Bases para el mundo de Alberto (y de CFK)
Es difícil de interpretar qué quiso decir Fernández cuando planteó que “no tiene sentido tener petróleo cuando para sacarlo tengo que dejar que vengan multinacionales a llevárselo”.
En mayo de 2003, Fidel Castro visitó Argentina para la asunción de Néstor Kirchner como presidente. Un equipo de cuatro periodistas lo entrevistó para uno de los principales diarios nacionales. Castro los recibió con su encantamiento habitual y todos se sentaron alrededor de una mesa redonda, algo pequeña para tanta gente. Fue el líder cubano el que rompió el hielo: “A ver, ¿quién de ustedes es el jefe?”.
Con menos incorrección que Castro, el mundo empieza a preguntarse algo parecido sobre la relación Alberto Fernández-Cristina Kirchner. No es una incógnita fácil de resolver para quienes siguen la política argentina a la distancia. Ni siquiera es la única que se plantea en torno a los equilibrios internos del Frente de Todos.
Las masivas movilizaciones de esta semana volvieron a sembrar dudas acerca de la estabilidad de ese espacio heterogéneo que vuelve a estar en el umbral del poder en la Argentina. Las marchas sumaron todo tipo de reclamos y advertencias: desde la declaración de la emergencia alimentaria y la entrega de unos 200.000 nuevos planes sociales hasta el repudio al gobierno del peronista Mario Arcioni por la agresión a un grupo de maestros en Chubut (las propuestas de Juan Grabois merecen un estudio que excede este espacio). Fue un muestrario de cómo podrían verse las cosas en el futuro que probablemente aguarda a los Fernández. También ha sido en una respuesta rápida a por qué le ha costado tanto al peronismo llegar a esta unidad: más allá de un eventual éxito electoral, no una hay un instructivo para rearmar los pedazos en lo que se había roto el movimiento.
Estos han sido al mismo tiempo los días de mayor y más eficaz colaboración entre Fernández y Macri. Han pasado de practicar un juego de suma cero a los juegos de cooperación, en los que se gana o pierde en conjunto. La distancia que tomó el candidato opositor con su viaje a Madrid contribuyó.
En España habló además de una “persecución” a Cristina Kirchner. Pareció una garantía a la conmovedora promesa acerca de que con ella no se va a pelear nunca más.
Fernández no hizo ninguna referencia pública durante su visita europea a las medidas que anunció el gobierno para restringir la compra de dólares. El acierto de las medidas y el silencio opositor hicieron retroceder 6,5% al dólar en la semana, con cuatro días de estabilidad.
A la par se instalaron canales de diálogo en todos los niveles. A la del presidente Macri con Fernández se sumó una línea entre el ministro Rogelio Frigerio y el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, con Sergio Massa. También se reactivaron los contactos entre bloques en el Congreso. No parece sin embargo que vaya a prosperar allí el proyecto de reperfilamiento de la deuda con legislación local. No al menos hasta después del 10 de diciembre. El gobierno tampoco se veía inclinado el viernes por un nuevo decreto, como el que reprogramó la deuda de corto plazo.
Como Walt Whitman, Alberto Fernández también puede decir que contiene multitudes. Su exposición ante un auditorio de simpatizantes (kirchneristas y de Juntos Podemos, la izquierda local) en el Congreso de los diputados de España mostró algo de lo que se propone.
Fernández dijo que honrará los compromisos con el mundo, pero no a costa del pueblo, con lo que se pareció a Kirchner, y advirtió que el acercamiento a EE. UU. de la última etapa “nos ha hecho retroceder mucho”, con lo que se pareció ahora a Cristina. Es difícil de interpretar qué quiso decir cuando planteó que “no tiene sentido tener petróleo cuando para sacarlo tengo que dejar que vengan multinacionales a llevárselo”.
Un dilema que ya había superado Arturo Frondizi en 1958, hace 60 años. Fernández ayer dijo que fue malinterpretado. Pero aquella frase generó preocupación en el sector, en el gobierno nacional y en el de Neuquén.
¿Bases para el gobierno de Alberto? No debería pasarse por alto su caracterización acerca de la calidad del Estado de Derecho en la Argentina y América latina. “Lo que vivió Cristina ha sido una persecución sistemática, un sistema que construyó teorías jurídicas para favorecer su persecución y procesamiento”. Fue una denuncia expresada en el exterior. Pareció una garantía a la conmovedora promesa acerca de que con ella no se va a pelear nunca más.
Es difícil de interpretar qué quiso decir Fernández cuando planteó que “no tiene sentido tener petróleo cuando para sacarlo tengo que dejar que vengan multinacionales a llevárselo”.
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