Crimen de Zapala: "el padre pedía que lo lleven detenido y el hijo lloraba"

La declaración de un testigo clave siembra más dudas sobre el rol de la policía de Zapala en la mañana de la tragedia familiar.



Hilda Acuña, madre de los jóvenes imputados en el asesinato del padre.

Hilda Acuña, madre de los jóvenes imputados en el asesinato del padre.

Orlando Jara “les pedía por favor a los policías que se lo llevaran detenido a la comisaría”, y éstos le contestaron “andá vos solo” y se fueron. A pocos metros de allí uno de sus hijos, Fernando, “lloraba de manera desconsolada, a los gritos”. La escena ocurrió el domingo a la madrugada apenas minutos antes de que Fernando le cortara la cabeza a Orlando, luego de asesinarlo a golpes y puñaladas junto con su hermano Matías.

El testigo que relató la escalofriante escena a RÍO NEGRO es Cristian Rivera, quien vive medianera de por medio con los Jara. Es el locador de la casa que ocupa la familia, y tiene un taller mecánico en el que Orlando hacía changas de vez en cuando.

Fue en el patio de la casa de Rivera donde se ocultó Jara el domingo a la madrugada, después de la primera pelea violenta con sus hijos Fernando y Matías. Y fue este vecino uno de los que llamó a la Policía para pedirle intervención.

El relato que le hizo ayer a este diario -pidió que no le tomen imágenes- coincide con lo que cuentan otros testigos, incluso la madre de los imputados, Hilda Acuña.

Orlando Jara (55), un hombre con profusos antecedentes de violencia familiar, de crueldad y perversión hacia su esposa Hilda (53) e hijos Fernando (27), Diego (25), Matías (21) y Giuliana (18), llegó a su casa en el barrio Zona 2 de Zapala el domingo a las 4 de la mañana y fue directo a la heladera, a buscar “una cabeza de chivo” que se había reservado para comer. No la encontró, y tuvo la primera discusión con su pareja.

Sacó un cuchillo que llevaba en la cintura y subió a la habitación de sus hijos “con la intención de matarlos”, según afirma Hilda. (Diego es el único que no reside en esa vivienda).

En ese momento se produjo la primera y feroz pelea con Fernando y Matías, quienes expulsaron a golpes a su padre de la casa.

Las madre les pidió “que hicieran guardia” porque estaba segura de que volvería.

En efecto, Jara se quedó en las inmediaciones: buscó refugio en la casa de Rivera, donde estuvo tomando mate.

Para entonces, la policía había recibido el primer llamado de alerta. Eran poco más de las 6 de la mañana.

Según el vecino y testigo, cuando llegaron dos efectivos de la policía Orlando les pidió que lo llevaran a la comisaría y la respuesta fue: “andá vos por tu cuenta”.

Hilda denunció algo parecido: “les pedí, les rogué, llorando, a los policías, que se lo llevaran, y los policías me dijeron que vaya yo a la comisaría a hacer la denuncia. Pero si yo salía de mi casa, él me mataba, me estaba esperando afuera”.

Inexplicablemente, los policías se fueron sin intervenir. La fiscalía investiga esta conducta.

Rivera aportó un dato hasta ahora desconocido: mientras esto sucedía, Fernando lloraba desconsolado. Otros testigos señalaron que, después de Hilda, el hijo mayor era el más golpeado por Orlando.

Minutos después padre e hijos volvieron a cruzarse, ahora en plena calle, a la luz de la mañana y a la vista de los vecinos.

Ellos lo golpearon con una lanza para acarrear vehículos, y cuando estaba en el suelo le aplastaron la cabeza con una piedra de grandes dimensiones y le aplicaron cuatro puñaladas.

La cuadra donde ocurrió el homicidio que conmociona a Zapala.

Rivera llamó desesperado a la policía varias veces mientras se desarrollaba el enfrentamiento. “Se van a matar”, alertó. “Ya vamos a ir”, habría sido la respuesta.

Según la fiscalía, dos de las puñaladas fueron mortales. Para la defensa, es posible que Jara ya hubiera fallecido a causa de los golpes. No es un detalle menor, porque si fuera así, uno de los hermanos podría quedar liberado de la mayor responsabilidad en el crimen.

Después ocurrió el acto disruptivo con la secuencia con que se venía desarrollando el hecho: Fernando seccionó la cabeza de su padre, se sacó una selfie y se la envió a un amigo.

A los vecinos que miraban absortos les gritó: “este no nos jode más”.

¿Fue un gesto de liberación? ¿Fue el equivalente a la frase de su madre: “ahora vamos a poder comer en familia, en paz”? ¿Fue el acto que podría salvarlo de pasar el resto de su vida en la cárcel?

Volviendo a Rivera: marcó una vez más el número de la policía y gritó “lo mataron, lo mataron”. Ya era tarde.

Los patrulleros aparecieron en las calles de tierra. Fernando, al verlos venir, extendió sus manos hacia adelante, en el gesto de quien pide que le coloquen las esposas, y dijo: “fui yo”.


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