Artesano del vidrio

Redacción

Por Redacción

Valerio Svampa (68) nació en Italia y llegó a Allen con su familia cuando era un niño. Hace exactamente 30 años decidió dedicarse a un oficio que lleva varios siglos de historia y que aún conserva la minuciosidad artesanal: el de vidriero. Inauguró la vidriería con su cuñado, quien luego se dedicaría a otro oficio. Con una cuota interesante de coraje, entusiasmo y mucha decisión, se aferró al cortado y fue aprendiendo los secretos del cortador esa pequeña herramienta que es algo así como la “prolongación” de la mano del vidriero. En el local de la calle Velasco y sobre una mesa alfombrada, Valerio sigue trabajando con todo tipo de cristales, de distintos espesores y tonalidades. El oficio con el que se sigue ganando la vida no es algo fácil. Más allá de la precisión artesanal que se requiere para desarrollarlo, implica en cada corte una tarea de alto riesgo. El hijo de Valerio también aprendió el oficio y siguió sus pasos. El respeto por el trabajo y la confianza que ha logrado en sus clientes, son los pilares de “Valerio Vidrios”. “En Allen las políticas de gobierno nos tienen olvidados, yo quiero lo mejor para nuestro pueblo. La mezquindad de los gobernantes siempre los hizo pensar en Cipolletti, Roca o Bariloche y no hubo interés en darle una mejor calidad de vida a otras regiones o ciudades. Veo a Allen postergada en cuanto a los accesos y su infraestructura. Me duele ver que mi ciudad, a la que amo, se vaya deteriorando y perdiendo la historia. Han desaparecido grandes empresas de las que no quedaron vestigios. Hemos perdido el rumbo que nos marcaron los pioneros que vinieron a hacer patria. Cuando yo llegue acá, con tres años y medio, este era uno de los pueblos más pujantes del Valle. Igual amo a Allen porque es una ciudad en la que todavía se ve la amistad, la familia y no perdimos la identidad. Me gustaría que se mejoren los ingresos que se construyan viviendas, que se defendamos nuestros ejidos colindantes y las regalías por los hidrocarburos”.


Valerio Svampa (68) nació en Italia y llegó a Allen con su familia cuando era un niño. Hace exactamente 30 años decidió dedicarse a un oficio que lleva varios siglos de historia y que aún conserva la minuciosidad artesanal: el de vidriero. Inauguró la vidriería con su cuñado, quien luego se dedicaría a otro oficio. Con una cuota interesante de coraje, entusiasmo y mucha decisión, se aferró al cortado y fue aprendiendo los secretos del cortador esa pequeña herramienta que es algo así como la “prolongación” de la mano del vidriero. En el local de la calle Velasco y sobre una mesa alfombrada, Valerio sigue trabajando con todo tipo de cristales, de distintos espesores y tonalidades. El oficio con el que se sigue ganando la vida no es algo fácil. Más allá de la precisión artesanal que se requiere para desarrollarlo, implica en cada corte una tarea de alto riesgo. El hijo de Valerio también aprendió el oficio y siguió sus pasos. El respeto por el trabajo y la confianza que ha logrado en sus clientes, son los pilares de “Valerio Vidrios”. “En Allen las políticas de gobierno nos tienen olvidados, yo quiero lo mejor para nuestro pueblo. La mezquindad de los gobernantes siempre los hizo pensar en Cipolletti, Roca o Bariloche y no hubo interés en darle una mejor calidad de vida a otras regiones o ciudades. Veo a Allen postergada en cuanto a los accesos y su infraestructura. Me duele ver que mi ciudad, a la que amo, se vaya deteriorando y perdiendo la historia. Han desaparecido grandes empresas de las que no quedaron vestigios. Hemos perdido el rumbo que nos marcaron los pioneros que vinieron a hacer patria. Cuando yo llegue acá, con tres años y medio, este era uno de los pueblos más pujantes del Valle. Igual amo a Allen porque es una ciudad en la que todavía se ve la amistad, la familia y no perdimos la identidad. Me gustaría que se mejoren los ingresos que se construyan viviendas, que se defendamos nuestros ejidos colindantes y las regalías por los hidrocarburos”.

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