Color y humor al ritmo de “Agarrate Catalina”

La murga uruguaya dio dos funciones anteanoche en Roca.

Por Redacción

El universo de “Agarrate Catalina” brilla en los escenarios: color, vocación, ritmo, letra, crítica, baile y reflexión.

Una amiga me había hecho la advertencia por msn: “Agarrate”. Seguí su consejo y me senté en una butaca del Auditorio de la Ciudad de las Artes de Roca, con la tranquilidad de quien conoce una fracción del misterio. El nuevo espectáculo de “Agarrate Catalina” (“Gente común”), una de las más atractivas y controversiales murgas que ha parido Uruguay en los últimos 10 años, es una experiencia en el sentido amplio que permite la palabra. Es como si esta murga en especial apostara a iniciar su fantástico recorrido sonoro un poco más arriba de lo habitual. Un poco por encima de las convenciones. En lugar de ascender desde el llano hasta el clímax, para cuando el público se encuentra con “Agarrate Catalina”, éstos ya están ubicados a la mitad de la escalera. Un espacio desde el cual poder continuar subiendo posiciones. El grupo ofrece a su público un cuadro explosivo donde convergen la afinación de un conjunto de privilegiadas voces con el color propio de las murgas, aunque en su caso subrayado mediante otras búsquedas estéticas. “Agarrate Catalina” es también una voluntad exploratoria en ejercicio. Un esfuerzo artístico destinado a quebrar barreras y producir nuevas sensaciones aunque siempre amparados en la tradición. El espectáculo tiene apenas una pausa humorística, a cargo de uno de sus integrantes, quien divierte a la audiencia con un monólogo en el que el universo uruguayo es expuesto con desparpajo e inteligencia. Ahí los tienen al presidente Mujica, su perra “monstruo”, su peinado “gato” y su extraña forma de utilizar los verbos (humorada que el propio mandatario tomó muy bien dándole la razón a la murga), a la selección uruguaya de fútbol (“que clasificó al mundial con un gol en los descuentos ¡a Costa Rica! y empujado por el interior de una nalga de un jugador”) y algunos pasajes de la cultura rioplatense que mejor explican una forma de sentir y entender el mundo. La música es, sin embargo, el verdadero patrimonio de “Agarrate Catalina”, una música intensa y de letras desenfadas, dichas con estilo y convencimiento. Entre tanta risa, los muchachos no se olvidan de la violencia en las calles y la reflejan en un tema poblado de costumbrismos reos y expresiones que impresionan y conmueven; ni de los prejuicios (“que la nena no se meta con un chino ni nada que se le parezca porque al final son todos chinos”), ni del amor, ni de las actividades, los sueños y desventuras que ocupan la vida de la gente común (“como vos periodista deportivo, como vos dentista, como vos psicóloga social”). Todo esto, dicho a caballo de un ritmo creciente y contagioso. Color y vocación, música, ritmo, letra y poesía, crítica y reflexión, baile y entrega, el universo de “Agarrate Catalina” es puesto con esplendor sobre una escenario en llamas. Antes de la despedida el espectáculo reconoce el trabajo de los percusionistas siempre ocultos y columna vertebral del show. Es su turno y no lo desaprovechan. La sección rítmica de esta murga uruguaya es sobresaliente. El punto de quiebre, el momento perfecto que anticipa el final. Un final, por supuesto, que los encuentra a los murgueros bailando y cantando por los pasillos y al público aún hipnotizado por la secuencia mágica de su arte. El esfuerzo de la gente de teatro del IUPA, que contactó y organizó el arribo de “Agarrate Catalina”, valió la pena. Que se repita, los esperamos bien advertidos.

Claudio Andrade


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