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Amigos de Osvaldo Gross que viven en Picún Leufú elaboran sus propios alimentos

Leonor y Gustavo disfrutan del bien más valioso de nuestras vidas: el tiempo. Sí, justamente por ese estilo es que son los personajes perfectos de la filosofía de Yo Como. Conocelos. Te van a gustar tanto que vas a querer conocerlos ya.



Podría decirse que Gustavo y Leonor tienen alma de granjeros, de esa figura algo idealizada que tenemos de quienes cultivan un estilo de buen vivir sencillo, honesto y tranquilo; más cercano a lo rural que a lo urbano.

Ambos son santafesinos y viven en Picún Leufú desde los años '80, donde formaron una familia. Desarrollaron sus profesiones con pasión en este lugar; Leonor ya está jubilada y Gustavo en tren de serlo muy pronto.

Son buenísimos conversadores -ese arte que pareciera por momentos que tiende a desaparecer- y si hay un buen beber y comer de por medio, llegan a ser encantandores.

Leonor y Gustavo saboreando la cerveza que ellos mismos hacen. Las bandejas con frutos secos esperan ser elaborados por los dueños de casa.

Si elegimos entrar a su casa y compartir su estilo de vida en Yo Como es porque practican en un ciento por ciento una consigna que nos interesa y atrae: buena parte de lo que consumen lo elaboran ellos mismos en casa. Chacinados, panes, tortas, dulces, cerveza, envasados... Nada es para comercializar, solo para comer en casa y compartir con amigos. “Sin soberbia podría asegurar que sería raro que alguien caiga de improviso a casa y no encuentre una cama con sábanas limpias, algo para comer y beber”, entusiasma Leonor.

“En casa no sólo se cocina…viviendo en un pueblo pequeño y carente de muchos servicios y recursos, aplica el dicho popular: “la necesidad hace al hombre industrioso”. Y así ocurrió: fuimos aprendiendo a arreglar, construir, fabricar. Personalmente me gusta tejer, coser, limpiar, escribir. Gustavo se ocupa mucho de las plantas, de la poda, de la pesca. Canta muy bien y ama cantar. Por eso, de vez en vez, nos sorprendemos haciendo un balance de nuestras vidas, entre unos mates, sentados en el patio…y nos decimos: “¡mirá que hacemos cosas…!”. Y a continuación, con orgullo, agregamos: “¡ Y todo lo que uno ahorra viviendo así!”, comenta Leonor a Yo Como.

Oreando los chacinados con total pulcritud. Gustavo trabajó como bromatólogo en el municipio de Picún Leufú, en Neuquén. Esto da total seguridad a la producción casera.

“Creo que ya tenemos tan incorporado todo este modo de vivir, con la cabeza y la mente ocupados siempre, que realmente no nos damos cuenta. Ha sido un proceso de muchos años. A nuestros hijos, que están estudiando fuera de Picún, también les preparamos un poco de todo. Y es así que, inevitablemente, uno siente satisfacción por poder ser útil, por no derrochar, por elegir lo natural y saludable”, agrega.

Gustavo Luder y Leonor Molina son padres de Leandro y Lilu. Leandro estudia música en el IUPA en Roca y Lilu en la UNC, en Neuquén. Leonor llegó a Picún en febrero de 1986 y Gustavo en mayo de 1988. Se casaron en 1989. El primer hijo nació en 1993 y la segunda hija, en 1998.

Gustavo y Leonor son oriundos de Esperanza (Santa Fe); los hijos, neuquinos.

En plena elaboración de chorizos. Hacen de todas las carnes: vacuna, cerdo, conejo, pescado, hongos...

Leonor comenta que recién recibida de Profesora Universitaria de Biología se instaló en Picún Leufú y ejerció la docencia en nivel medio durante casi 30 años. Gustavo, Médico Veterinario, llegó y trabajó como bromatólogo en la Municipalidad local durante muchos años. En la misma institución también se desempeñó en otras áreas y desde 2007, en adscripción a un Centro Profesional de Formación Agropecuaria N°3. Se capacitó en diferentes áreas de elaboración gastronómica y dictó cursos en la localidad y fuera de ella. En ese establecimiento se dictan cursos muy variados e interesantes, dignos de difundir. “Ambos provenimos de familias descendientes de inmigrantes europeos que supieron transmitirnos el gusto de hacer lo propio, conservar tradiciones y ser productivos. Sumado a ese acervo, nuestras profesiones, vinculadas con la biología, nos aportaron conocimientos que empleamos en todo lo que hacemos”, comenta el matrimonio.

Los dos, amantes de la cocina, fueron desarrollando a lo largo de los años especialidades, “demarcando internamente territorios propios”, admiten sin vueltas. Así ,por ejemplo, Gustavo se especializa fundamentalmente en la comida salada (carnes, salsas, aliños, locro, guisos) y Leonor en lo dulce como pastelería y repostería. “Desde chiquita incursioné en la cocina, nunca paré, y luego, ya de grande, cuando tuve a mis hijos, “mirando en televisión y en revistitas”, me animé a la repostería. Nunca pude hacerme el tiempo para viajar a Neuquén a tomar cursos”, dice Leonor.

La panificación, el otro gran fuerte de la cocina de Leonor y Gustavo.

