“Cómo ser minoría en el Concejo y no morir en el intento”
El gobierno de la ciudad (mal que les pese a algunos) recae en un “triunvirato” integrado por el intendente, el Concejo Deliberante y el Tribunal de Cuentas. Obviamente, cada uno tiene sus funciones específicas perfectamente reglamentadas, y a ellas debe atenerse.
Sin embargo, más allá de lo que las apariencias formales parecen exhibir, la cosa no funciona tan democráticamente como sería dable esperar y la supuesta independencia de los poderes municipales no es tal.
Con un Ejecutivo reconocidamente personalista, una mayoría en el Deliberante asumida como obediente incondicional de los mandatos que bajan desde el despacho de Martín Soria y un Tribunal de Cuentas compuesto íntegramente por técnicos soristas, es muy difícil imaginar un escenario coparticipativo, dispuesto a poner en debate una agenda amplia de temas que hoy por hoy aparecen como asignaturas pendientes de una gestión que ya lleva doce años instalada en Mitre 710. Puedo dar fe de lo que sucede en el Concejo desde el mismo momento que asumimos, y del “ninguneo” permanente al que somos sometidos los dos bloques minoritarios.
Cinco meses llevamos en funciones y a la fecha no hemos conseguido (ni siquiera) la provisión de una impresora; la potencia del wifi instalado no alcanza para asegurarles a nuestros despachos (obviamente los dos últimos de un largo pasillo) un servicio eficiente que permita enviar y recibir mails con normalidad o navegar regularmente por archivos de la internet; los canales internos de comunicación para con los bloques minoritarios son malos; se dispuso que los secretarios de Bloque no puedan asistir a las reuniones de las diferentes comisiones, cuando hasta el año pasado participaban activamente; se estableció de manera unilateral el horario de las sesiones, colocándolo a las 11 de la mañana, de manera tal que son poquísimos los ciudadanos que pueden asistir; no baja información desde el Concejo hacia la prensa (queja extendida entre varios medios locales, salvo un par de ellos, cooptados por el oficialismo); se oculta el tratamiento de ciertos temas puntuales (como sucedió recientemente con la reunión solicitada por los taxistas para establecer un aumento tarifario); debemos soportar intromisiones funcionales indebidas de parte de la Secretaría General del Concejo, intentando asumir en los hechos un protagonismo que reglamentariamente está reservado para la Presidencia del cuerpo… y algunas “delicatessen” más, que llegan de la mano de la mala educación de algunos concejales, chicanas estúpidas y mal intencionadas durante las sesiones, dejándonos a todos mal parados ante los ojos de los vecinos roquenses, que obviamente no nos eligieron para esto. Como tengo asumido que así va a ser a lo largo de estos cuatro años, he decidido ignorar los infantilismos de algunos de los “colegas” y hacer pública mi actividad funcional, así como lo que vaya sucediendo mes a mes en el Concejo, por medio de un sitio web a través del cual la ciudadanía y los medios de prensa puedan obtener toda la información que necesiten y de tal manera saber quién es quién en esta historia.
Mario Álvarez, Concejal
El gobierno de la ciudad (mal que les pese a algunos) recae en un “triunvirato” integrado por el intendente, el Concejo Deliberante y el Tribunal de Cuentas. Obviamente, cada uno tiene sus funciones específicas perfectamente reglamentadas, y a ellas debe atenerse.
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