Cambio de guardia en Washington

Por Andrés Oppenheimer

Por Redacción

Se vienen cambios en el equipo del presidente George W. Bush a cargo de las relaciones con América Latina: el embajador especial de la Casa Blanca para la región, Otto J. Reich -un conservador de línea dura-, dejaría su cargo el mes próximo.

Reich, un cubanoamericano que fue trasladado a la Casa Blanca en el 2002 luego de que los demócratas en el Senado se negaran a confirmarlo en el cargo de jefe de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, le comunicó a la directora del Consejo Nacional de Seguridad, Condoleezza Rice, a comienzos de marzo que planeaba renunciar en junio porque necesitaba ganar más dinero en el sector privado, según me contaron fuentes bien ubicadas del gobierno de Bush.

Cuando lo llamé el viernes para preguntarle sobre la veracidad de la información, Reich no la confirmó ni la negó. Lo único que me dijo fue: «Hay muchas maneras y lugares desde donde uno puede servir al presidente y al país». Mi traducción: «De aquí me largo».

La salida de Reich, que sería anunciada después de la difusión esta semana de un documento con nuevas políticas de la Casa Blanca hacia Cuba, en cuya redacción participó Reich, dejaría al gobierno de Bush sin su «policía malo» en la región. Funcionarios de la Casa Blanca dicen que siempre que hacía falta enviar mensajes de desagrado hacia algún gobierno latinoamericano, las órdenes de la oficina de Bush eran: «Sáquenle el bozal a Otto».

Reich, un ex embajador en Venezuela y uno de los principales defensores del endurecimiento del embargo de Estados Unidos a Cuba, ha sido blanco de fuertes críticas de parte de los demócratas, y de buena parte de la izquierda latinoamericana, desde los días en que encabezaba la Oficina de Diplomacia Pública del Departamento de Estado durante el gobierno de Ronald Reagan.

Durante las audiencias sobre su confirmación como encargado del Departamento de Estado para América Latina en el 2002, el Senador demócrata Christopher Dodd dijo que Reich había ayudado al exiliado cubano acusado de terrorismo Orlando Bosh a escapar a Estados Unidos durante su estadía como embajador en Venezuela. Bosh había estado en prisión en Venezuela en relación con el bombazo que derribó un vuelo de Cubana de Aviación en 1976.

Más recientemente, Reich fue acusado por sus críticos de haber apoyado un virtual golpe de Estado en Venezuela en abril del 2002.

Los defensores de Reich en Washington dicen que gran parte de estas historias surgieron del aparato de desinformación del régimen cubano. Según ellos, el Departamento de Estado investigó todas las alegaciones contra Reich y no encontró nada ilegal.

Los defensores de Reich dicen que las acusaciones sobre su rol en la intentona golpista venezolana surgieron a raíz de un desastroso boletín de prensa de la Casa Blanca que tácitamente apoyaba a los golpistas. Pero el boletín había sido redactado por la oficina de Asuntos Hemisféricos del Consejo Nacional de Seguridad cuando Reich estaba en el Departamento de Estado, y por lo tanto no tuvo que ver con él, afirman.

Los amigos de Reich en el gobierno dicen que fue él quien logró que Bush adoptara la política de negar visas de entrada a Estados Unidos a funcionarios extranjeros acusados de corrupción, y que también fue Reich quien logró prevalecer sobre funcionarios del Tesoro para que Estados Unidos apoyara a Argentina, Brasil y otros países deudores de América Latina en sus respectivas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional.

¿Quién reemplazaría a Reich? Probablemente nadie hasta bien pasadas las elecciones de noviembre y la toma de posesión del próximo gobierno.

El Departamento de Estado no tiene apuro, porque nunca le ha gustado que haya figuras en la Casa Blanca que operen en forma paralela y gocen de cierta independencia.

Sin embargo, lo más probable es que Bush, de ser reelecto, no suprima el cargo, porque a la mayoría de los presidentes latinoamericanos les gusta tener un canal de comunicación directo con la Casa Blanca, cosa de poder evitar la burocracia del Departamento de Estado en casos de urgencia.

No me extrañaría si Bush o el probable candidato demócrata John Kerry -quienquiera gane las elecciones de noviembre- decida llenar el cargo con alguna figura de alto vuelo.

Idealmente, debería ser alguien con gran peso político, que hable español y tenga una línea directa, tanto con la Casa Blanca como con los gobiernos de América Latina. Alguien como el gobernador de la Florida Jeb Bush, en caso de que ganen los republicanos, o el gobernador de Nuevo México Bill Richardson, si ganan los demócratas.

Quizás se pueda convencer a alguien de este perfil si se le ofreciera el cargo con una jerarquía de nivel ministerial, y responsabilidades adicionales con la comunidad hispana de Estados Unidos, cosa de dejarles el campo abierto para una posible candidatura presidencial.

Suena difícil, conociendo el poco interés por América Latina en Washington. Pero las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica están en un peligroso bajón, la democracia en la región está cada vez más amenazada y un regreso a los tiempos de caos e inestabilidad podría convertirse en un serio problema para la seguridad nacional de Estados Unidos. Washington tendría que invertir mucho más capital político en sus relaciones con América Latina y ésta sería una de las muchas oportunidades para enviar una señal en ese sentido.


Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar
Exit mobile version