Coronavirus: ¿Cuánto más aguanta la fruticultura con este tipo de cambio?

Los países que compiten en distintos mercados con la oferta del valle de Río Negro y Neuquén optaron por devaluar fuertemente sus monedas. A su vez, tienen controlada su estructura de costos, lo que mejora sustancialmente su posición comercial.



El tipo de cambio termina de influir en los posibles retornos que pueda lograr la actividad.

La crisis económica internacional desatada por la pandemia del coronavirus rompió los tradicionales equilibrios de mercado que se venían consolidando en los últimos años.

Con los cambios generados tras la enfermedad, algunos países han tomado distintas herramientas para poder mantener a sus empresas competitivas.

Los más poderosos, inyectando enormes cantidades de dinero al sistema para que el comercio continúe funcionando. El resto devaluando sus monedas para poder llegar mejor posicionados con su oferta exportable en los destinos finales de venta de sus productos.

Los países que compiten con la fruticultura del valle de Río Negro y Neuquén optaron por esta última herramienta financiera.

Si se analiza la evolución que han tenido las distintas monedas queda claro que la devaluación fue parte de una estrategia para defender a las empresas de esos países.

Argentina, se quedó en medio de esta batalla. Intentó ayudar a sus exportadoras con medidas que todavía no llegan a efectivizarse en la práctica. Por otro lado, el tipo de cambio en este primer trimestre del año se movió sólo un 5% mientras que en los países donde se producen o colocan peras y manzanas la paridad se ha movido hasta el 35%.

El gráfico muestra como han evolucionado cada una de las monedas:

Hay que destacar que Rusia y Brasil es hacia donde se dirige gran parte de la oferta exportable del Valle de Río Negro y Neuquén por lo tanto por las ventas en rublos o reales en destino la fruta argentina percibirá menos dólares.

En el caso de Nueva Zelanda, Chile y Sudáfrica, cuyas ofertas están en muchos casos en los mercados hacia donde se orienta la fruta argentina, van a tener claramente una mejora de competitividad basada en el tipo de cambio.

Esto se potencia aún más cuando se observa la evolución que ha tenido la inflación -equivalente a costos internos- en cada uno de los países bajo análisis:

El ejemplo de Brasil es tal vez el más impactante como país de destino de muestra fruta que muestra una inflación del 0,6% en el primer trimestre del año y una devaluación del 34% en el mismo período, reflejando una mejora del tipo de cambio real de algo más del 33% en los primeros noventa días del año.

Sudáfrica, cuyas peras compiten directamente con las argentinas en varios mercados de Europa, refleja una inflación del 1,7% en el trimestre y una devaluación del 35% en el mismo período. La mejora competitiva es aquí también del 33%.

Argentina, por su parte, al relacionar la evolución del tipo de cambio con la inflación, la pérdida cambiaria que registra es el 1%. Y a esto hay que computarle las retenciones del 5% que hoy sufre la fruticultura regional y que ninguno de los países analizados cuenta con este tributo altamente distorsivo.


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