“Campamento” en su época de oro

LOADA BALMACEDA

Recorrido

Tarde fría. Entre los aromas exquisito del café y penetrante del chocolate surgen los recuerdos con Beba (Elma Gerli de Vidal) y Niní (Nidia Noemí Verdecchia) de aquel “Campamento Río Negro” que después simplemente fue “El Campamento” para finalmente llamarse “Barrio Islas Malvinas”. Pareciera que no sólo negaran la valiosa razón de su origen sino la existencia de ese lugar, ubicado al norte de la estación ferroviaria “Padre Alejandro Stefenelli”. Se trató del asentamiento de una empresa inglesa que realizaba la fecunda obra de extensión del canal grande mientras que simultáneamente trabajaba con las vías del ferrocarril, allá por los años 20. Ese complejo campamento quedó en la historia como quedó su nombre porque hay muchos que aún así lo llaman. Fue creciendo y dotándose paulatinamente de comodidades para sus empleados –algunos de ellos vivían junto a su familia y otros solos–. De esa manera también se favorecieron los habitantes que a ese páramo iban llegando. Instalaron dependencias y oficinas por un lado, viviendas de todo tipo por otro, observándose un estricto orden, prolijidad y limpieza que llamaba la atención a quien lo visitara. Seguíamos con el café y a medida que iban surgiendo recuerdos sus rostros se iban transformando de la alegría al disgusto. En sus palabras habían sensaciones de quejas y reclamos por referencias históricas no reconocidas y por la imposición de un nombre que borra un meritorio pasado, desmorona el sacrificio de aquellas familias laboriosas que soportaron los crudos fríos de invierno en casas de chapas y maderas; castigados por la intemperie y las desventajas del clima patagónico. “Menos mal que pudimos mantener el nombre de “El Campamento” a la escuela”, dicen haciendo alusión a la Escuela Nº 56, pública, nacional, de territorio, hoy provincial, fundada el 20 de julio de 1922 por la cantidad de niños en edad escolar que requerían educación oficial en ese entonces. Beba y Niní son educadoras que ejercieron allí denodadamente su profesión y se jubilaron como directoras. Estas maestras de alma evocan con cariño su trabajo nada fácil, el contacto personalizado con sus alumnos, de quienes conocían los pro y contra de sus condiciones de vida, la relación cordial como también solidaria con padres y vecinos. Ambas, con sus colegas, supieron hacer de ese lugar educativo un núcleo sociocultural. Por su parte, Nelia V. de Laría –hija de Luis Vaccari, quien prestó sus servicios en este lugar–habla de una “época de oro” de “Campamento” y al que volvió después de mucho tiempo desempeñándose como maestra de grado de la escuela Nº 56, donde fue directora en 1951. De aquellos recorridos por el lugar recuerda que “había un taller de carpintería, herrería y un tambo mientras que el carnicero, el panadero y el heladero venían de Roca. Además, íbamos a las quintas a buscar frutas y verduras”. Por allí “hicieron patria”, dicen las tres, maestros como José Adaro, Rosita Padín, Ezlata Padín, Michela I. de Gadano, Meneca Eibar… Los hermanos Taylor, Herrero, Jorge J. Gerli (quien estuvo en la parte contable y como dibujante), Nicanor Fenández y J. Villar, entre otros. A todos quienes afrontaron el comprometido desafío que significó concretar este magnífico proyecto quede mi homenaje expreso en este escueto relato. Relato que pude hacerlo gracias a la colaboración de colegas docentes que supieron interpretar mi espíritu de reivindicación de “El Campamento” del que fuí parte cuando trabajé como maestra de grado en 1960 en esa misma escuela. loadabalmaceda@yahoo.com.ar


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