Ciro: “No creo en los divismos”

Se presentará mañana en el cierre de la Fiesta de la Manzana.

Por Redacción

Ciro tuvo un gran año con su disco “Espejos”. Fue telonero de Paul McCartney en River Plate.

Integrada por los guitarristas Juan Gigena Ábalos y Juanjo Gaspari, Chuky de Ipola en teclados, el bajista brasileño Broder Bastos y Lulo Isod en batería, la banda de Andrés se formó a mediados del 09, dos meses después de la despedida de Los Piojos en River Plate ante 75.000 personas, y tuvo sus primeros recitales en diciembre de ese año en Rosario y Córdoba.

El año pasado, habiendo ya grabado el CD “Espejos”, vendrían el Orfeo Superdomo de la capital cordobesa, el teatro Ángel Bustelo de Mendoza, la ciudad de San Juan y cinco noches en el Luna Park de Buenos Aires. Como broche de oro, Paul McCartney pidió que fueran teloneros –en set acústico– para sus conciertos del 10 y 11 noviembre en River. En lo poco que va del 2011, ya pasaron por “Epecuén Rock Festival”, y cerraron el Cosquín Rock en el Aeródromo Santa María de Punilla. Mañana, harán lo propio en la Fiesta de la Manzana.

“Antes, hace ya tiempo, / yo te invitaba / a cazar un ciervo. / Después te acompañaba, / a buscar yuyos, / para tu cama. / Antes, en una emboscada, / te protegía, y perdía un ojo, / por una espada. / Después, vos me invitabas, / a ver la luna, la misma luna, / en tu ventana.”

“Antes y después” (pista 1) no es un poema surgido sólo de un raptus creativo. Emerge de un conocimiento del desarrollo de la vida humana desde las cavernas en más, de los diferentes procesos que ha sufrido. “A mí me gusta leer historia, pero también hace un poco referencia a esa sensación que uno tiene cuando conoce a alguien, que en el primer momento parece ser una relación de toda la vida o de vidas anteriores… Hablo de reencarnación y hago referencia a distintos momentos de la historia. Las personas que creen en esas cuestiones, dicen que la gente al morir, reencarna y se mantiene en grupos próximos. En la vida ésta, la que hoy es tu vieja, en otra anterior tuya era tu hijo, y tu hermano, un amigo muy cercano… Yo no he profundizado demasiado en el tema, pero basándome en eso, hice la letra.”

–También habla de la búsqueda eterna del amor…

–Sí, igual que el tema “Vas a bailar” (pista 6), cuando dice “No sos un mueble en un rincón / o sólo un número en un legajo”, que escribí para mis hijos (Katja, Manu y Ale) haciendo –no sé si un legado– un mensaje para ellos. Hablo del valor de saber y de no contentarse con lo que la vida ofrece de buenas a primeras.

–¿Cómo te ha modelado, qué te ha aportado, qué descubrimientos te ha permitido el camino creativo que has elegido?

–Yo voy aprendiendo y tratando de transmitir ideas a través de las canciones, de la música. Primero, veo que las letras –a través del tiempo– se resignifican, y lo que significaban en los momentos iniciales, luego cambió. Recuerdo que una vez en el sur, en Comodoro Rivadavia, conocí a un héroe de Malvinas y le dediqué el tema “Pacífico” (primer corte difusión de “Civilización” de Los Piojos). Cantándolo ahí, con él al costado del escenario, cerraba perfecta la letra con todo lo que antes habíamos estado hablando. Voy descubriendo así esas cosas y también a través de lo que significa para la gente, cómo repercute, lo que me dice, la lectura que hace… Y me sorprendo del modo que situaciones a las que no les daba mucha importancia, impactan en alguien. Yo escribo y hay mucho de irracional en ello. Hago la música pero no termina cuando la edito… Es algo vivo que va y viene. Yo, a través de todo eso, he realizado una especie de terapia muy importante. No sé dónde estaría si no fuera por la música, por poder descargar y gritar y agitar con toda la energía que tiene un show. Por ser alguien para los demás y ver que lo que hago puede ser y servir.

Muchas personas me escriben diciendo que las he ayudado mucho en la vida, a veces hasta en niveles que parecerían exagerados. Me dicen que les salvé la vida o que se conocieron a través de la música de Los Piojos, en recitales. Y gente que se levanta a la mañana y pone mi música porque le da pila. Eso me sorprende pero no me detengo mucho a razonar, porque me parece que es parte de la vida y no es muy analizable. Yo hago lo que me gusta, que me agrada cómo suena y necesito decir. Y después todo lo otro queda para los demás.

En la letra “San Jauretche” (incluida en el disco “Verde paisaje del infierno”, también de Los Piojos), trato de difundir una idea o estimular la curiosidad para que haya pibes buscando en la ideología de (Arturo) Jauretche, interesados en saber, en investigar en la historia. Después, por otra parte, procuro no atarme demasiado a eso. Ahora la política ha retomado su rol, me parece, pero durante el final del gobierno de (Raúl) Alfonsín y los dos de (Carlos) Menem, ocurrió una despolitización y un farandulismo totales. Entonces, sentí la necesidad de transmitir ciertas cosas que no venían de dónde debían llegar. Ciertas guías estaban ausentes.

–¿Y ahora?

–Ahora hay mayor inquietud política, reacción frente a las injusticias, necesidad de expresar otras ideas. Pero, también intento no inmovilizarme como artista, no convertirme en el que baja línea. Lo hago, pero en una dosis –digamos– amigable. No me gustan las bandas que bajan línea todo el tiempo, menos si lo hacen de manera obvia. Me viene a la mente “El balneario de los doctores crotos” (de “Huracanes en luna plateada” de Los Piojos), que habla del menemismo, de cómo un maestro o un doctor pueden terminar siendo un linyera por el desquiciamiento, por el vaciamiento total de todos los valores reales que sostienen a un país.

Eso, por un lado. Pero, por otro, debo darme la libertad de contar los errores y todo lo que pinte sin ponerme en un lugar que puede llegar a endurecerme como una estatua, bajando línea todo el tiempo.

–¿Aparece la felicidad del encuentro con tus compañeros, con los sonidos, con tu trabajo?

–Para mí es muy importante. Cuando formé esta banda, tuve muy en cuenta –además de buscar buenos músicos– que me impresionaran como buenas personas, como gente humilde que quisiera trabajar y tuviera claro que la música es también un laburo. Además de la diversión, la creación, la locura que puede haber, es nuestro trabajo y debe tener parámetros claros para que resulte bien, que esté bien hecho. Tenemos que rendir frente a un público que paga una entrada y tiene expectativas…

Debemos retribuir eso y para que ocurra hay que tener la humildad suficiente y muchas cuestiones claras.

Siempre debemos dar algo más y sostener una mirada limpia con la gente, cara a cara. No creo en los divismos o en la historia del músico que curte su mambo de una manera egoísta y alejada del público. Me gusta comunicarme y transmitir energía y que haya un ida y vuelta. Es fundamental y lo tuve muy en cuenta cuando elegí a los músicos de Los Persas.

Evité cualquier gesto de estrellato, busqué gente con la estoy muy contento.

Eduardo Rouillet


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