A 161 años de la muerte de Frederic Chopin
En el bicentenario de su nacimiento, durante todo el 2010 se recordó a este genial compositor polaco, quien abrió las puertas a nuevos terrenos en la armonía. Pero hoy, se cumple además un nuevo aniversario de su muerte, en París.
Hoy se cumplen 161 años de su muerte. Su cuerpo descansa en Père Lachaise, su corazón está en Varsovia.
Un 17 de octubre de 1849, hoy hacen 161 años, moría en París, Frederic Chopin. Tenía 21 años cuando llegó exiliado a Francia en 1830 tras la insurrección polaca contra los rusos. Durante el 2010 el mundo musical ha recordado el bicentenario de su nacimiento, un 1º de marzo de 1810 en el pueblo de Zelazowa Wola, cercano a Varsovia, donde vivió hasta los 19 años, para luego radicarse durante el resto de su vida en París, adonde murió a los 39 años.
Por una expresa disposición suya, su cuerpo está sepultado en el cementerio Père-Lachaise, en París, mientras que su corazón es conservado en la Iglesia Santa Cruz de Varsovia.
París era el centro del mundo en aquella época. La “Revolución de Julio” de 1830 había derrocado a un monarca impopular (Carlos X), y como resultado de ello se produjo un florecimiento de las artes y la literatura. Entre los grandes intelectuales se puede mencionar a Víctor Hugo y Honore de Balzac, al pintor Eugène Delacroix y músicos de la talla de Franz Liszt o Héctor Berlioz. Bajo el reinado de la “Monarquía de Julio”, como se conoció a ese período, el Romanticismo en las artes experimentó un gran auge y Chopin apareció en la escena en el momento álgido y apropiado para brillar y triunfar.
Poco antes de marcharse definitivamente de Varsovia confiesa: “Tengo la impresión de que me voy para no volver nunca. ¡Qué triste debe de ser morir lejos de los nuestros!”.
Seis días después de llegar a Viena, estalla la rebelión en Varsovia contra la ocupación rusa del 29 noviembre de 1830. Frederic no puede regresar puesto que él mismo y otros familiares integran brigadas de resistencia, y saben que será detenido no bien ponga sus pies en tierra polaca.
Solo y ante las pocas expectativas en Austria da las primeras muestras de desórdenes emocionales y depresión: “Si no fuera porque sería una carga para mi padre, regresaría. Maldigo el día en que me fui. No paro de asistir a veladas, conciertos y bailes, pero me aburren mortalmente; para mí todo lo que hay aquí es triste y deprimente.”
Chopin llegó a París en la tarde del 11 de septiembre de 1831. Logró hablar un correcto francés, y en poco tiempo comenzó a sentir una fascinación por la ciudad.Era eminentemente práctico, sobretodo con el dinero necesario para pagar su altísimo estilo de vida, incluyendoun caballo alquilado, carruaje, cochero, y un mayordomo las veinticuatro horas del día.
Su exagerada sensibilidad fue sin duda la razón principal de su reticencia a tocar en público en grandes salas, mientras que se sentía más cómodo en salones con un grupo reducido de gente que además conocía. Fue de los que menos conciertos públicos dio entre los pianistas de renombre, sólo treinta en treinta años .
No se sabe ciertamente quién tomó la iniciativa ni por qué, de pasar el invierno de 1838-39 en Mallorca. Se habló del viaje por razones de salud de Frederic y del reumatismo del hijo de Sand. Por otra parte, Chopin se comprometió a componer una serie de preludios y lejos de París sin las clases y los compromisos sería posible.
Para evitar chismes partieron por separado y se encontraron en Perpignan. “Salimos al amanecer…ámame ángel mío, mi felicidad. Te amo”, le envió Sand a Frederic.
Las lluvias llegaron el 6 de diciembre. En palabras de Sand “fue el diluvio”. Pronto se resintió la salud de Chopin. A partir de aquí todo empeoró hasta convertirse en lugar infernal.
Se instalaron en la localidad de Valdemossa. La convivencia y relación con los hijos de Sand fue determinante en la vida de Chopin, y mucho tuvo que ver con la ruptura.
De regreso a Paris, comienza una nueva etapa en sus vidas, y finalmente se separan. El 22 de abril de 1849 posiblemente fue la última vez que Chopin salió a la calle de placer, para asistir a la ópera ‘Le prophète’, de Meyerbeer. A finales de abril cayó en la fase final de la enfermedad, que le conduciría a la muerte. Incapaz de dar conciertos ni clases y estando casi arruinado, algunos amigos pagaron en secreto sus gastos. Los funerales de Chopin se celebraron trece días más tarde (30 de octubre de 1849) en la iglesia de la Madeleine, con el Réquiem de Mozart y su propia Marcha fúnebre. El pintor Eugène Delacroix encabezó el cortejo fúnebre hasta Père Lachaise.
Chopin es tal vez el único gran compositor clásico cuyo desarrollo puede ser considerado únicamente a través de su producción pianística, lo que no limita su alcance, desde luego, sino que establece el territorio específico de sus personales investigaciones musicales.
Juan Carlos Tarifa
jctarifa@yahoo.com.ar
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