Cuidado con el afilador
NEUQUÉN (AN).- El hombre recorre los barrios en su bicicleta especial haciendo sonar el “chiflo”, la flauta de sonido inconfundible que identifica a los afiladores de cuchillo. El “especialista” ofrece sus servicios y en confusa propuesta que termina en “ y cinco…” garantiza devolver el filo y brillo original a cualquier tipo de hoja de acero: la de una cuchilla, la de un alicate y hasta la de un abrelatas. A la hora de pagar, 20 minutos más tarde, lo único que sale afilado es el bolsillo del cliente. En el oeste de Neuquén y hasta en Cipolletti se han reportado casos de afiladores que, una vez concluido el trabajo, cobran 55 pesos por afilar una pieza y 55 por rebajar la hoja. En menos de media hora se llevan 400 pesos –el cliente entiende que el “y cinco…” no supera los 55 y suma inocentemente piezas para afilar–. El valor final puede incluir una didáctica clase acerca de cómo mantener afilado un cuchillo con una piedra especial. A la hora de abonar, el afilador es muy preciso con lo que cuesta el afilado y el rebaje del acero. En promedio son unos cien pesos y el cliente paga o discute el exorbitante valor. El afilador defiende con argumentos el costo de su trabajo y su defensa resulta hasta convincente, pero llamativamente no se ofende si le dicen que su comportamiento es el de un estafador.
NEUQUÉN (AN).- El hombre recorre los barrios en su bicicleta especial haciendo sonar el “chiflo”, la flauta de sonido inconfundible que identifica a los afiladores de cuchillo. El “especialista” ofrece sus servicios y en confusa propuesta que termina en “ y cinco...” garantiza devolver el filo y brillo original a cualquier tipo de hoja de acero: la de una cuchilla, la de un alicate y hasta la de un abrelatas. A la hora de pagar, 20 minutos más tarde, lo único que sale afilado es el bolsillo del cliente. En el oeste de Neuquén y hasta en Cipolletti se han reportado casos de afiladores que, una vez concluido el trabajo, cobran 55 pesos por afilar una pieza y 55 por rebajar la hoja. En menos de media hora se llevan 400 pesos –el cliente entiende que el “y cinco...” no supera los 55 y suma inocentemente piezas para afilar–. El valor final puede incluir una didáctica clase acerca de cómo mantener afilado un cuchillo con una piedra especial. A la hora de abonar, el afilador es muy preciso con lo que cuesta el afilado y el rebaje del acero. En promedio son unos cien pesos y el cliente paga o discute el exorbitante valor. El afilador defiende con argumentos el costo de su trabajo y su defensa resulta hasta convincente, pero llamativamente no se ofende si le dicen que su comportamiento es el de un estafador.
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