«Ángel y demonio»
Cuando somos pequeños nos inculcan la fantasía de un diablo y de los demonios como seres malos, feos y cobijados en el fuego del aterrador infierno. Cuando crecemos, maduramos y desarrollamos nuestro intelecto, nos damos cuenta de la realidad, de que eso sólo existe en la fantasía.
Al realizar el baño de realidad correspondiente, nos damos cuenta de que el diablo, demonio o demonios están aquí, en nuestra terrenal morada, porque demonio es aquel que abusa y mata cruelmente a una niña, cosa que ni siquiera en el reino de los animales, sin capacidad de razonar, ocurre. En el reino animal se mata por hambre o por defensa; nunca por odio incomprensible.
Seguramente quien mató con odio irracional se resguardará en «que no me acuerdo de nada», reafirmando en el fondo su irresponsabilidad personal y social, su total desprecio por la vida del prójimo, argucia con implicancias legales para que algún hábil abogado por algún dinerillo intente hacer creer que «no sabía lo que hacía» y que se lo declare… ¿cómo se dice? ¡Ah!, «inimputable». Todas palabras remanidas, huecas, tratando de justificar lo injustificable pero con una sola realidad: Sofía se fue. Está muerta; fue abusada y cruelmente asesinada.
Al enterarnos de cómo sufrió Sofía nos saltan los bajos instintos de venganza: «pena de muerte», «pena de muerte con sufrimiento», «cortarlo en pedacitos», etcétera, etcétera.
En nuestra indignación, nos ponemos al nivel del inhumano que cometió esta atrocidad, cosa que creo que Sofía en su cabecita, llena de buenas ilusiones, de vida, sólo de buenos sentimientos, no habría querido. Es aquí donde debemos recurrir a lo místico, a nuestras fantasías con forma de castigo divino. Porque la condena, cualquiera sea, como va a ser poca en esta Tierra, deberá ser ejecutada por Dios -si existe- y este individuo deberá irse al mismísimo infierno.
Por eso, desde donde estés, dulce y pequeña Sofía, tratá de iluminarnos para procurar entender lo inentendible, contener nuestra indignación, pensar que estás en un bello lugar, donde te tratan bien y pueden aislarte de los malos sentimientos, del odio irracional… donde sólo exista amor. Ojalá que en ese lugar estés jugando con los ojitos bien abiertos y una sonrisa de oreja a oreja, por siempre feliz.
Te pido perdón por haberte conocido de esta manera, por ser parte de este mundo que permite que suceda este tipo de cosas, a vos, dulce niña, nuestro ángel.
Marcelo Claudio Fracchia
DNI 17.575.066
aramarzap@speedy.com.ar
Zapala
Cuando somos pequeños nos inculcan la fantasía de un diablo y de los demonios como seres malos, feos y cobijados en el fuego del aterrador infierno. Cuando crecemos, maduramos y desarrollamos nuestro intelecto, nos damos cuenta de la realidad, de que eso sólo existe en la fantasía.
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