Cierra una histórica semillería de Roca tras 45 años de vida
Inflación, precios dolarizados y altos alquileres obligaron a dar fin a la semillería “Zara”. A fin de año bajan las persianas.
“Mi familia soportó muchas crisis, pero esta es insostenible. La semillería era un cable a tierra para nosotras pero ya no nos da ni para pagar el alquiler, así que vamos cerrar”.
Con lágrimas en los ojos Elsa Graciela Zara lamenta la decisión que tuvieron que tomar con su hermana Mónica con una histórica semillería que inauguró su padre y su tío hace 45 años.
“Hoy está todo dolarizado. Las semillas son importadas. Medio kilo de semillas de tomate cuestan, sin IVA ni flete, alrededor de $3.500. Las semillas se venden a precio dólar, las masetas son de Argentina pero tienen componentes importados como el vidrio, zinc o decozinc. Eso las encarece mucho y cuesta venderlas porque son caras”, explicó Graciela.
Agregó que a pesar de los altos valores de los productos, ellas han tratado de mantener los precios para no castigar a los clientes de toda una vida.
“No actualizamos los precios para poder vender y no recargar a los que nos eligen, pero esto no da para más”, aseguró la dueña del local.
Las clientas también se lamentan del cierre de un comercio que ha dejado su huella en la ciudad.
“Semillería Grandotto- Zara” era la sociedad entre su padre Aurelio Zara y el hermano de su mamá Delia Grandotto. Aunque la historia comienza desde más atrás. Entre la atención de los clientes, Elsa se toma un tiempo y recuerda parte de los años en que sus abuelos primero y luego sus padres apostaron a un pueblo que fue creciendo rápidamente.
Los abuelos de Graciela, por parte de su madre, eran de Lombardía, norte de italia, y llegaron a Argentina a principios del siglo pasado.
“A comienzos de los ´60 y hasta los ´70, mi abuelo, Armando Grandotto, tenía en Sarmiento casi 9 de julio un restaurant, donde hoy está el edificio del Cable Visión. Se llamaba “La parada del trencito”, porque a esa misma altura, sobre 9 de julio, paraba el tren y los pasajeros pasaban a tonar o comer algo. Era bar, pensión y restaurante. En ese lugar viví hasta los siete años”, cuenta Graciela.
Agrega que don Grandotto también adquirió viñedos en Stefenelli y en Mainqué tenía una chacra con frutales. Luego de una de las tantas crisis económicas y las fuertes heladas que afectaron los frutales, tuvieron que vender.
Por su parte don Aurelio Zara ubicó la semillería en 9 de julio casi Sarmiento y la atendió hasta entrado los años.
“Mi papá trabajó mucho en la semillería entre 1973 y 2013, hasta que falleció en el 2012 a los 92 años. Mi mamá Delia murió a los 91 años, en el 2016. Papá ya estaba casi fundido. Si bien la semillería nunca daba ganancia, nos permitía subsistir en los meses más complicados. Cuando ellos dejaron, yo y mi hermana decidimos continuar con la tradición familiar del comercio, pero llega un momento que no se puede más”, dice Graciela, mientras camina por el local señalando los productos que más han aumentado en los últimos meses.
Hace seis años que la semillería, que ahora tiene el nombre de “Zara, rincón verde”, funciona en Italia 1536, dejando aquel viejo edificio de 9 de julio casi Sarmiento. Tal vez la idea de estar más cerca del centro, en un local más moderno alentó a las hermanas a darle un nuevo empuje al comercio, pero la situación del país, con su inflación galopante, precios dolarizados y altos alquileres les negó ese crecimiento.
En medio de flores de tela, plantas y paquetes de semillas se vislumbran viejos muebles: cajoneras de gruesa madera, estanterías y una antigua balanza de dos platos con sus respectivas pesas. Graciela pesa allí las semillas según el pedido del cliente.
“Nunca quise comprar las digitales. Mi padre las tenía en su local y yo no dejo de usarlas. Seguramente quedará en alguien de la familia”, dice con nostalgia, iniciando la despedida.