Aranguren decide y el MPN arriesga



El MPN ha sido versátil con los movimientos sinuosos de las políticas energéticas del país. La plasticidad hizo que en los 90 sus representantes respaldaran la privatización de YPF y 20 años más tarde, siguiendo más un instinto de supervivencia que razones de convicción, votaran a favor de la expropiación de YPF, que por entonces estaba en manos de Repsol, una empresa española que trabó vínculos bien estrechos con el poder político local.

El partido de gobierno vuelve a enfrentar hoy nuevas reglas de juego en un mercado que recupera un estilo liberal, con desregulación de precios en los surtidores y un definitivo cierre para el llamado “barril criollo” a partir del 1 de enero del año próximo. Ese precio sostén para la industria, que garantiza un valor interno con un piso de 55 dólares hasta fin de año, nació de una decisión política durante el kirchnerismo y sirvió para conocer mejor Vaca Muerta y apuntar el autoabastecimiento energético. De no operar esa cláusula, cuando el precio se movió en la franja de los 40 dólares, no hace tanto tiempo atrás, las inversiones para explorar la roca gigante que tiene atrapado gas y petróleo habrían sido menores o directamente se hubieran frenado.

En rigor, el modelo de adaptación del partido provincial no siempre ha sido el mismo, en el sentido pasivo frente a los hechos. Mucho antes de que todo esto sucediera, al promediar la década del 80, el exgobernador Felipe Sapag se enfrentó con el expresidente Raúl Alfonsín cuando se construía el Neuba II, un gasoducto troncal, y disparó la consigna “No al caño”, un lema que muchos hicieron suyo con difusión intensiva del mensaje, al que se podía leer hasta en los parabrisas de los automóviles.

Neuquén aspiraba entonces a una industrialización en origen de parte del gas despachado a Buenos Aires, mediante el desarrollo de un polo petroquímico que agregara valor al producto. Aquella era una mirada estratégica de un MPN que alimentaba la idea de salir del rol de provincia exclusivamente proveedora del recurso, algo que finalmente no sucedió ya que sin decisión política nacional y por fuerza del mercado quedó relegada a la función extractiva, sin adquirir categoría industrial.

El mercado ahora lo piensa un ministro que fue CEO de Shell. En la semana que transcurrió, el responsable de la cartera de Energía, Juan José Aranguren, marcó la dirección de la nueva política para los hidrocarburos y Omar Gutiérrez se alineó sin demasiados reparos.

En esta nueva etapa, Neuquén pone en juego ingresos, inversión y puestos de trabajo bien remunerados. El desmantelamiento de YPF durante el menemismo dejó secuelas sociales, políticas y económicas muy fuertes en las ciudades petroleras de la provincia. Cutral Co y Plaza Huincul, cuna de la industria del rubro en la región, tuvo dos puebladas y el MPN perdió, en Cutral Co, todas las elecciones municipales desde mediados de los 90 hasta la fecha.

Habría que plantearse cómo funcionaría Neuquén otra vez con un valor de barril del crudo por el piso, como ya sucedió unas dos décadas atrás; o con el país importando grandes volúmenes de gas y petróleo porque la variable precio es la que se impone sobre las restantes. Si el resultado de la nueva política fuera a la inversa, con resultados positivos, no generaría controversia, porque se supone que potenciaría las inversiones y multiplicará el trabajo y los ingresos. Lo que la provincia debería ponderar es cuánto hay en juego en la hipótesis primera.

Es posible que un gobernador confiable para el macrismo como Gutiérrez haya sido informado o consultado previamente al anuncio que hizo Aranguren en la Oil and Gas en Buenos Aires. Pero debería contemplar que los 80 millones de pesos que se reconocen como pérdida o ganancia en ingresos de regalías al año por cada dólar que suba o baje el petróleo representan una porción reducida de todo lo que está en juego con las medidas anunciadas.

El partido de gobierno vuelve a enfrentar nuevas reglas de juego en un mercado que recupera un estilo liberal, con desregulaciones.

Neuquén supo tener una mirada estratégica que alimentaba la idea de abandonar el rol de provincia exclusivamente proveedora del recurso.

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El partido de gobierno vuelve a enfrentar nuevas reglas de juego en un mercado que recupera un estilo liberal, con desregulaciones.
Neuquén supo tener una mirada estratégica que alimentaba la idea de abandonar el rol de provincia exclusivamente proveedora del recurso.

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