Automóviles, en la vida y en la literatura





El automóvil, auto, nave, carro, coche es sin dudas uno de los inventos que cambió por completo nuestra vida en el siglo que se fue y en el actual. Pensar la cotidianeidad sin esta caja metálica es hoy imposible. Toda nuestra percepción de la realidad, especialmente el espacio y el tiempo, ha sido modificada para siempre; y esa percepción nos pondría una gran barrera para entendernos, en un hipotético diálogo, con nuestros retatarabuelos del siglo XIX.
Ya desde los inicios de la era del automóvil, este estuvo presente en la literatura. Una de sus primeras apariciones se da en el movimiento de vanguardia llamado “Futurismo”, fundado por el poeta italiano Marinetti (1876-1944). Rescatamos el poema “La canción del automóvil” que celebra su llegada y entre sus versos dice: “¡Dios vehemente de una raza de acero,/ automóvil ebrio de espacio,/ que piafas de angustia, con el freno en los dientes estridentes!/ ¡Oh formidable monstruo japonés de ojos de fragua,/ nutrido de llamas y aceites minerales,/ hambriento de horizontes y presas siderales/ tu corazón se expande en su taf-taf diabólico/ y tus recios pneumáticos se hinchen para las danzas/ que bailen por las blancas carreteras del mundo”.
El poeta Juan López (1962) publicó un poema en la sección de avisos clasificados del diario “Los Andes” que fue todo un acontecimiento, y que muestra cómo los contextos, los soportes cambian nuestra manera de leer. Se explicita en el texto una relación sentimental muy fuerte con el auto. Te dejo un fragmento: “Vendo rambler rural porque me mudé y no entra en el garaje. No quiero ver cómo la intemperie termina de arruinarla. Vendo rambler como si vendiera parte de mi cuerpo de mi vida. […] No puedo imaginar cuánto puede valer, ni quiero saber quién podrá pagar, quién se la va a llevar pero la vendo porque ya dije que no entra en el garaje y no quiero ver cómo la intemperie termina de arruinarla. Respiro hondo. Escucho ofertas”.
El coche, objeto habitual de nuestro vivir, está atravesado—no podía ser de otra manera—por todas nuestras experiencias y emociones. Habrá más.


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