“Contaminación: ¿la Justicia no debería actuar preventivamente y de oficio?”

Redacción

Por Redacción

En una carta anterior se mencionaba la propuesta de declarar el agua potable “un derecho fundamental humano”, se comentaban datos sobre la disminución de su disponibilidad, los conflictos geopolíticos que pueden crearse y la crisis “de sed “que afecta a varias regiones. Las cifras demostrativas eran de ONU: glaciares y ambos polos, congelados; la necesidad de agua de una creciente agricultura sólo deja un 0,8% para el consumo humano; dada su dispar distribución, que castiga a varias zonas, 1.200 millones de seres sufren de sed, llegando a morir por ello. Mencionábamos a América Latina y la República Argentina como privilegiadas por sus disponibilidades de agua, pero en retroceso por, básicamente, el avance de la contaminación, como ejemplo la Cuenca del Plata. Pasemos ahora a la Patagonia. Es ya este nombre, Patagonia, una marca mundial, admirada por su prístina belleza y sus recursos naturales: es la zona con grandes reservas de agua potable. Los glaciares y nieves andinas alimentan caudalosos ríos y enormes lagos que son admirados mundialmente y representan un valiosísimo recurso. Gracias a ello, son posibles los valiosos valles irrigados patagónicos. Nuestro Alto Valle de Río Negro y Neuquén es un ejemplo. Vamos entrando en el tema “agua” en la provincia de Río Negro, aclarando que la situación es peor en la provincia del Neuquén, donde el vertido sin tratar de 70 millones de litros de efluentes cloacales en su capital nos permiten calificarla como “un desastre ambiental”, y la restante Patagonia, pese a su escasa densidad poblacional, tiene también puntuales problemas de contaminación acuífera. Volviendo a Río Negro, el riesgo que corre por contaminación, en parte heredada de Neuquén, es ya grave y empeora día a día. Esto debería preocupar a los gobiernos de ambas provincias pero no es así. Veamos: documenta el diario “Río Negro” del 31/12/13 que, del total del vertido cloacal y el de varias industrias, el 65% se arroja sin tratar en nuestros ríos y lagos. ¿Y qué hacen los gobiernos? ¿Qué hizo en todos estos años la AIC, o sea la Autoridad Interjurisdiccional de Cuenca? Visto ese 65% la respuesta es obvia: nada; y siendo su principal responsabilidad, según la legislación que la creó, “cuidar la salubridad de los recursos hídricos de ambas provincias, que dicho sea de paso no sólo integran esta entidad sino que además la financian. Sobre este tema y en meritoria labor, la defensora del pueblo, Dra. Nadina Díaz, elevó y publicó en los medios un lapidario informe sobre este problema. Que yo sepa ni los gobiernos ni las autoridades de la AIC se defendieron ni comentaron dicho informe. Conclusión: el que calla otorga. Y esto es muy grave, porque se trata de la contaminación del principal y vital recurso de nuestras esteparias provincias. Recuerdo haber leído en un texto de temas legales lo siguiente: la contaminación, a la larga a la corta, mata; y la responsabilidad por ella puede ser por acción, los que la producen directamente, y por omisión, aquellos que teniendo la obligación y el poder de evitarla no lo hacen. Se me ocurre finalmente: si la contaminación puede llegar a matar, los responsables cometen un delito penal. ¿Cuál? ¿No sería un asesinato? Y me pregunto: ¿si así fuera, la Justicia no debería actuar preventivamente y de oficio? Y a los funcionarios gubernamentales y municipales de Medio Ambiente, ¿no les cabría, también, responsabilidad penal por omisión? Son sólo dudas lo que yo planteo. La intención es que las recojan quienes están en posición y obligación de resolverlas. ¿No debería ser el Poder Judicial? De lo que sí estoy seguro es de que el problema ya es muy grave y se agravará a futuro, tanto que un experto reginense publicó un artículo en este diario, bajo el título “La inexorable desaparición del río Negro”, y lo fundamentó y me hizo temblar, porque sé que ya ocurrió en otros lugares, India por ejemplo: si por cierto tiempo el nivel de contaminación supera la capacidad de recuperación del río, éste, comportándose como un ser vivo, se muere, o sea se seca. Esperemos que nuestros gobiernos quieran evitarlo Carlos H. López , DNI 9.820.317 Roca

