Aníbal Fernández, el temible vocero oficial

Mientras otros funcionarios le temen a "K", el ministro del Interior no ahorra términos para descalificar a los rivales políticos. La oposición lo acusa de "grosero". Para la polémica.

Por Redacción

BUENOS AIRES(ABA).- «Es una bestia». «Desvaría porque tiene abstinencia alimentaria». «Se hace el banana». «Es un tilingo».

Estos son solo algunos de los calificativos que usa cada vez más Aníbal Fernández, el ministro del Interior, en sus feroces réplicas a los dirigentes de la oposición. Fernández se transformó en el vocero del Gobierno. Su especialidad es contestar las acusaciones al oficialismo, o descalificar a los enemigos casuales o periódicos de la Casa Rosada.

Habla rápido y bien en los medios audiovisuales, y no tiene problemas en utilizar cualquier imagen o metáfora para complementar sus argumentos, por más fuerte que sean. Incluso corriendo el riesgo -¿o sabiendo?- de que sus palabras pueden ofender a sus interlocutores.

Esta última semana trató de «banda de forajido» a los técnicos del INDEC, por ejemplo.

Luego replicó a Mauricio Macri, quien había realizado una medición propia de la canasta de alimentos: lo trató directamente de «burro». Lo dijo a su modo: «Yo siento en el alma que se haya muerto (el escritor español) Juan Ramón Jiménez porque debería haber escrito un hermoso libro que se llama 'Macri y yo', porque es una bestia este tipo las cosas que dice». Fernández se refería a la obra «Platero y yo».

Además de «burro», el ministro suele decir que Macri es un «tilingo». La primera vez que usó ese adjetivo, que según el diccionario significa «insustancial, que dice tonterías», fue durante la campaña electoral del 2005.

Sus agarradas más célebres son con Ricardo López Murphy. Se detestan. Fernández lo tiene de punto desde que Murphy dijo en distintos medios que el ministro, siendo intendente de Quilmes, estuvo varios días prófugo de la Justicia. Fernández lo negó y en el programa periodístico de Mariano Grondona se cruzó fuerte con el ex ministro radical.

«Hay que tener pelotas para hablar en serio» fue su primera reacción. Y luego se despachó con todo: «Habla con voz impostada, poniendo esa cara de banana que se las sabe todas». La pelea con Murphy llevaba meses, y tuvo uno de sus puntos más álgidos cuando Fernández ironizó sobre el partido Recrear, porque descubrió que había obtenido su reconocimiento legal el 29 de abril. «Es el día del animal».

Hace pocos meses, López Murphy denunció que desde el Gobierno enviaban a grupos de piqueteros a sus actos para que le realicen escraches, y responsabilizó al ministro por cualquier acción que pudiera poner en riesgo su seguridad.

Fernández tomó el primer micrófono que encontró a mano y le replicó con un»¡Finiscila con este tema!». López Murphy le suele contestar con el mismo adjetivo: «Es un grosero».

 

«A dieta»

 

El mismo argumento utiliza Elisa Carrió cuando se siente atacada por el ministro. Siempre que puede, Fernández intenta dar a entender que Carrió no está en sus cabales. Sobran ejemplos sobre frases en ese sentido. Alguna vez dijo de ella que «le falla el termostato de la moralidad». E incluso cuestionó la dieta que la hizo bajar 30 kilos: «Padece desvaríos por su abstinencia alimentaria». Fernández se siente cómodo ironizando sobre sus enemigos políticos. Una de sus réplicas a Carrió que más lo divirtió ocurrió el año pasado, cuando la diputada le contestó al presidente Kirchner luego de uno de sus ataques a la oposición. Según el Gobierno, Carrió se confundió con su respuesta porque la filípica de Kirchner no estaba dirigida a ella sino a un organismo económico internacional. Fernández utilizó una curiosa imagen para graficar lo que había ocurrido: «Carrió se subió las medias y la foto era carnet».

El ministro se siente cómodo en su papel de feroz replicador oficial.

En la intimidad suele contar que se aprende libros de memoria, como el Martín Fierro, y que saca de esas obras algunas de las curiosas figuras que utiliza para responder las acusaciones de la oposición.

A «Río Negro» le consta que el ministro leyó y aprendió varios párrafos del libro «El arte de tener razón», del filósofo Arthur Schopenhauer. Es un texto de unas 60 páginas donde el filósofo da consejos y ejemplos para triunfar en los debates. Uno de ellos parece ser el que más le gustó a Fernández: para Schopenhauer resulta efectivo, en medio de una discusión, apartar el objeto del debate y personalizar el ataque en el enemigo. Lo dice así: «Al personalizar se abandona por completo el objeto y uno dirige su ataque a la persona del adversario: uno, pues, se torna insultante, maligno, ofensivo, grosero. Es una apelación de las facultades del intelecto a las del cuerpo, o a la animalidad. Esta regla goza de gran predicamento porque cualquiera puede ejercerla».

NICOLAS WIÑAZKI

(ABA)


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