Columna “La hoguera”: Arbustivo 9-10-03



El sol entra por las “palmas/plantas” de mis pies Tirada en el piso, en posición fetal por la lumbalgia, voy corriéndolos, siguiendo el febo que asoma radiante por la ventana y dibuja círculos del cual todo mi cuerpo escapa. Excepto ellos. Ellos quieren que los rayos acaricien los callos de tanta danza, de tanto taco, de tanta historia -como decía un sabio hombre que “leía los pies” y que creía que las enfermedades sólo eran síntoma de problemas del ser-.

Benito se resfriega en mi pelo y ronronea. Estoy inmóvil. Respiro apenas. Me emociona que la magia de la vida pueda ser sólo este momento.

Me entristece que uno se duerma tanto. Me dan náuseas las no renuncias, las comodidades, las cosas fijas, los cuadrados, la creencia del saberlo todo, el no cuestionar, punzar, ir más allá siempre más y más adentro.

Me enojo en realidad conmigo. Soy mundana y corta Faltó que me hablaran de la “columna”, del eje, para que me quedara doblada en dos.

Más la tibieza de mis pepés me remontan al vivero de Allen. Caminar por esos verdes senderos con dolor de cintura, hacerme entender en mi lengua hacia otro ser que sonríe porque no nos comprendemos mientras la mirada se vuelve cada vez más intensa.

Quisiera descalzarme (Quiero pisar tierra!)

Discuto con mis acompañantes. “No te entiende”, “hace años que están acá pero no hablan”, “son secos, son parcos” Descreo.

Sé que a ella le es más fácil hacerse la que no entiende Fantaseo.

Por cómo camina entre las plantas, por cómo envuelve las plantitas en diarios de hace una década; creo que me toma el pulso No sé que quiero. (Ella me lo hace sentir bien).

Quiero luz. Creo Ella no hace más que reírse Y lo que para otro podría ser vivido como un mal humor por esa “supuesta incomunicación”, para mí es un regalo Sonrío, presente.

Elegimos unas flores naranjas “enamoradas del sol” ¿Un frutal? ¿Un pino?

¿Arbustivooo? Pregunta ella Silencio. (Afuera y adentro) Nos vamos con un arbolito que no sé ni cómo se llama Transplanto todo.

Meto las dos manos en la tierra. La amaso. Observo las raíces. Se escabulle entre mis dedos un bicho bolita Cuando yo era chica levantaba las baldosas del jardín de mi abuela para atrapar insectos. Me gustaban sobre todos esos grises de patitas suaves (sorprenderlos, agarrarlos y que se hicieran bolita).

Pero este no. Este bicho bolita patagónico nacido en un vivero con acento oriental no se inmuta y se va caminando por mi dedo hasta la tierra dentro de la maceta para trepar la planta Benito se acerca. Tiene la cola erizada y las pupilas bien dilatadas. Creo que voy a gritarle pero no hago nada. (“La procesión va por dentro”). Trae en la boca un pájaro muerto y me lo muestra orgulloso. Revuelve la tierra. Cuando se distrae guardo el pajarito en una bolsa. Se olvida (creo) y trepa al techo.

Estreno manguera tricolor. Baldeo, empujo el agua que todo lo arrastra y bailo sobre ella Me siento en la reposera. Huelo No hallo las palabras, quizás simplemente porque no existen.

Las “enamoradas” empiezan a cerrarse.

Yo, arbustivoo, mientras me seco los pies.

 

 

Nuria Docampo Feijóo

       ndocampo@rionegro.com.ar


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Columna "La hoguera": Arbustivo 9-10-03