Cepo al dólar: primeras cartas sobre la mesa

Primero fue Mauricio Macri y su resonante promesa de eliminar el cepo cambiario el 11 de diciembre, luego relativizada por su economista de cabecera, Carlos Melconian. Ahora le tocó el turno a Miguel Bein, asesor económico de Daniel Scioli. No sólo propuso la eliminación inmediata de las retenciones a las exportaciones industriales y de economías regionales, sino que juzgó irrazonable que el gobierno venda “dólares ahorro” mientras restringe importaciones de insumos, repuestos y maquinarias. En ambos casos terció el titular del Banco Central, Alejandro Vanoli, con una obvia defensa de la política cambiaria oficial, pero bajo el discutible argumento de “asegurar certidumbre” con lo cual sólo contribuyó a darles mayor visibilidad a estos prematuros debates. Cuando faltan más de ocho meses para las elecciones de octubre, son las primeras cartas que se juegan sobre la mesa de la campaña electoral en materia cambiaria. Pero no constituyen más que tanteos y resultan claramente insuficientes hasta que no formen parte de programas económicos consistentes que, por ahora, no van más allá de expresiones de deseos. La realidad, en cambio, pasa hoy por otros andariveles. Por un lado, los presidenciables tratan de bajar línea y ganar votos con anuncios parciales. O bien evitan diagnósticos crudos sobre la herencia a recibir del gobierno de Cristina Kirchner que, por más que sean realistas, suenen desafinados al oído de su clientela electoral. De ahí que la propia ministra de Economía bonaerense, Silvina Batakis, saliera a apoyar el actual manejo cambiario del BCRA, en una implícita desautorización a Bein, Y que luego el presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Gustavo Marangoni, respaldara al economista señalando que propuso fijar prioridades para una gradual apertura del cepo cambiario. Toda esta ambigüedad probablemente se explique en que cada vez son más insistentes las versiones –no desmentidas– de que Scioli aceptaría como compañero de fórmula a Axel Kicillof (además de integrantes de La Cámpora en las listas de legisladores), si eso le permite lograr el apoyo de Cristina Kirchner a su candidatura presidencial por el Frente para la Victoria. Por eso, la consigna de “continuidad con cambios” parece convertirse para el gobernador bonaerense en un juego de equilibrios inestables más que en un eslogan de campaña. Por otro lado, el BCRA no admite la evidente escasez de reservas líquidas. Diariamente informa que las reservas brutas se ubican en 31.500 millones de dólares: Sin embargo, los especialistas estiman que sólo la mitad son de libre disponibilidad (unos 16.000 millones). Esta escasez podría atenuarse transitoriamente de aquí a julio/agosto, durante la “temporada alta” de liquidación de la cosecha récord de soja, que permitiría además flexibilizar el cepo importador para reanimar la actividad económica. Pero no sólo ese ingreso de “soja-dólares” sería inferior en un 20/30% al de 2014 (por la caída de precios internacionales), sino que a partir de septiembre se reeditaría el cuadro de una demanda superior a la oferta que quedará como herencia para el próximo gobierno. Incluso, por más que el Kicillof y Vanoli traten de camuflarla con los controles policiales sobre casa de cambio y las ventas récord de dólares baratos (a $ 10,65) con permiso previo (y retención impositiva de 20%) de la AFIP. En este sentido, Bein fue mucho más lejos que los invariablemente optimistas discursos de Scioli. En un artículo publicado por el diario “La Nación”, bajo el título “Gradualismo con prioridades, la única salida”, estimó en más de 25.000 millones los dólares que a fin de año contabilizará en sus reservas el BCRA, pero que en realidad corresponden a compromisos que, más temprano que tarde, deberá pagar o refinanciar la administración que suceda a CFK para regularizar al sector externo de la economía. Esa cifra se desglosa en 13.000 millones por utilidades retenidas a empresas extranjeras (que propone negociar a cambio de inversiones y/o pagos con bonos); 3.500 millones por pagos pendientes de importaciones ya concretadas; 6.000 millones por los swaps con China (parte de los cuales vencen a principios de 2016 y deberán refinanciarse) y 2.800 millones por los pagos de deuda frenados por el juez Griesa. Es en este contexto que el economista propuso fijar prioridades para administrar las escasas reservas netas del BCRA, colocando en primer lugar a las importaciones de insumos y bienes de capital; en segundo el giro de utilidades a cambio de inversiones privadas y sólo en el tercero las ventas de dólares a particulares. Todo, previa fijación de una tasa de interés que estimule el ahorro en pesos y la decisión de bajar gradualmente la inflación –y las expectativas de devaluación– con una política fiscal y monetaria consistente. En otras palabras, la sugerencia de Bein sólo apunta a evitar que en 2015 el BCRA pierda unos 5000 millones en ventas de “dólar ahorro”, que en lo que va del año ya superan los 1.600 millones y en 2014 sumaron 3.500 millones). Aun así, ese drenaje equivaldría a poco más de un mes de importaciones, pero cobra relevancia por las actuales restricciones externas; sobre todo cuando las exportaciones argentinas vienen en declive por cuarto año consecutivo. Pero el economista nada dice sobre que podría ocurrir –si el BCRA la aceptara ahora– con el mercado paralelo, cuya demanda es alimentada por quienes son autorizados por la AFIP a comprar dólares a $ 10,65 y los revenden a $ 12,70 para hacerse de una diferencia inmediata de 19% si deciden no atesorarlos. De hecho, este sistema fue ideado por Kicillof para descomprimir la presión sobre el dólar paralelo. Desde otro ángulo, el economista Dante Sica, director de la consultora Abeceb, sostiene que en el mercado de cambios la expectativa es que habrá una devaluación en el futuro y una prueba de ello es que, a pesar de la caída en la brecha cambiaria (al 44%), la demanda de dólar ahorro no cede y quien atesora piensa que tendrá una ganancia de capital. Lo mismo ocurre con quienes compraron inmuebles en dólares y se resisten a bajarlos de precio. Nada que ver con la certidumbre que pregona Vanoli. En medio de este debate, la principal señal es que si Scioli fuera presidente y Bein condujera su equipo, la estrategia para desmontar los controles cambiarios será gradualista y con prioridades prefijadas, como lo anticipa el título de su artículo. A priori esta intención marca una diferencia con Macri que hace un mes, cuando prometió públicamente que si fuera electo no habrá más cepo a partir del 11 de diciembre, buscó “primerear” a sus rivales a costa de un exceso de audacia. Y también con Sergio Massa, cuyo equipo habla de un plazo de 100 días para desmontarlo. En todos los casos, este incipiente debate sobre gradualismo o shock implica poner el carro delante de los caballos. El fin del cepo debería ser el resultado de un programa económico integral para bajar la inflación, reducir los crecientes déficits “gemelos” (fiscal y externo), lograr un tipo de cambio competitivo, recuperar la inversión, el empleo privado y generar confianza. Que, además necesitará recuperar el acceso al crédito externo, mientras se resuelve el default parcial de la deuda, y contar con un fuerte respaldo político y legislativo para ser llevado a cabo. No a la inversa. Y nada de eso todavía está a la vista.

Néstor O. Scibona

LA SEMANA ECONÓMICA


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