Apunte sobre un tema de hoy y mañana

Por Carlos Torrengo

Por Redacción

El ex Perez Compac Oscar Vicente estableció comparaciones desde lo económico entre Río Negro y Neuquén, y puso en escena un tema apasionante. (Más información en Suplemento Económico)

Pero desde lo político, ¿qué tienen o no en común hoy estas dos provincias? Hagamos un apunte.

Las dos provincias están gobernadas por bloques de poder instalados transversalmente en la sociedad.

El MPN y la UCR rionegrina serpentean sus sociedades con potencia y con poder, al menos definidas estas características en términos de Max Weber.

O sea, potencia entendida como la «posibilidad concreta de hacer valer dentro de una relación social, aun frente a una oposición, la propia voluntad, cualquiera sea la base de esa voluntad».

Y poder entendido como la «posibilidad de hallar obediencia a una orden que posea determinado contenido».

Este es un rasgo de identificación cuyo rigor resiste incluso las observaciones que se puedan formular desde la historia, desarrollo y experiencias de ambas fuerzas políticas. Así, no resulta aventurado decir que es nulo de opinión en contra que el MPN y la UCR encarnan realidades específicas densamente incrustadas en sus respectivas geografías.

Bloques de sentidos y de prácticas políticas que para el caso del MPN, hacia afuera de la provincia lo proyectan como «el hacedor» de Neuquén.

Y al radicalismo rionegrino como lo único «realizador» que tienen los rionegrinos en política.

El camino mediante el cual el MPN y la UCR se instalaron en los pliegues y repliegues de la sociedad es el del manejo del Estado. Un trayecto que desde lo instrumental, transitaron sazonando utopías, demagogias, clientelismo y realizaciones diferentes, que les sirvieron para reproducir el poder.

Un reproducción segura mientras el Estado argentino no crujió. Compleja a posteriori.

Y en algo también se igualan el MPN y la UCR rionegrina: carencias de oposiciones exigentes.

Sus respectivas burguesías no tienen una tradición de resistencia a las desviaciones e irresponsabilidades tan habituales a lo largo de la historia en el manejo del aparato del Estado. En todo caso, sus intereses han vivido por largo tiempo conjugándose con aquel estilo de ejercer el poder.

Ni siquiera han hecho de la corrupción enquistada en la política, un tema de preocupación permanente.

En Río Negro, un lapso de buen manto de nieve en Bariloche y buen precio de la fruta en sus valles, le garantizan al gobierno de turno coronarias bajo control en su relación con los sectores más dinámicos de la economía provincial.

Y cuando sucede lo inverso, las alternativas de solución para los problemas de los valles pasan más por el gobierno nacional que por el provincial.

Y a poca nieve, la economía barilochense tiene ante sí la perennidad del recurso natural que siempre atrae turistas.

En Neuquén, el rol del aparato del Estado sigue siendo lo suficientemente dinámico. Y convergiendo con la expansión de su industria petrolera, aleja así y al menos hoy, toda posibilidad de que su burguesía se sienta gravemente desguarnecida.

Pero en materia de oposición el MPN y la UCR rionegrina enfrentan desafíos diferentes.

El nivel de conflictividad en Neuquén es cualitativamente superior al existente en Río Negro. La dureza con que se expresa desde el mundo sindical estatal – en la práctica en muchos casos convergiendo con los sectores que el sistema va excluyendo -, se proyectan con un nivel de agresividad y dinámica cuya dialéctica tiene un futuro de imprevisibilidad.

A esto se une la incertidumbre sobre sus futuros que activa a las sociedades de Cutral Co y Plaza Huincul.

En Río Negro, en cambio, el conflicto emergente de la crisis fiscal está amortiguado al menos hoy por la trama de acuerdos forjados entre el gobierno y UPCN. Se forjaron sobre un eje: se recortan salarios pero no se echa gente. Sólo los Judiciales y la Unter se expresan de tanto en tanto en términos de escollos para los radicales en el poder.

Pero si el símil rionegrino de Cutral Co y Huincul puede ser Sierra Grande, no es menos cierto que esta localidad no le plantea al gobierno una política contestataria inquietante.

Y siempre en materia de oposiciones, el MPN y la UCR rionegrina también tienen una coincidencia: Lo más importante, lo más decisivo en materia política en lo que hace a pugnas de poder, les sucede en sus propios frentes internos.

Hacia afuera, desde lo político por ahora sólo el MPN ha tenido esporádicas pérdidas de poder en manos de partidos opositores, que – piruetas tiene la historia -, para gobernar siempre han necesitado del MPN.

Por lo demás, el MPN ha funcionado incluso como una especie de fuerza de cambio en el gobierno.

Las colisiones entre sus liderazgos hicieron que la alternancia de éstos en el gobierno marcasen algunas diferencias en el ejercicio del poder.

Tenues quizá, vistas desde lo general. Pero no tanto desde lo particular. Y esto no es poco a la hora de influir en la dinámica de ese proceso.

Proceso que además se ha sustentado en la renovación de una parte significativa de sus cuadros burocráticos. Y en la instalación de ideas.

Distinta es la situación del radicalismo gobernante en Río Negro. Su cuerpo luce cansado. En 18 años de transición ha consumido energías e imagen.

Su estructura está plagada de políticos de rostros jóvenes pero esmerilados por su dilatado paso por el poder.

Tan esmerilados como su usina de ideas.


Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar
Exit mobile version