Aerolíneas Argentinas y la hipérbole

Los consumidores, o sea los clientes, que vuelan en Aerolíneas Argentinas están por cierto acostumbrados a todo tipo de sorpresas. Buenas y malas. Buenas, en materia de aeronaves, modernas y agradables. Malas, en lo que a puntualidad y al “servicio a bordo” se trata. Y con frecuencia peores en lo que a mantener escrupulosamente las promesas se trata. Volar en esa empresa aérea es una oportunidad para observar cosas con frecuencia pertenecientes a la categoría de las insólitas. Por ejemplo, en un viaje reciente un compañero de trabajo me acercó la tapa de la “cajita” que se distribuye a la manera de almuerzo en los vuelos de cabotaje. Y su contenido. Al abrir la cajita aparece una pomposa leyenda: “Pensé estas originales recetas para que disfrutes plenamente tu viaje. Junto al gran equipo de Aerolíneas Argentinas y productores de alimentos de excelencia las elaboramos diariamente utilizando lo mejor de nuestra tierra”. El hiperbólico mensaje comercial lleva la firma de un tal “Martiniano”, sin apellido. Cualquiera que lea rápidamente esa pomposa descripción espera naturalmente encontrar en el interior de la cajita por lo menos algo novedoso y apetitoso. Pero no es así. Allí se topa sólo con un popular “pebete” de pollo, presentado en un envoltorio transparente, sin descripción de procedencia, ni fecha de elaboración ni de vencimiento. A lo que se suman una bolsita de papel conteniendo apenas 25 gramos de maní elaborado por “Don Héctor SA”, una empresa de Oncativo, Córdoba, también sin fecha de elaboración ni de vencimiento. Y finalmente un pedacito de “minitorta” de coco, con fecha de vencimiento, elaborada por “Don Totto SA”, una empresa de la Capital. A lo que se suma un caramelito de menta. Queda visto que no hay nada de “original” en esas presuntas “recetas”. Conforman apenas lo que algunos llaman: un discreto “tentempié”. Por esto lo de la hipérbole. Esto es lo del aumento excesivo (exagerado) de lo que se describe. Lo que no siempre ayuda comercialmente. Ni luce demasiado bien. Casi lo que habría que decir, en cambio, es: “Abra esta cajita que contiene su refrigerio (‘morfi’) de mediodía”. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

Gustavo Chopitea (*)


Los consumidores, o sea los clientes, que vuelan en Aerolíneas Argentinas están por cierto acostumbrados a todo tipo de sorpresas. Buenas y malas. Buenas, en materia de aeronaves, modernas y agradables. Malas, en lo que a puntualidad y al “servicio a bordo” se trata. Y con frecuencia peores en lo que a mantener escrupulosamente las promesas se trata. Volar en esa empresa aérea es una oportunidad para observar cosas con frecuencia pertenecientes a la categoría de las insólitas. Por ejemplo, en un viaje reciente un compañero de trabajo me acercó la tapa de la “cajita” que se distribuye a la manera de almuerzo en los vuelos de cabotaje. Y su contenido. Al abrir la cajita aparece una pomposa leyenda: “Pensé estas originales recetas para que disfrutes plenamente tu viaje. Junto al gran equipo de Aerolíneas Argentinas y productores de alimentos de excelencia las elaboramos diariamente utilizando lo mejor de nuestra tierra”. El hiperbólico mensaje comercial lleva la firma de un tal “Martiniano”, sin apellido. Cualquiera que lea rápidamente esa pomposa descripción espera naturalmente encontrar en el interior de la cajita por lo menos algo novedoso y apetitoso. Pero no es así. Allí se topa sólo con un popular “pebete” de pollo, presentado en un envoltorio transparente, sin descripción de procedencia, ni fecha de elaboración ni de vencimiento. A lo que se suman una bolsita de papel conteniendo apenas 25 gramos de maní elaborado por “Don Héctor SA”, una empresa de Oncativo, Córdoba, también sin fecha de elaboración ni de vencimiento. Y finalmente un pedacito de “minitorta” de coco, con fecha de vencimiento, elaborada por “Don Totto SA”, una empresa de la Capital. A lo que se suma un caramelito de menta. Queda visto que no hay nada de “original” en esas presuntas “recetas”. Conforman apenas lo que algunos llaman: un discreto “tentempié”. Por esto lo de la hipérbole. Esto es lo del aumento excesivo (exagerado) de lo que se describe. Lo que no siempre ayuda comercialmente. Ni luce demasiado bien. Casi lo que habría que decir, en cambio, es: “Abra esta cajita que contiene su refrigerio (‘morfi’) de mediodía”. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

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