Claudia Schiffer, la reina indiscutible de las pasarelas

Con su característica melena rubia y su 1,82 metros de altura, se convirtió en la modelo mejor pagada en los 90 con un salario anual de cerca de diez millones de dólares.

Nadie ha podido hacer sombra a la reina de las top model de los 90. Claudia Schiffer sigue siendo, 14 años después de abandonar las pasarelas, un icono de referencia de la época dorada de las modelos, donde su poder se medía a fuerza de talonario. Con su característica melena rubia y su 1,82 metros de altura, Claudia Schiffer se convirtió en la modelo mejor pagada en los 90 con un salario anual de cerca de diez millones de dólares. Versace, Valentino, Ralph Lauren… todo diseñador que se preciara quería ver sus diseños moviéndose al ritmo de cadera de la alemana más internacional del momento. “Fue una experiencia increíble y una época muy especial en la historia de las modelos”, recordaría la propia Schiffer años más tarde. Como muchas modelos, Claudia Schiffer fue descubierta a la temprana edad de 17 años. Su altura y belleza debían destacar tanto en la discoteca “Checkers” de Düsseldorf, a la que acudió con sus amigas, que Michel Levanton, agente de “Metropolitan Model”, no dudó ni un momento y la invitó a acudir a una prueba fotográfica en París. Tras superar las primeras reticencias paternas, la joven Schiffer hizo las maletas y se alejó de sus tres hermanos menores y de su pueblo natal, Rheinberg, en el oeste de Alemania, para convertirse en la reina indiscutible de las pasarelas. Atrás quedaron sus sueños de estudiar derecho para seguir los pasos de su padre en un bufete. La “Brigitte Bardot alemana”, como se la conocería en sus primeros años, cambió rápidamente sus clases de ballet y de piano y sus partidos de tenis con amigos por clases de pasarela y sesiones interminables de peluquería y maquillaje. Las curvas de la alemana se darían a conocer cuando fue elegida imagen de una campaña de la marca de vaqueros “Guess”, lo que pronto la convertiría en una de las modelos más solicitadas del momento. “En mis primeros años como modelo todavía pensaba en cómo me estaba convirtiendo en una fantasia sexual para los hombres. Me asombraba ver el efecto que tenían las fotos sobre los hombres. Hoy pienso que mi trabajo es, lisa y llanamente, parecer sexy”, relata en el libro “Momentos decisivos”, de Sven Michaelsen. Consciente de su poder, supo hacer que muchos hombres se enamoraran de ella. Pero el más importante de su carrera sería Karl Lagerfeld, que la catapultó hasta lo más alto del Olimpo de las top models al convertirla en 1988 en su musa y modelo para Chanel, para quien desfilaría por primera vez ese mismo año. La alemana se mantendría fiel a su mentor hasta que abandonó las pasarelas en 1998, con 28 años. “No necesita ningún tipo de retoques. Ella es mucho mejor que cualquier otra”, comentó en su momento el propio Lagerfeld sobre su musa. A diferencia de otras “top” de los 90 como Naomi Campbell, “la Schiffer” nunca ocupó titulares por escándalos, caprichos o excesos. Siempre se definió como una “mujer normal, sencilla, sin nada especial”. Una definición curiosa para un símbolo de una década que ilustró unas 600 portadas de revistas de todo el planeta, firmó contratos millonarios en el mundo de la publicidad, coqueteó con el cine y hasta filmó su propio video de gimnasia. También su vida privada transcurrió sin escándalos. Su única historia sin esclarecer fue su compromiso con el mago estadounidense David Copperfield en marzo de 1994, con quien estuvo dos años. El noviazgo fue considerado como una táctica publicitaria para dar a conocer a la alemana en el mercado estadounidense y al mago en Europa. Unos años más tarde, en 2002, se casaría con el productor de cine inglés Matthew Vaughn, con quien tuvo tres hijos: Caspar, Clementine y Cosima Violet. Los años pasan, pero no para todas. Con 42 años, Claudia Schiffer es hoy el mejor ejemplo de que las supermodelos de verdad nunca se hacen mayores. Para demostrarlo, 23 años después volvió a enfundarse unos vaqueros de la casa que la dio a conocer para protagonizar este año la campaña por los 30 años de la marca. “Mientras pueda seguiré vinculada al mundo de la moda, quizá también como diseñadora, quién sabe”, comentó hace poco a la revista “Elle”. De momento, sus pequeñas incursiones para L’Oreal, Bulgari o Citroën o como la pasada campaña de Dom-Pérignon de Karl Lagerfeld, hace un par de años, la mantienen en activo. Inmersa en su papel de madre, su vida transcurre entre el prestigioso barrio londinense de Notting Hill, su ciudad natal y su casa de Camp de Mar, en Mallorca. Sin embargo, como buena emigrante añora su país de origen: “Sería maravilloso vivir en Alemania. A veces le digo a mi marido que ruede alguna película en Alemania”. Pese a la nostalgia, la modelo se siente en Londres como en casa. “Tengo muchos amigos, incluso he creado mi propio círculo de amigos alemanes”, agrega. dpa


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