“Pero existen excepciones, que siempre respetamos: yo elaboro todo lo que sean pastas caseras, fondue, wafles, entradas. Gustavo panifica muy bien. Hace unas pizzas, calzones y strombolis increíbles, aunque ese punto, nos gusta a los dos y nos turnamos. En el tema panes hemos hecho una infinidad de panes con distintas técnicas e ingredientes(desde panes de hamburguesas, de lomito, integrales, con frutos secos, pan lactal, para pancho). De vez en cuando, nos atrevemos al hojaldre. Gustavo hace budines ingleses y tortas galesas espectaculares. Yo hago la Torta Alemana de Esperanza, un clásico de nuestra ciudad natal -que Osvaldo Gross también hace-, preparo mesas dulces, he hecho tortas de casamiento, de quince, de bautismo”, detalla Leonor.

Gustavo sigue: “También nos repartimos con los dulces y encurtidos. Juntos preparamos el chucrut casero (fermentado durante dos meses), ahumamos carnes, pescados, quesos, salchichas, frutos y hongos. Ambos somos cerveceros artesanales y desde hace 15 años hacemos en casa la cerveza propia, habiendo llegado a fabricar hasta más de 10 estilos diferentes, algunos con un toque muy particular: membrillo, eucalipto, especias… también hacemos licores caseros. El próximo año, nos capacitaremos en la elaboración de vino, ya que ese curso se dicta en la localidad y ya ha dado muy buenos resultados”. Gustavo este año hizo el de elaboración de espumantes.

Los chacinados también se hacen en esta casa: chorizos frescos (de lo que se le ocurra), morcillas, jamones, bondiolas... “La creatividad, la curiosidad de saber “cómo quedará” nos llevó a fabricar, por ejemplo, chorizos de conejo, de pescado, de pollo, de hongos. Otra cosa que hacemos, es deshidratación de frutas hortalizas. Los tomates deshidratados, luego los ahumamos y los conservamos en vino para cocciones diferentes”, apunta Leonor.

Entre los dulces, nunca falta el de membrillos (con un secreto propio ), de frambuesas, duraznos y damascos. “Todo lo que elaboramos, lo hacemos sin conservantes y al mismo tiempo, le incorporamos un valor agregado que nos permite obtener un producto superior a un precio mucho menor del idéntico en comercios, que además nos da la tranquilidad de saber qué estamos consumiendo”, apunta Leonor.

Algo importante para aclarar exprensa ambos: “todo, absolutamente todo, lo hacemos para consumo propio. No comercializamos nada pero convidamos a amigos e invitados (se ríen). Tenemos organizados los freezers con cuadernos en los que detallamos con fecha y ubicación todo lo que guardamos (en general, materia prima), y así, planificamos con antelación nuestras comidas y vamos descongelando lo necesario cada día”.

Amigo lector, amiga lectora... ¿cómo va a esta altura de la nota? ¿Está salivando? Si ocurre no pasa nada, está todo bien. Es que en este hogar quien no saliva no tiene las papilas gustativas en acción. Tremendo todo. Pero lo más lindo de todo esto, además de probar sus delicias, es que dan ganas de imitarlos: todo natural, orgánico, rico, sano... haciéndolo de a dos (esto revela, deduzco, que es una pareja que se lleva muy bien... acá si no hay onda entre los dos el dulce no sale dulce y la cerveza una porquería).

Alguien llega de imprevisto a la casa de Leonor y Gustavo. Supongamos que sos vos, que es Ud. Pensemos que son las 7 de la tarde pasaditas... La charla está muy bien, los mates del recibimiento también... pero todo da para una picadita. ¿Cómo se imaginan el armado de una picadita al estilo de Leonor y Gustavo?

“Para algo imprevisto como lo estamos pensando nunca falta un queso crema, al que agrego hierbas del patio, o mostaza y hago un dip con el que relleno rápidamente unas tarteletitas, corto un queso, algún salamín, descongelo pancitos saborizados, pongo pickles, aceitunas, unas marineritas caseras con semillas , unas berenjenas en escabeche…Y por supuesto, siempre a resguardo de los golosos, tengo escondidas golosinas caseras como copos crocantes de cereales con chocolate, almendras bañadas en choco, descongelo algún budín. No faltaría ni cerveza ni espumante casero tampoco”, puntualiza Leonor.

Un capítulo muy importante en las vidas de Leonor y Gustavo es la presencia de Osvaldo Gross, “quien hasta el día de hoy, nos motiva, nos desafía, nos enseña, nos califica…(se ríen). Osvaldo es amigo mío desde la infancia. Crecimos en Esperanza, a una cuadra de distancia. Fue compañero de mi hermano mayor en la escuela, pero siempre amigo de la familia, y para mis padres, un hijo entrañable más. Por eso, lo siento como un hermano. A él le debemos muchísimos saberes de todo tipo y mucho afecto, porque es una persona íntegra y valiosa”, confiesa Leonor. Verlos a Osvaldo y Leonor, les aseguro, es ver dos hermanos que se quieren de alma. Uno tan alto y enorme y ella tan chiquita y activa. Uno que parece tan tímida y otra que parece tan extrovertida. Gustavo, hay que decirlo, no queda fuera de esta relación para nada. Osvaldo es el padrino de Lilu.

Leonor y Gustavo tenían que estar en Yo Como. Por lo que fueron leyendo a lo largo de la nota. Encantadores, laburantes, buena gente. Y por ese estilo de vida que cada vez parece tenderse más a adoptar: vivir este paso por este mundo hallando la felicidad en las pequeñas grandes cosas cotidianas.


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