“¿Cuál era el cambio?”



A un año de gestión aún no se puede dilucidar el tan mentado “cambio positivo” o el “Neuquén tierra nueva” impulsado por el gobernador de la provincia.

En cierto modo, lo que se ve se asemeja más a una continuidad del modelo político anterior con algunos retoques, a través de cuestiones que más tienen que ver con el uso y abuso de los conceptos de “armonía” y “paz social” en los discursos que con cambios verdaderos.

Vaya a saber qué es lo que pasa. ¿No puede cambiar o no lo dejan?

Tal vez la respuesta esté en su pasado político, en hechos concretos que lo unen a Jorge Sobisch y que lo seguirán conectando con él. Tarde o temprano veremos cómo cierran filas estos actores supuestamente enfrentados.

No nos olvidemos y repasemos un poco los cargos ocupados por Jorge Sapag durante la administración anterior, todos bajo la órbita del sobischismo: fue jefe de ministros (1991-2001), asesor en el Senado y vicegobernador (1999-2001). Esto, en un marco político que se distinguió como una era de plena aplicación de políticas neoliberales -privatista, clientelar, del subsidio y la exclusión social-, lo que expresa una forma de concebir la realidad que contrasta con los intentos de la actualidad de mostrarse moderado en sus concepciones. O bien ha visto la luz ahora… no queda claro.

En este contexto aparecen cuestiones que dan pie a sospechar de un presunto acuerdo entre Sobisch y Sapag. Basta con ver la actual estructura de gobierno, minada de actores recurrentes, representantes ideológicos de la gestión Sobisch, especialistas en vivir de la política y ocupar cargos importantes e inclusive direccionar presupuestos generosos, para comenzar a sospechar de que no hay miras de tales cambios.

Si no, sumemos el regalito de Sobisch antes de irse: la modificación en la Legislatura entre gallos y medianoche… ¿y el debate? ¿Dónde quedó el intercambio de ideas? Sin contar el intento de aplicación de un convenio colectivo de trabajo iniciado en la gestión anterior y terminado en ésta, donde a las claras explicita su manera de pensar a los trabajadores en general.

Por otro lado, la tan anunciada crisis económica de la provincia descripta como algo que se dio naturalmente y no investigada para comprobar si existió corrupción o no da rienda suelta a que se pueda hacer lo que se quiera con los fondos del Estado neuquino y sostener que “total aquí nada pasa”. Ahora se procura subsanar este mal o error administrativo desde el actual gobierno con uno de los peores negocios para la sociedad neuquina: la firma de prórrogas de los contratos petroleros, hipotecando de esta forma el futuro de los neuquinos.

Dadas las características de este contexto social es necesario llamar a la reflexión y desenmascarar este modelo político -que, en el mejor de los casos, es un pseudorrecauchutaje del anterior- tratando de adoptar una posición alternativa de construcción que fomente la participación ciudadana activa, para que no sigan engañándonos con sus supuestas peleas y distorsión de la información.

Para esto no alcanza con la queja y es indispensable que se dé el verdadero cambio que todos esperamos, con la transparencia e idoneidad de quienes tienen a cargo el rumbo de la provincia.

Entiendo que la sociedad futura no se genera de la nada ni la traerá un ángel del cielo, por lo que la crítica es para el que quiera oír. Igualmente, en esta construcción somos nosotros quienes debemos cambiarla con las acciones que representen el interés de la sociedad en su conjunto y no el de unos pocos y con una participación activa en todos los lugares de los que formamos parte.

Juan Carlos Delarriva

DNI 21.501.341

Neuquén


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