Boca volvió a ser mundial
El equipo de Bianchi llegó a lo más alto por segunda vez en 4 años.
«Este no es solamente un triunfo de Boca. Es del fútbol argentino», repetía el hombre calvo, con la mirada aguada y el orgullo a punto de estallar. Por tercera vez en cuatro años, Carlos Bianchi y Boca volvieron a participar de un encuentro cumbre, de esos que definen el futuro de los protagonistas. Y por segunda vez, el equipo argentino se adueñó del mundo. Esta vez no fue en Tokio sino en Yokohama, pero sí -como ocurre siempre en la Copa Intercontinental- jugó ante un equipo opulento y rico, plagado de estrellas y favorito: el Milan de Italia, el equipo de Silvio Berlusconi que llegó al encuentro tras derrotar a Juventus en la final de Copa de Campeones.
La definición por penales que consagró a Boca ya forma parte de la mitología del deporte argentino. En ese secuencia, Roberto Abbondanzieri fue la gran figura, atajando los remates de Andrea Pirlo y Alessandro Costacurta. Los tiros convertidos de Rolando Schiavi, Matías Donnet y Raúl Cascini le dieron al equipo de Bianchi el ansiado título.
El partido en sí tuvo ritmo de final, de encuentro jugado como si fuera una partida de ajedrez: ninguno regaló nada.
Sin ser absolutamente dominador, con el empuje de Gatusso, el orden de Pirlo y la movilidad de Kaká, que encontró un vacío entre Cascini y los centrales de Boca, Milan tuvo más la pelota.
Llegó primero Boca: Donnet recibió solo por la derecha tras un centro y sacó una volea que obligó a Dida a enviar la pelota al corner. Tras esa jugada, un cabezazo de Schiavi fue desviado por el arquero brasileño.
Pero el que golpeó primero fue el Milan. Iarley se descuidó con Pirlo y éste habilitó a Tomasson. El danés definió con frialdad y precisión ante el achique de Abbondanzieri.
La sensación de cosa juzgada no llegó a deambular por Yokohama, ya que Boca llegó al empate de inmediato. Desde la izquierda, Clemente Rodríguez y Barros Schelotto urdieron una maniobra que terminó en un centro para Iarley. Dida rechazó a medias, pero el rebote lo encontró a Donnet que definió de zurda y puso el 1-1.
Desde entonces, el partido volvió a jugarse con el cuidado de dos esgrimistas que envainaron sus espadas.
A los 25 del segundo, Tevez ingresó por Barros Schelotto, y Boca se adelantó unos metros. El crack complicó al fondo de Milan, pero los penales eran una fija. Surgieron las manos del 'Pato' y se inició el carnaval. (AR)
En el Morumbí se desató el primer carnaval
El inabordable Morumbí quedó enmudecido. 70 mil brasileños presenciaron una demostración magistral de fútbol del mejor equipo de América y, luego, del mundo. El 3 de julio de 2003 Boca consiguió la Copa Libertadores -por quinta vez- tras vencer 3 a 1 al Santos de Brasil.
La clase magistral del equipo de Bianchi tuvo en Sebastián Battaglia, Carlos Tevez y Marcelo Delgado a las mayores luminarias, dentro de un equipo que en todo su conjunto jugó con la fuerza de los iluminados, convencido de lo que tenía que hacer y concentrado para no apartarse ni un centímetro de esa tarea.
Una enorme jugada elaborada entre Battaglia y Tevez culminó con el gol de este último. Ese tanto fue el que condicionó el resto del encuentro, porque Santos debió salir a buscar el partido pero nunca pudo encontrarlo, y porque Boca se paró con la pose que más les gusta, la que más le conviene: seguro atrás y preparado para golpear de contra.
Si bien Alex consiguió el empate parcial, luego Delgado marcó el segundo y Rolando Schiavi -de penal- anotó el tercero.
En el encuentro de ida, Boca se había impuesto por 2 a 0 con tantos de Delgad . El equipo de Bianchi se había clasificado segundo en su grupo tras derrotar 2 a 0 a Independiente de Medellín, 2 a 1 Colo Colo, 2 a 1 a Barcelona, perder 1 a 0 con Independiente y empatar 2 a 2 con Colo Colo y 2 a 2 con Barcelona.
En octavos de final, cayó 1 a 0 como local ante Paysandú y cuando parecía que se despedía consiguió un magnífico triunfo por 4 a 2 ante el que por entonces era el equipo de Iarley.
En cuartos de final, derrotó 2 a 1 a Cobreloa en Chile y en la Bombonera. Ya con River eliminado, se deshizo en semifinal del verdugo del club de Nuñez, América de Cali, tras derrotarlo 2 a 0 como local y vapulearlo 4 a 0 en Colombia.
Luego llegó la final y el pentacampeonato, el primero de un año inolvidable.
"Este no es solamente un triunfo de Boca. Es del fútbol argentino", repetía el hombre calvo, con la mirada aguada y el orgullo a punto de estallar. Por tercera vez en cuatro años, Carlos Bianchi y Boca volvieron a participar de un encuentro cumbre, de esos que definen el futuro de los protagonistas. Y por segunda vez, el equipo argentino se adueñó del mundo. Esta vez no fue en Tokio sino en Yokohama, pero sí -como ocurre siempre en la Copa Intercontinental- jugó ante un equipo opulento y rico, plagado de estrellas y favorito: el Milan de Italia, el equipo de Silvio Berlusconi que llegó al encuentro tras derrotar a Juventus en la final de Copa de Campeones.
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