“A propósito del plan Castello”

Redacción

Por Redacción

La vida cotidiana nos pone permanentemente en situación de tomar decisiones, siempre tenemos que elegir entre una serie de cosas que nos interesan, lo cual implica que en cada elección debamos dejar de lado otras cosas. La toma de decisiones simplemente es el acto de elegir entre alternativas posibles sobre las cuales existe incertidumbre. Lo importante es poder evaluar las consecuencias de esa elección y escoger lo que sea mejor, o dicho de otro modo, estamos ante el conflicto entre lo que debemos hacer, lo que queremos y lo que es más conveniente.

Para cada situación hay más de una forma de abordarla, y cada forma ofrece utilidades o beneficios mayores o menores que las otras, por consiguiente siempre que se tome una u otra decisión se habrá renunciado a las oportunidades y posibilidades que ofrecían las otras, que bien pueden ser mejores o peores.

Siempre que se va a realizar una inversión está presente el dilema y la incertidumbre de si es mejor invertir en una opción o en otra. Cada opción trae consigo ventajas y desventajas, las cuales hay que evaluar detenidamente para decidir cuál permite un menor costo de oportunidad, por lo que se hace necesario contar con la mayor cantidad de elementos de juicio posibles, que permitan tomar decisiones oportunas y adecuadas a las circunstancias y así poder hacer una evaluación para determinar con exactitud su comportamiento en el mediano y largo plazo (lo que en el presente es útil, tal vez no lo sea en el futuro).

En el ámbito privado cada persona asume esos riesgos, en la empresa privada se evalúan en términos de ganancias, mientras que en las organizaciones públicas se evalúan en términos de las mejoras del bienestar general. Es deseable que toda actividad gubernamental se base en el criterio de la ciudadanía afectada en forma directa por esa actividad y la evaluación será por los criterios de los ciudadanos individuales, cuyo juicio será por el bienestar general percibido.

Si bien los objetivos de la mayoría de las actividades gubernamentales parecen ser en el fondo de naturaleza social, es necesario incluir los factores de carácter económico. La eficiente administración y la asignación transparente de los fondos públicos son, además de una exigencia ética, una obligación insoslayable para los gobernantes.

Las preguntas que surgen son: ¿cómo los encargados de trazar políticas toman las decisiones con relación a los problemas que se enfrentan? ¿Cómo ven los objetos, las condiciones, a los diferentes actores sociales y sus intenciones? ¿Cómo definen las metas de su propio gobierno? ¿Qué valores les resultan más importantes, no in abstracto sino en cómo asignan las prioridades ante una situación particular?

A propósito del plan Castello 2017, es por ello que cada vez más la ciudadanía interpela la forma en que los gobiernos deciden y exige explicaciones minuciosas de qué se gasta, en qué se gasta y cómo se gasta el dinero público. Desde hace muchos años, en gran número de países se aplican criterios de evaluación que dan respuesta a estas demandas sociales, como la obligatoriedad de realizar análisis costo-beneficio (ACB) con el objetivo de determinar si un proyecto, programa o medida política es deseable desde el punto de vista del bienestar social, y si lo fuera, en qué medida.

El ACB es una metodología para evaluar de forma exhaustiva los costos y beneficios de un proyecto o inversión, para lo que son cuantificados y expresados en unidades monetarias, con el fin de poder calcular los beneficios netos del proyecto para la sociedad en su conjunto. Esta metodología sirve para una doble tarea: en una evaluación “ex ante” (1), como una herramienta para la selección de proyectos alternativos o para decidir si la implementación de un proyecto concreto es socialmente deseable, o “ex pos” (2), para cuantificar el valor social neto de un proyecto previamente ejecutado.

¿Tendremos algún día los ciudadanos de Río Negro explicaciones racionales de nuestros gobernantes?

Antonio Sánchez Díaz

DNI 10.923.733

Antonio Sánchez Díaz

DNI 10.923.733


La vida cotidiana nos pone permanentemente en situación de tomar decisiones, siempre tenemos que elegir entre una serie de cosas que nos interesan, lo cual implica que en cada elección debamos dejar de lado otras cosas. La toma de decisiones simplemente es el acto de elegir entre alternativas posibles sobre las cuales existe incertidumbre. Lo importante es poder evaluar las consecuencias de esa elección y escoger lo que sea mejor, o dicho de otro modo, estamos ante el conflicto entre lo que debemos hacer, lo que queremos y lo que es más conveniente.

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