Académicos por el mundo

El caso de María Cecilia Tonón, pasó de ser un sueño de superación profesional a una pesadilla que nunca imaginó vivir.



El programa de movilidad de estudiantes, profesores e investigadores argentinos por el mundo del Ministerio de Educación nacional fue motivo de seminarios y debates con especialistas internacionales en los últimos años, con la meta de alcanzar acuerdos comunes de libre circulación de personas y reconocimiento automático de títulos.

En eso estaba la secretaría de Políticas Universitarias nacional, que conduce el platense Alberto Dibbern, a través de acuerdos con universidades y países, entre ellos el Programa de Movilidad Docente a Madrid, del Colegio Mayor Argentino, creado hace 40 años en España por la cartera educativa argentina, hasta que se conoció un hecho inédito.

Hasta hace pocos meses, artistas, escritores, científicos y docentes con trabajos o metas de difundir la cultura o los conocimientos de nuestro país en el exterior que accedían a becas de corta estadía, podían ingresar sin mayores trabas ni grandes requisitos a Europa, y específicamente a España.

A excepción de la carta de presentación del gobierno argentino y, más adelante una invitación de un residente español, no se requerían mayores “pruebas” de inocencia, respecto a posibles búsquedas laborales, de vivienda o de residencia.

El director de la Casa Mayor Argentina, el economista y doctor en Filosofía y Letras Horacio Fazio, que depende del ministerio de Educación nacional puso en la mesa un hecho “aberrante”, que según dijo “jamás se vivió en 40 años”.

María Cecilia Tonón, una profesora de una universidad nacional argentina, fue sacada de la fila del aeropuerto -arbitrariamente como hace la elección la policía local- confinada a un subsuelo durante cuatro horas y “despachada” (según dichos de los agentes) ese mismo día a Buenos Aires.

Nada pudo pesar la carta del Colegio Mayor que consignaba su condición de becada por dos meses, y una invitación de un ilustre catedrático de la principal universidad madrileña, para participar de una breve pasantía para el estudio de la Historia Contemporánea.

En esa situación hasta ella confesó que era “mejor ocultar el embarazo de tres meses”, que luego perdió, porque podía jugarle en contra.

“No son ciertas las afirmaciones de que Tonón incumplía los requisitos para ingresar a España”, aseguró Fazio, en respuesta a un “vocero” del consulado.

El ex subsecretario de Políticas Universitarias de la gestión de Daniel Filmus subrayó que arribó al Colegio una profesora de la Universidad Nacional de Catamarca quien le aseguró “que en el Consulado de España en Córdoba le dijeron que no requería visa por un viaje académico por menos de 90 días”.

“Es más, dado los acontecimientos, esta docente le insistió por la visa y la empleada del consulado español se molestó visiblemente por un pedido que según ella no correspondía”.

En el marco de las contradictorias aseveraciones que esgrimen en España, dijo que “ninguno de los profesores o investigadores ya arribados (algunos ya han regresado a Argentina) al Colegio Mayor Argentino de Madrid en el marco del Programa de Movilidad Docente a Madrid trajo una visa.

La difusión del suceso disparó nuevos casos, de otras personas con viajes personales demoradas y deportadas.

Pero en el caso de un académico, con un viaje costeado por un gobierno, con pasaje y estadía de ida y vuelta y con constancia de que va a continuar una breve formación educativa, las expectativas de una sólida respuesta a la impunidad de la situación son mayores.

El pánico de la profesora rosarina se hizo sentir en todos lados, universidades, medios de comunicación, organismos públicos, fuerzas de seguridad y Estados.

La expectativa es que en adelante lo que significaba un premio a la superación profesional y capacitación educativa, no termine en una pesadilla.

DYN


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