nunca llegó, ‘el ánimo’ de los fondos de inversión que ingresaron en manada desde 2016 y partieron de la misma forma desde 2018, ‘la tasa de interés del bono a 10 años del Tesoro de los EEUU’, ‘la sequía más importante de los últimos 50 años’ registrada el año pasado, ‘la guerra comercial entre China y EEUU’, o ‘el derrumbe de los precios internacionales’ en 2019.

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