Avellanos, una alternativa de diversificación en Alto Valle
Sus características productivas singulares y una demanda insatisfecha hacen que este cultivo sea una opción potencial para el desarrollo productivo. El cultivo se concentra hoy en el Valle Inferior de Río Negro con más de 600 hectáreas.
Por INTA Valle Inferior y Alto Valle

Dentro de las especies del grupo de los frutos secos, el nogal y el almendro registraron mayor expansión en su superficie cultivada en los últimos años en la región. En algunos casos, este desarrollo fue traccionado por la tendencia del consumidor hacia las dietas saludables, por iniciativas del sector privado hacia opciones diferentes a las producciones locales tradicionales, y por programas de desarrollo específicos como el Clúster de Frutos Secos de la Norpatagonia. Sin embargo, en este contexto se impulsaron contados emprendimientos para la producción de avellanas en Alto Valle y Valle Medio y su cultivo se concentró principalmente en el Valle Inferior del Río Negro en más de 600 hectáreas.
En términos comparativos con la fruticultura de pepita y carozo, el cultivo del avellano presenta una serie de aspectos de interés para Alto Valle. Entre sus ventajas se destaca la posibilidad de realizar una multiplicación agámica que permite prescindir del uso de portainjertos –aunque en otros países son utilizados– y no requiere colmenas para polinización. A su vez, las densidades de plantación son significativamente menores –en promedio de 500 plantas/ha– y su conducción puede realizarse sin estructuras de apoyo.
Con respecto a las tareas asociadas al manejo del cultivo son más simples en cuanto a poda y no requiere raleo de frutos. Es una producción menos intensiva en mano de obra, y la demanda aún es mayor que la oferta, lo que define precios de venta atractivos para el productor.
Demanda insatisfecha, menor intensidad de uso de capital y mano de obra, buenos precios y relativa simplicidad de manejo, las ventajas del avellano.
El riesgo de daño por granizo es menor dado que su producción no exige el carácter cosmético propio de manzanas y peras. Asimismo, existe el riesgo de daños por heladas primaverales, aunque se presenta en menor medida.
La incidencia de plagas y enfermedades es considerablemente menor. Sus frutos son menos perecederos, lo que permite almacenar el fruto hasta dos años si las condiciones son adecuadas.
Por otra parte, hay una serie de aspectos que pueden resultar condicionantes y que ameritan ser tenidos en cuenta en la producción de avellanas. El mercado para este fruto no tiene el nivel de desarrollo de las almendras y nueces que están más asociados con el consumo en fresco, sino que su uso está principalmente vinculado con la industria chocolotera y la elaboración de helados y panificados.
Las plantas tienen una baja capacidad de regulación estomática, lo que provoca que, frente a situaciones de estrés por elevadas temperaturas, fuertes vientos y eventuales déficits hídricos, rápidamente evidencien síntomas de deshidratación que limiten su desarrollo vegetativo, calidad y rendimientos. Frente a este escenario, es recomendable contar con cortinas adecuadas y una buena gestión del agua de riego.
Por otro lado, es importante implementar métodos de lucha contra las heladas tardías que suelen presentarse durante la brotación en agosto y septiembre. Asimismo, el cultivo tiende a emitir rebrotes, lo que exige un control regular por medios químicos o manuales.
Su biología floral y fenología es tan compleja como singular, dado que la floración y polinización ocurren en invierno, la brotación y fecundación de flores en primavera, los frutos se desarrollan en los meses estivales y se cosechan a fin de verano y principios de otoño.
En el plano económico, la inversión para la plantación se extiende por cuatro años, ya que inicia la producción comercial a partir del quinto año. El monto total de la misma alcanza los $486.000/ha distribuidos en los primeros cuatro años. Para una producción de 2.200 kilos/ha el costo directo de producción es de $142,00/kg, considerando un precio de venta de $341,80/kg (U$S 3,47/kg), y el margen es de $440.000/ha.
Frente a una demanda insatisfecha, menor intensidad de uso de capital y mano de obra, buenos precios y relativa simplicidad de manejo frente a la fruticultura tradicional, el avellano puede resultar una opción válida tanto para productores locales de pepita que estén ensayando estrategias de diversificación en sus establecimientos, como para eventuales inversores o pequeños productores que busquen mejorar la composición de su ingreso familiar.
Datos
- $440.000
- La rentabilidad estimada por hectárea en una inversión que comienza a ser redituable al quinto año de producción.
- 500
- Las plantas por hectárea que caracterizan el cultivo de los avellanos.
Por INTA Valle Inferior y Alto Valle
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