Luces que no figuran en las pantallas

Javier Genoud
DNI 17.506.130

General Roca

El cajero automático zumbaba como si respirara. Afuera, la noche era un vidrio frío, y adentro, un hombre sostenía un cigarrillo como si fuera lo último que le quedaba encendido. No pedía dinero. Pedía tiempo.
Cada tanto levantaba la vista hacia la pantalla apagada, imaginando que ahí todavía había algo: una película, un partido, una vida que seguía en otro lado.
Pero la imagen nunca volvía. Solo su reflejo, gastado, insistente. Había aprendido a contar estrellas sin mirar el cielo.
Decía que su casa tenía miles, aunque el techo fuera de cartón y viento. En los bolsillos guardaba recuerdos como monedas fuera de circulación: un nombre, una risa, una puerta que alguna vez se abrió.
La gente pasaba. Algunos apuraban el paso. Otros ni siquiera lo veían.
Él, en cambio, los veía a todos. Y a cada uno le inventaba una historia donde nadie dormía en la calle. Esa noche, antes de que el frío se hiciera dueño de todo, aplastó el cigarrillo con cuidado, como quien no quiere hacer ruido al despedirse.
Se recostó contra la pared, cerró los ojos y por un instante, pareció que la televisión volvía a encenderse en su cabeza.
Dicen que hay vidas que se apagan de golpe.
Otras, en cambio, se van quedando sin luz de a poco, como una pantalla vieja…
Y vos… cuando pasás cerca de alguien que está “durmiendo en la calle”, ¿mirás hacia otro lado o te animás a encender algo?


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