Babasónicos sumergió a todos en un trance eterno

La locura de la banda platense se vivió como nunca el domingo por la noche en Cipolletti. Presentaron algunos temas de "Infame" y dejaron a su público en llamas con un show arrollador.

CIPOLLETTI.- Todos están sumidos en un pavoroso trance. Los cuerpos viborean, se distorsionan y enloquecen. La culpa es de seis tipos que se entregan al espíritu lúdico y farsesco, que se cocinan en una verdadera hoguera de vanidades. Una feroz ráfaga rockera desciende sobre el llano, y el delirio se torna perpetuo, sanguíneo, arrollador. Los culpables son los Babasónicos, simplemente ellos.

El cantante Adrián Dargelos y el segunda guitarra Diego «Uma» Rodríguez se visten de maestros de ceremonia, invitando a participar de una fiesta de mentes desequilibradas, un juego de seducción incodificable para los que no son fans de la banda y están allí por esas cosas del destino. El espigado vocalista se sumerge en ese universo lúdico, y realmente se cree el personaje que interpreta.

El caos se originó el domingo por la noche en la pista central del boliche cipoleño Kimika. Impactó contra cientos de cerebros que se entregaron y debilitaron ante la devoción babasónica, deseosos de habitar por unos momentos esa selva lujuriosa y decadente, en la que gobierna un sexteto de chacales que se mueven entre las luces y las sombras, que juegan a ser estrellas de rock. Algo que les sale bien, realmente bien.

Dargelos tiene a todos a su merced. Su cuerpo pierde uniformidad. Los movimientos grotescos que dibuja en el aire sacuden lo convencional. El violero Mariano Roger descarga su punzante swing, mientras «Uma» -con look capilar al estilo Rasputín- pierde la línea y le disputa al cantante las máximas ovaciones. A esta altura suena el tremendo hit «Los calientes», y el hombre que maneja las luces parece un pulpo mecánico que no da a basto.

«Irresponsables» -tema del nuevo disco «Infame»- baja con velocidad y mucha distorsión, «Desfachatado» levanta los grados del lugar hasta un punto casi insoportable y sobre el llano, los muchachos de peinados raros, vestimenta under y zapatillas de lona sienten cómo ese demonio rockero reina en su humanidad, ávido de locura y desenfreno.

«El loco» regala uno de los momentos más sugerentes de la noche. «Uma» toma la percusión, el baterista Diego «Panza» Castellano baja po un instante las revoluciones y extrañamente la compostura le gana la pulseada a Dargelos durante unos minutos. Sólo por unos minutos. Nuevamente todos inmersos en el ritmo enérgico y en el guión oscuro y seductor, con «Soy rock» abriendo tremendos huecos en la cordura.

La lírica oscura y los punteos distorsionados de «Once» nos teletransportan hacia la plaza Miserere, mientras el vocalista brama pidiendo «trae a casa mi rock & roll». «Fizz» le grita al submundo del rock y halla el boliche envuelto en llamas, mientras el diablo mira deseoso y sonriente desde el escenario. Dargelos clava las rodillas en el suelo y le canta a todos «Deléctrico», con la complicidad del vocalista de Victoria Mil, la banda soporte junto a L. Camorra.

«Malón» produce una catarsis suprema, y «Adversario» sacude con el escenario al rojo vivo, y el showman «Uma» moviendo cada centímetro de su cuerpo al estilo robótico.

Llegan el bolero eléctrico «Rubí», y de nuevo surge de la nada el disco Infame con la explosión y el trance de «Sin mi diablo». La dinámica que reina en el lugar se torna insufrible y cansadora. Todos sienten en carne propia el esfuerzo.

Y los «infames» Babasónicos deciden abandonar el lugar, dejando a todos sumidos en un trance casi incomprensible.

Sebastián Busader


CIPOLLETTI.- Todos están sumidos en un pavoroso trance. Los cuerpos viborean, se distorsionan y enloquecen. La culpa es de seis tipos que se entregan al espíritu lúdico y farsesco, que se cocinan en una verdadera hoguera de vanidades. Una feroz ráfaga rockera desciende sobre el llano, y el delirio se torna perpetuo, sanguíneo, arrollador. Los culpables son los Babasónicos, simplemente ellos.

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