Cuestión de justicia
Basta con recorrer las calles principales de la ciudad para comprobar que la primavera económica promovida por el turismo es fuente de niveles de rentabilidad que ningún comerciante ni empresario podía imaginar apenas tres años atrás.
El microcentro y también los barrios con movimiento de visitantes son una pintura inmejorable del optimismo que reina en el sector. A la variedad de inversiones en hotelería se suman la ausencia casi total de locales desocupados, la aparición de nuevos comercios (algunos con ambiciosas «puestas en escena») y una febril actividad en reformas y equipamiento para enfrentar de la mejor manera la nueva temporada de invierno.
Ese es el contexto en el que no cuaja de ningún modo el nivel relativamente bajo de cumplimiento que registra todavía la tasa de Inspección, Seguridad e Higiene (TISH), que deben pagar las 4.200 habilitaciones comerciales registradas por el municipio.
La recaudación aumentó en términos absolutos y sigue volteando récords. Hoy ese gravamen aporta un promedio de 320 mil pesos mensuales a las arcas comunales, que con el recupero de deudas anteriores llega a los 400 mil. En lo que va del año la tasa comercial recaudó 2,1 millones de pesos y apunta a superar con holgura los 3,7 millones presupuestados para todo el año.
Pero ese aumento tiene como fuente excluyente la mejora en la facturación de los comercios, ya que la tasa se paga sobre un porcentaje de esa base imponible, con alícuotas que pueden variar (según el rubro) entre el 6 y el 40 por mil.
Aunque sin aportar un dato preciso (la falta de estadísticas es un mal endémico que el gobierno municipal asume sin mayor complejo), el secretario de Hacienda, Darío Barriga, dijo no estar para nada conforme con la cantidad de pagadores de la tasa TISH. Y se fijó como objetivo de corto plazo el de fortalecer los controles y ejercer mayor presión sobre quienes no acostumbran honrar sus compromisos con el municipio.
«En épocas malas la presión suele ser sobre los que pagan -alega Barriga-, pero cuando les va bien, ya no tienen excusas. Por eso ahora nos proponemos lograr que el 100% pague sus tasas».
Con ese propósito, trabaja en dos líneas de acción que -según prevé- se traducirá en el corto plazo en un aumento de la recaudación por TISH a 450 mil pesos mensuales. La primera es la de incorporar nuevos inspectores al Departamento Tributario, donde hoy sólo hay tres personas para vigilar la disciplina fiscal de 4.200 contribuyentes.
El secretario de Hacienda cuenta con el aval del intendente para incorporar cuatro inspectores más y otros 4 empleados administrativos, indispensables para tramitar las actas y expedientes que se multiplicarán con el trabajo «de calle».
El municipio ya tiene un acuerdo con la AFIP, para que ese organismo se haga cargo de entrenar al equipo de inspectores, que tendrán capacidad de hacer «puntos fijos» y olfatear cualquier indicio que revele declaraciones de ingresos mentirosas.
Otra reforma en gestación es la de una variante del «monotributo», que se impondrá sobre los comercios de menor facturación. Para evitarles «olvidos» y aliviarles la tarea contable, Barriga aspira a enviar a los contribuyentes de menor rango una factura mensual con la TISH, en lugar de obligarlos a declarar su movimiento económico y calcular de allí el tributo, como ocurre hoy.
La tasa, para esos casos, sería un monto fijo por categoría, calculado en función de distintos ítems como la facturación promedio, la cantidad de empleados y la superficie del local. Esa modificación integraría un «paquete» de nuevas herramientas fiscales que el Ejecutivo pretende implementar antes de fin de año.
En la Cámara de Comercio e Industria admiten que, ante el nuevo avatar que beneficia al sector, hay menos motivos para tolerar la iniquidad tributaria como un mal irreversible. Uno de sus actuales directivos, Guillermo Gatto, observó que un gobierno municipal serio se debe proponer «cobrarles a todos».
La recaudación en alza tampoco debería demorar los cambios urgentes que necesita la tasa de servicios retribuidos. Ese gravamen hoy se impone en montos fijos por zona y por parcela, y permite aberraciones como el de un supermercado pagando lo mismo que una simple familia del predio lindante.
Muchas veces los políticos encargados de administrar el municipio argumentan que la calidad en la prestación de los servicios es el mejor estímulo para que el contribuyente cumpla con su obligación. Pero la transparencia y equidad en el trato también debería redundar en una recaudación más alta. Si un comerciante que paga regularmente sus tasas comprueba que su vecino -o peor aún su competidor- evade sin perjuicio alguno, es posible que se sienta justificado para sumarse al club de incumplidores.
Para un gobierno municipal que no tiene su fuerte en la planificación y las reformas «de fondo», la decisión expresa de atacar este punto es para ser tenida en cuenta. Y para ser recordada a la hora de medir los resultados de la gestión.
Daniel Marzal
Basta con recorrer las calles principales de la ciudad para comprobar que la primavera económica promovida por el turismo es fuente de niveles de rentabilidad que ningún comerciante ni empresario podía imaginar apenas tres años atrás.
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