ANALISIS: Soberbia

Por Redacción

Era de esperar. Cristina Kirchner siguió los consejos de su marido y fue a fondo contra la protesta. “No vamos a aceptar presiones”, sentenció la mandataria al inició de su discurso.

Los productores esperaban una señal conciliadora para sentarse a conversar. La ansiedad fue en vano. El Ejecutivo, lejos de escuchar los reclamos, cerró con soberbia las puertas a cualquier tipo de negociación.

Las retenciones están golpeando de lleno en la rentabilidad del sector y, en muchos casos, los números del campo con esta nueva carga impositiva quedan en rojo. Es una realidad. Pero el gobierno se encuentra en una encrucijada: necesita de estas retenciones adicionales para poder sostener la enorme estructura improductiva del gasto, encarar inversiones energéticas y cancelar las obligaciones financieras que vencen este año. Desde el punto de vista económico, el programa comienza a hacer agua por los desequilibrios existentes y la administración central se equivoca buscando salidas con más de lo mismo. Un defecto argentino.

Desde el costado político, dar marcha atrás en una de las pocas decisiones de peso que tomó esta nueva administración, sería -según el gobierno- un golpe para la autoridad presidencial. Lo cierto es que Cristina Kirchner con este tipo de discursos genera una profunda división en la sociedad. La estrategia de enfrentar a los hombres de campo con parte de la ciudadanía-consumidora no tendrá los efectos políticamente deseados. Lo lamentable es ver cómo el gobierno sigue apostando a dividir y no a sumar. Los cacerolazos de anoche comienzan a expresar la preocupación por el camino que sigue la administración central.

No es solamente el campo el que está siendo esquilmado con mayores impuestos por la voracidad fiscal para sostener el gasto político. El impuesto inflacionario, comienza a extenderse sobre toda la sociedad y éste está siendo aportado por todos los argentinos.

(Redacción Central)