Contradicciones del populismo

Por Redacción

Por motivos ideológicos, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y los militantes populistas que la rodean no quieren que la Argentina se resigne a ser un país agroexportador, una desgracia que atribuyen a las malas artes del imperialismo británico y de su sucesor norteamericano. Inspirándose en los escritos de polemistas que disfrutaron de mucha popularidad en los años previos al golpe militar de marzo de 1976, creen firmemente que un gobierno nacional y popular debe impulsar el desarrollo industrial a costa del campo, de tal modo frustrando a los resueltos a impedir que el país se erija en un rival de fuste de Estados Unidos, Japón y los miembros más competitivos de la Unión Europea como Alemania, pero todos sus esfuerzos en tal sentido han sido contraproducentes. Por cierto, el “modelo” que Cristina reivindica con la vehemencia que la caracteriza ha resultado ser tan agroexportador como el que fue encontrado por Juan Domingo Perón cuando asumió el poder después de la Segunda Guerra Mundial. Merced al aumento coyuntural del precio de la soja, el esquema adoptado por los kirchneristas experimentó algunos años de crecimiento macroeconómico respetable, si bien no a “tasas chinas” como quería hacer pensar la propaganda oficial, pero no le será dado sobrevivir al fin del ciclo así supuesto. Sin subsidios proporcionados por el campo, créditos accesibles y pactos comerciales con socios como Brasil, la industria nacional no podrá salir de la recesión en la que está languideciendo. Conforme a las estadísticas confeccionadas por el Indec, el año pasado el producto industrial del país se achicó el 2,5%, el tercer año consecutivo en que el resultado global fue negativo, pero los consultores privados estiman que su desempeño fue aún peor. Sea como fuere, es dolorosamente evidente que la estrategia populista, la que consiste mayormente en exhortaciones retóricas y medidas arbitrarias proteccionistas, no funciona. No puede funcionar porque impulsar el desarrollo industrial es mucho más difícil de lo que suelen suponer los “heterodoxos” venerados por los kirchneristas que, por lo común, están más interesados en denunciar la presunta falta de fervor patriótico de sus contrincantes “ortodoxos” o “liberales”, que en pensar en lo que sería necesario hacer para que las empresas argentinas se pusieran a la altura de las del mundo avanzado. Si fuera cuestión de nada más que la redacción de algunos decretos destinados a complacer a los voceros de las distintas asociaciones de fabricantes locales, todo sería muy fácil pero sucede que manifestarse a favor de la industrialización para entonces construir barreras proteccionistas sólo sirve para perpetuar un statu quo que nadie calificaría de satisfactorio. Los populistas se afirman partidarios entusiastas del desarrollo industrial, pero también quieren defender a los empresarios y, sobre todo, a los trabajadores que se sienten amenazados por la evolución despiadada de los mercados. Se trata de una contradicción. Para que la industria argentina progresara, haciéndose más productiva y, desde luego, más competitiva, tendría que cambiar a un ritmo equiparable con el habitual en el este de Asia, América del Norte y las zonas más dinámicas de Europa, pero por motivos políticos y, en el caso de algunos, humanitarios, los populistas se oponen al cambio. En el fondo, lo que tanto ellos como muchos empresarios y sindicalistas quieren es que todo siga igual, sin que nadie toque “las conquistas” sociales, pero que también haya mucho más dinero. En términos políticos, la mezcla resultante del conservadurismo extremo por un lado y desarrollismo verbal por el otro que aquí se ha consolidado hasta tal punto que hace las veces de una doctrina nacional, ha sido muy eficaz, ya que ha ofrecido a amplios sectores la promesa de progreso material sin que nadie se vea constreñido a esforzarse mucho o a arriesgarse. No cabe duda, pues, de que el populismo, cuya manifestación más reciente ha sido “el modelo” de Cristina, ha contribuido enormemente al atraso económico y social del país y, a menos que el grueso de la clase política logre dejarlo atrás, continuará desbaratando todos los esfuerzos por despejar el camino para que la Argentina pueda gozar de un futuro de progreso económico y social sin las periódicas “crisis terminales” a las que nos hemos acostumbrado.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Miércoles 28 de enero de 2015


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