Baños a cielo abierto en Roca

12 sep 2018 - 00:00

Cualquier familia se horroriza cuando debe soportar en su casa el problema de cloacas por unos días. Por los inconvenientes que acarrean a la vida hogareña los desbordes repentinos por las rejillas, generando preocupación por la salud ante el peligro de contaminación que implica la emanación de líquidos, en la intimidad del hogar donde se come, se comparte, se duerme y se reciben familiares, amigos y extraños. Quién no ha experimentado alguna vez cierta sensación de vergüenza o incomodidad frente a visitas, por temor a ser vistos como poco higiénicos, cuando efluvios malolientes cloacales nos invaden.

Es de suponer que sería impensable e insoportable para cualquier persona, si esto ocurriera en la vía pública. Sin embargo en la calle 9 de Julio, precisamente entre Maipú y Don Bosco, en pleno casco de la ciudad de Roca, las aguas servidas (léase residuos cloacales: materia fecal, orina y aguas de uso) se han apropiado del espacio, enlagunándola sin tregua, de tal manera que ni los esfuerzos frecuentes del camión atmosférico, ni el sol, dan abasto con su secado, evaporación y menos aún con su eliminación, infestando de olores nauseabundos y fétidos el entorno. A pesar de ello, las actividades cotidianas continúan. La gente se moviliza diariamente por dicha arteria e intenta acceder a algunos de los domicilios pisando o sorteando charcos, planteándose uno que otro interrogante o esbozando alguna queja aislada.

Seguramente por desconocimiento o por lo extraño que resulta creer que las aguas acumuladas por tanto tiempo pudieran ser lo que se supone intuitivamente son: aguas cloacales. Igualmente no detiene su marcha y vuelve a repetir la rutina.

Esto hace pensar que la desinformación, el tránsito fugaz, la rutinización de los actos, podrían empezar a explicar la naturalización de este problema por parte de un pequeño sector de la sociedad, que sin pensarlo, día a día, mes a mes, ha ido incorporándolo a su vida cotidiana para terminar absorbido por ella. Es que tampoco se le puede exigir a la sociedad en abstracto que se haga cargo del problema.

A la casa de comidas, la imprenta, la pescadería, los consultorios de salud, la institución de cultura y las viviendas familiares, que son los que viven la calle desde adentro, además de la salud, les inquietan seriamente las estructuras de los inmuebles, los pisos, el mobiliario; y a los comerciantes y profesionales, la reducción de clientela. Resignados, no les ha quedado otra opción que soportar estoicamente este flagelo, ante la ausencia de respuestas institucionales. Pero si ocurre en la vía pública implica responsabilidad de algún organismo que no se está haciendo presente para resolverlo, ni se han activado otros mecanismos institucionales sancionatorios de vigilancia o control, que actúen como salvaguarda de la salud y de las propiedades frente a una flagrante contaminación y humedad persistente.

Hay quienes han llegado a pensar que es como estar en un baño público a cielo abierto y resuena con fuerza la solicitud de un amparo judicial. Una mezcla de humillación, impotencia y resignación se abate sobre todos, ante la falta de respuestas a los reiterados reclamos verbales, escritos, cuasi judiciales, a la institución responsable del tema aguas y saneamiento: Aguas Rionegrinas SA (ARSA).

Los diarios y emisoras locales se han hecho eco de este problema incluso llamando la atención sobre el congelamiento de las aguas, productoras de algunos accidentes por la calzada resbaladiza. Accidentes en bicicleta felizmente sin consecuencia y hasta el choque de un vehículo estacionado frente a su domicilio. Permitir con el paso del tiempo que una calle altamente transitada se convierta virtualmente en un reservorio de bacterias contaminantes por más de un año habla al menos de inacción y desidia, cuando los paliativos puestos en práctica no dieron ningún resultado.

Esto nos retrotrae por la naturaleza al Virreynato en 1780 cuando aún no se había desarrollado el concepto actual de salud pública, ni se imaginaba la existencia de bacterias ni su asociación con el medio ambiente. El Protomedicato exhortaba a “que por las cañerías que salen a las calles por bajo de las calzadas no se viertan aguas inmundas, por lo que perjudican a la salud pública llenando la calle de mal olor y de insectos...”.

*Docente

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