Luis Alberto Spinetta, el mito que nunca quiso serlo
El gran músico del rock aprendió a hacer música antes de saber cómo atar los cordones de sus zapatillas. Solo quería componer y tocar, pero dejó sin quererlo una impronta que hoy es reconocida a casi 13 años de su partida.
Las fechas se acercan y su proximidad obliga traer a la memoria a uno de los grandes exhttps://www.rionegro.com.ar/cultura/45-anos-de-sandinista-el-laboratorio-de-sonidos-triple-de-the-clash-4400960/ponentes del rock nacional: Luis Alberto Spinetta. Un 23 de enero de 1950 nacía en el barrio de Nuñez, Buenos Aires, un pequeño que antes de aprender a atarse los cordones de las zapatillas, sabía por donde se iba a encaminar su vida. Era un niño de pantalones cortos y medias tres cuarto que mostraba ya una fascinación por la música antes que por la pelota del potrero.
“Me divertía imitando cantantes, copiando sonidos. Por eso la música nació en mí antes que las palabras”, declaró hace varios años el artista y símbolo de la música argentina. Fue el principio de una carrera que marcó a lo largo de cuatro décadas un antes y un después en la historia del rock argentino.
Luego de grandes éxitos como “Muchacha ojos de papel” que compuso con su banda Almendra y se convirtió en un himno fundamental del género local; pasando por “Barro tal vez”, una composición que Luis Alberto creó cuando solo tenía 15 años. Hasta llegar a “Seguir viviendo sin tu amor” (lanzada en 1991), uno de sus mayores éxitos comerciales con más de 200 millones de reproducciones en Spotify a finales de 2025.
“No me escribas la pared, solo quiero estar entre tu piel”, tiró en esa canción quien el 8 de febrero de 2012 dijo basta y se fue. Pero antes, quizás sin saberlo y sin quererlo, dejó un legado. No quedó en la pared, quedó en la piel de todos. Ese exitazo, tantos otros y la filosofía de vida de Spinetta lo convirtieron en un “mito”, en una “leyenda”. Semejante título para él fue mucho pero había que bancarlo.
“El talento nace de cualquier persona que se sienta capaz de volar con sus ideas”.
Luis Alberto Spinetta, líder del rock nacional argentino.
La escritora Mara Favoretto lanzó en 2017 su libro “Luis Alberto Spinetta. Mito y Mitología”, donde explica el fenómeno de “El flaco”. Y empezamos por el mito. “El mito es la personificación de un poder motivante o de un sistema de valores que funciona en la vida humana y en el universo. Los mitos son metáforas de la potencialidad espiritual en el ser humano. Su función es proveer un modelo, transmitir ideas y ayudar al ser humano a superar sus propios límites y condicionamientos”, cuenta la autora en su libro.
Es dejar una huella indeleble que pueda ser recorrida por otros. Y Spinetta fue eso con su música y con su humanidad. Aún cuando no quería llegar a ese objetivo. El solo quería hacer música.
“Ustedes fomentan el mito Spinetta, fomentan la idea de que intento una estrategia. Solamente quiero disfrutar de mis ideas haciendo lo que me place”, declaró en una entrevista para un diario de circulación nacional.
Y continúo con el alma al desnudo: “Yo me inventé una línea artística, un estilo que siempre se caracterizó por una no transa y por la puesta a punto de un mecanismo exuberante de creación. Algo tipo Dalí que puede llegar a ser aborrecido por momentos. Salvando las enormes distancias, me identifico con ese tipo en el momento que hace una forma estilística y no pretende dirigirse específicamente a la gente, sino a conunicarse con el cosmo”.
Y así como si nada, de piernas cruzadas en la entrevista disparó: “Siento que a mí no me aceptan, se han fanatizado tanto que si me salgo de las casillas, si hago algo no contemplado dentro de los límites de su fanatismo, me deben odiar. En vez de sorprenderse, odian. Pero hay algo en mi obra que parece haber llevado implícita esa cosa sectaria”.
“No es casual que aparezcan formas de referirse a él como “hechizo”, “mito”, Esto no es raro, el mito florece cuando en una sociedad existe un espacio vacío que puede ser ocupado por un ser carismático y creativo en el que la audiencia encuentra una respuesta a su búsqueda de la belleza y de un sistema metafórico que funcione como una realidad paralela donde uno se puede escapar por un rato del contexto agobiante en el que le toca vivir”, reflexiona la autora.
Es que en el contexto social de la Argentina en esa época, donde el joven Spinetta crecía y desarrollaba su creatividad, se hizo fuerte la necesidad de expresión y libertad “que tal vez solo era posible canalizar a través del arte. Las dictaduras y la represión política y social de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta conformaron un contexto propicio para la canción de protesta, para el arte disidente y para el desarrollo de estrategias cifradas para evadir la censura. Fue la época en que el rock nacional floreció y en la que surgieron muchos artistas creativos y originales”, agregó Favoretto.
Pero Spinetta miraba más allá del horizonte. Su producción musical estaba signada para horizontes más amplios. El buscaba un cambio, una transformación, un crecimiento.
En 1973 hizo público su “manifiesto”: para él la música y la poesía debían servir para “expandir los horizontes de la mente”. “Sin duda, su personalidad carismática y excéntrica y su inquebrantable ética colaboraron en la construcción social del mito. A pesar de que siempre se manifestaba en contra del fanatismo y la mistificación de los artistas, el público se empeñó en hacer lo contrario. Nombrándolo ‘El Flaco’ se colocó a Spinetta en el podío de los héroes y los mitos populares”, agrega Favoretto que recorrió la vida y obra del grande del rock nacional», sostuvo la escritoria.
Luis Alberto nunca quiso los laureles de la gloria, pero hizo todo para conseguirlos. Haciendo lo que más amaba, la música, puso la vara muy alta en el mundo del rock. Y dejó un legado. “Yo no predico. Yo vivo, Y lo hago con un convencimiento”, disparó en una de sus tantas entrevistas a los medios nacionales, el autor de “Canción para los días de la vida”.
Y se fue cantando
Y llegó ese 8 de febrero de 2012, en el que había que decirle adiós a un grande.
El refugio elegido por Luis Alberto Spinetta fue su casa en Villa Urquiza, Buenos Aires. Estuvo acompañado por sus cuatro hijos y su amor incondicional: su guitarra. A la que no abandonó en ningún momento.
Las crónicas del momento relatan que se fue “transformando su despedida en un acto de amor y serenidad”. Así como vivió su vida este roquero argentino.
Y se fue dejando grandes joyas como el hito “Muchacha ojos de papel”, “Ana no duerme”, “Cantata de puentes amarillos”, “El anillo del Capitán Beto”, “Seguir viviendo sin tu amor” y “Rezo por vos”, una composición que realzó con Charly García.
Comentarios