Burundi se asoma nuevamente al abismo

Por Redacción

guerra civil

El segundo país más pobre del mundo, emplazado en el medio mismo del Continente Negro, está una vez más al borde de una guerra civil con connotaciones racistas bastante similares a las que derivaron en su momento en el genocidio de los tutsis en la vecina Ruanda y produjeron un legado de horror de un millón de salvajes muertes. Una situación peligrosísima, entonces.

La tensión actual se originó en un aparente intento de fallido “golpe de Estado” militar, “sofocado” fácilmente por el presidente Pierre Nkurunziza. Para muchos, un “show” apenas. Una manipulación. Un engaño para, quizás, tratar de justificar que el presidente actual procure obtener -cuando no- un tercer mandato, pese a que la Constitución de Burundi y los Acuerdos de Paz de Arusha lo prohíben. En las zonas rurales ya hay milicias irregulares que están recorriéndolas, amenazadoramente. Y todo esto ocurre cuando se acerca la fecha de las elecciones, razón por la cual hay voces que sugieren la necesidad de su postergación, por razones elementales de prudencia.

No puede olvidarse que Burundi atravesó una guerra civil trágica, que se extendió desde 1993 al 2000, y generó nada menos que unas 300.000 muertes y las víctimas colaterales consiguientes.

Pero los intentos de perpetuarse en el poder, más allá de las normas, son usuales en África. Y tienen ciertamente algunos cultores también en América Latina.

El próximo episodio triste de este mismo tipo tendrá previsiblemente como escenario el Congo, donde el presidente Kabila, luego de dos mandatos en el poder, está ya haciendo señales peligrosas en esa misma dirección: la de la reelección eterna. El mal no ha enfermado, es cierto, a todo el Continente Negro. Ghana y Mozambique son ejemplos concretos de que la alternancia en el poder es posible, a pesar de las tentaciones de eternizarse que ha todos afectan por igual.

Lo que sucede en Burundi, por el pasado que flota sobre ese pobre país, debe ser seguido de cerca por los organismos regionales y por la comunidad internacional, en general. En juego está la vida de muchos seres humanos, lo que no debe ser ignorado.

Emilio J. Cárdenas

Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

Emilio J. Cárdenas