Alejandro Finzi, más teatro

El dramaturgo presentará hoy a las 19, en la UNC, su nuevo libro “Obra reunida”.

Por Redacción

paula Gingins pgingins@rionegro.com.ar

“Tal vez sea éste el libro más importante de los veintiséis que publiqué hasta hoy en el país y en el exterior”, sintetiza Alejandro Finzi a “Río Negro” para presentar “Obra reunida”, su nuevo libro (edición conjunta de INTeatro y Ediciones con Doble Z: “La mitad de la edición será distribuida gratuitamente entre los grupos teatrales del país”). La presentación formal será hoy, a las 19, en el Salón Azul de la biblioteca de la UNC (Buenos Aires 1400), con entrada libre y gratuita. El autor eligió que lo acompañaran Beatriz Molinari (periodista de “La Voz del Interior” de Córdoba), el profesor Néstor Tkaczek y el actor Luis Giustincich. –¿Cómo se hace una selección de este tipo? –Se trata de la edición de dieciocho de mis obras, sobre alrededor de cuarenta escritas. Algunas con compromisos editoriales, no pudieron ser incluidas. Hay un poco una selección desde el 81 al 2009. –Muchas de estas piezas subieron a escena en diferentes espacios y no sólo dentro del país. ¿Qué siente este autor con “tanta puesta” que, de alguna manera, adoptaron otros? –El texto es un detonante y cada puesta, siempre diferente a otra, es una fuente de aprendizaje e inspiración. –¿Cómo es eso de “desprenderse” del propio texto? –El texto hace su propio camino y es resignificado constantemente en cada puesta. Eso es una maravilla. No hay nunca una puesta igual a otra. Es el milagro y la riqueza del teatro. Por ejemplo, de “Historia del elefante y el fotógrafo” que escribí en Bruselas hace un par de años, se hizo un montaje en París, una puesta en Bucaramanga y ahora en la misma ciudad colombiana se está ensayando una comedia musical infantil. –Recibiste varios premios. ¿Qué significaron para vos? –Bueno, te vienen bien para el calorcito del corazón, para los sueños, para continuar aprendiendo, ¿no? –¿Cómo percibís el vínculo con tu trabajo? ¿Sentís especial afecto por alguna de tus obras? –Uno tiene este oficio y a través de él puede amar, puede crecer, puede conocer. Cada obra es un cacho de vida, un cacho de pesadilla o de ilusión. Uno las quiere a todas, qué se yo… tal vez más a aquellas que tardan en subir a escena. “La piel” es una obra con un componente autobiográfico decisivo. También “Viejos hospitales”: su detonante argumental fueron las esperas que hacía frente a las puertas del hospital de niños de Córdoba, donde Laura, mi mujer, hacía sus estudios de posgrado en medicina. La obra, tal parece, no ha perdido actualidad. La escribí hace treinta años y desde Francia, donde se estrenó, viene recorriendo una largo camino de puestas. –¿Cómo se fue dando la evolución de tus textos? –Los estudiosos dicen que el mío es un teatro poético. Busco, con mi escritura, que el texto se dispare en la escena y también busque un lector. El texto, creo, no tiene por qué tener sólo como interlocutor al actor y al director. Bien puede proponer una búsqueda imaginaria al lector. Y es muy probable que ese texto que se lea tenga experiencias intransferibles a una puesta en escena. –¿Viene otra obra en camino? –Acabo de terminar “Tosco”, sobre Agustín Tosco. Un gran hombre, un gran sindicalista. Me llevó muchos años terminarla.


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