Carlos H. López DNI 9.820.317 Roca


En una carta anterior se mencionaba la propuesta de declarar el agua potable “un derecho fundamental humano”, se comentaban datos sobre la disminución de su disponibilidad, los conflictos geopolíticos que pueden crearse y la crisis “de sed “que afecta a varias regiones. Las cifras demostrativas eran de ONU: glaciares y ambos polos, congelados; la necesidad de agua de una creciente agricultura sólo deja un 0,8% para el consumo humano; dada su dispar distribución, que castiga a varias zonas, 1.200 millones de seres sufren de sed, llegando a morir por ello. Mencionábamos a América Latina y la República Argentina como privilegiadas por sus disponibilidades de agua, pero en retroceso por, básicamente, el avance de la contaminación, como ejemplo la Cuenca del Plata. Pasemos ahora a la Patagonia. Es ya este nombre, Patagonia, una marca mundial, admirada por su prístina belleza y sus recursos naturales: es la zona con grandes reservas de agua potable. Los glaciares y nieves andinas alimentan caudalosos ríos y enormes lagos que son admirados mundialmente y representan un valiosísimo recurso. Gracias a ello, son posibles los valiosos valles irrigados patagónicos. Nuestro Alto Valle de Río Negro y Neuquén es un ejemplo. Vamos entrando en el tema “agua” en la provincia de Río Negro, aclarando que la situación es peor en la provincia del Neuquén, donde el vertido sin tratar de 70 millones de litros de efluentes cloacales en su capital nos permiten calificarla como “un desastre ambiental”, y la restante Patagonia, pese a su escasa densidad poblacional, tiene también puntuales problemas de contaminación acuífera. Volviendo a Río Negro, el riesgo que corre por contaminación, en parte heredada de Neuquén, es ya grave y empeora día a día. Esto debería preocupar a los gobiernos de ambas provincias pero no es así. Veamos: documenta el diario “Río Negro” del 31/12/13 que, del total del vertido cloacal y el de varias industrias, el 65% se arroja sin tratar en nuestros ríos y lagos. ¿Y qué hacen los gobiernos? ¿Qué hizo en todos estos años la AIC, o sea la Autoridad Interjurisdiccional de Cuenca? Visto ese 65% la respuesta es obvia: nada; y siendo su principal responsabilidad, según la legislación que la creó, “cuidar la salubridad de los recursos hídricos de ambas provincias, que dicho sea de paso no sólo integran esta entidad sino que además la financian. Sobre este tema y en meritoria labor, la defensora del pueblo, Dra. Nadina Díaz, elevó y publicó en los medios un lapidario informe sobre este problema. Que yo sepa ni los gobiernos ni las autoridades de la AIC se defendieron ni comentaron dicho informe. Conclusión: el que calla otorga. Y esto es muy grave, porque se trata de la contaminación del principal y vital recurso de nuestras esteparias provincias. Recuerdo haber leído en un texto de temas legales lo siguiente: la contaminación, a la larga a la corta, mata; y la responsabilidad por ella puede ser por acción, los que la producen directamente, y por omisión, aquellos que teniendo la obligación y el poder de evitarla no lo hacen. Se me ocurre finalmente: si la contaminación puede llegar a matar, los responsables cometen un delito penal. ¿Cuál? ¿No sería un asesinato? Y me pregunto: ¿si así fuera, la Justicia no debería actuar preventivamente y de oficio? Y a los funcionarios gubernamentales y municipales de Medio Ambiente, ¿no les cabría, también, responsabilidad penal por omisión? Son sólo dudas lo que yo planteo. La intención es que las recojan quienes están en posición y obligación de resolverlas. ¿No debería ser el Poder Judicial? De lo que sí estoy seguro es de que el problema ya es muy grave y se agravará a futuro, tanto que un experto reginense publicó un artículo en este diario, bajo el título “La inexorable desaparición del río Negro”, y lo fundamentó y me hizo temblar, porque sé que ya ocurrió en otros lugares, India por ejemplo: si por cierto tiempo el nivel de contaminación supera la capacidad de recuperación del río, éste, comportándose como un ser vivo, se muere, o sea se seca. Esperemos que nuestros gobiernos quieran evitarlo Carlos H. López , DNI 9.820.317 Roca

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