Daniel, el otro Drexler de la música

Búsquedas y dudas a la hora de la creación.

Daniel Drexler es músico y hermano de Jorge, para que no queden dudas. También es montevideano, claro, y ya lleva editados cuatro discos (Micromundo”, “Vacío”, “Full Time” y “La llave en la puerta”). Su vida se dividió entre la guitarra y la facultad de Medicina (es médico otorrinolaringólogo para más datos). Y a las dos les ha prestado atención. Antes de recibirse, recorrió de mochilero EE. UU., Europa, Egipto e Israel. Trabajó en restaurantes y bares en España, de empaquetador en Londres y en una recicladora en Tel-Aviv. y también tocó la guitarra en el metro de París y en peatonales de Jerusalén. Pero a su regreso se recibió y se especializó. En la última década realizó más de quinientos recitales en todo el mundo. Compartió escenarios con grandes figuras como Fernando Cabrera, Kevin Johansen, Vitor Ramil, la madrileña Ana Serrano van der Laan, Eduardo Mateo, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Joao Gilberto, Luis Eduardo Aute, su prima Ana Prada y Zelito Ramos Souza. -En el primer diálogo que tuve con Eliseo Subiela –cuando estrenó “Hombre mirando al sudeste”– le consulté si filmar era una búsqueda de respuestas y me contestó: no, busco preguntas… Algo así veo en tus canciones. -Yo no tengo un mensaje claro. Lo que hago es simplemente ir por la vida planteando mis dudas y tratando de buscar puentes empáticos. Me interesa mucho la empatía, lo que se siente en un concierto cuando te encontrás con quinientas, ochocientas, mil o diez personas que viene de lugares, de historias diferentes, que casi no conocés y sin embargo tendés un puente empático y por un rato, todos sentimos que tenemos una experiencia de vida común. Estamos un poco menos solos. Yo no salgo a dar mensajes, salgo a buscar empatías, a tender redes empáticas. Una de las cosas que más disfruto de esta profesión y si me preguntás por qué terminé haciendo música… Hay miles de razones no tan dignas como decir, cuando tenía quince, dieciséis años era muy tímido y fue mi forma de conquistar chicas, que es valedera y quizás también sigue habiendo algo de eso aún hoy… Pero también hay una cuestión ahí. En definitiva, yo ya llevo diez, quince años en la ruta, y voy rescatando con el tiempo que fui tendiendo redes humanas. Y siento que tengo una trama humana en Buenos Aires, en Madrid, Barcelona, Copenhague, Estocolmo, Lima, Montevideo, Porto Alegre, San Pablo, lugares donde encuentro una red de gente con la que tengo algo en común. -Familiaridad, simplemente… -Sí… Una sensación de que aparte, hoy en día, la conciencia empática tiene posibilidades de ser más abarcativa. Tenemos medios de comunicación que nos permiten estar en contacto de otra manera con la gente. Entonces, podés levantarte de mañana, mandar un mensajecito a un amigo al que le duele la muela, probaste este remedio, no sé qué, y el tipo está en Tokio. Me gusta formar parte de eso. -Por otra parte, es un tanto impersonal. No nos sentimos de cerca. No nos miramos a los ojo, y eso es un problema… -Obviamente, obviamente. -En cambio, cuando estamos con alguien que nos canta desde el escenario, o como ahora, cruzamos miradas, compartimos emociones. -Yo me preocuparía si ese fuera el único tipo de contacto que yo tuviera con los otros. Lo veo como complemento de otra comunicación que tiene otra profundidad. Lo veo como una especie de (social) grooming que hacen los primates cuando se están todo el tiempo toqueteando Es un mimoseo que da cohesión a la manada. Y en un grupo que no tiene lenguaje oral, la forma de mantener los puntos de contacto es esa. Los humanos, al haber desarrollado el lenguaje oral, pudimos agrandar la manada. Con la escritura pudimos pasar ya a una estructura de nación y con las telecomunicaciones se ensanchó todavía más y hoy estamos claramente en la posibilidad de tener un grooming digital, virtual, a través de la Internet. -En julio, durante un viaje por caminos sinuosos de Costa Rica, una chica de Texas me habló de tu música y la tu hermano (Jorge). ¿Cómo llega hasta allá ese mensaje escrito en Montevideo y emociona a una tejana que habla otra lengua? -Para alguien que viene de un país como Uruguay, donde nacimos viendo a nuestros grandes próceres musicales, llámense (Eduardo) Mateo, (Alfredo) Zitarrosa, haber descubierto este universo digital, donde las fronteras y las distancias se diluyen, el concepto de tiempo-espacio se ve trastocado de una forma muy radical… Escribí una canción en el disco anterior (“Vacío”), “Veinte, veintiuno”, que habla un poco del miedo de los uruguayos de salir al mundo: cabe en un click todo el ancho del mar / ya ni el oriente es lejano / bienvenida la diversidad / más vale cien pájaros volando que pájaro en mano. De golpe estamos en una situación que se abrió y creo que la globalización tiene un montón de aspectos negativos… – También es estandarización. -Estandarización, estereotipación de las culturas… No en vano estamos en Buenos Aires sentados en un Starbucks… -Que podés hallar en otras capitales con igual diseño. -O subiendo al Himalaya, allá arriba encontrás un Mc Donalds. Pero, que podamos desarrollar una conciencia bioesférica, que nos veamos como una especie que forma parte de un solo ser vivo, es un gran avance en la conciencia de la especie. Las preguntas y las dudas creo que también son un signo de esta época. Después de años de estar pensando que la ciencia –determinista- iba a revelar todas las verdades, nos dimos cuenta que se van revelando preguntas pero cada vez que una se revela, salen diez nuevas. Hasta que llegamos al principio de incertidumbre. (Werner) Heinsenberg dijo: no nos faltan instrumentos para saber sobre algunas cosas, o la disciplina o el método, hay cuestiones que no se pueden saber. Hay extremos a los cuales no podemos llegar, en el mundo subatómico, en el espacio exterior. En el medio sí podemos conocer más o menos cómo funcionan las cosas. Y eso, para mí, está muy ligado a la primera propuesta que me hacías, a la respuesta que te dio Subiela… Es un signo de nuestra era darnos cuenta de que somos más buscadores de preguntas que de respuestas. En los siglos XVIII, XIX, XVII, un científico europeo decía que buscaba respuestas y que las iba a encontrar. Hoy hay mayor confusión, aparecieron la Teoría del Caos (1), el Principio de Incertidumbre, la Teoría de la Relatividad y no aisladamente. Dentro de ese mar es donde más lugar hay para lo bello, para la sensibilidad y para la sencillez. Quizás lo más complejo, lo más difícil de lograr. Yo estoy en una lucha interna conmigo cuando compongo y, en particular, en este momento estoy tratando –en las canciones para el disco nuevo- que sean lo más sencillas posible. Es un ejercicio que me cuesta bastante. Ando tratando de respetar el primer impulso, vi esto, ta, es eso. Y a ver si me la aguanto… Obviamente que en el poder de síntesis, la capacidad de resumir una emoción y decirla de una forma simple, está la obra de arte. Está en quien logra decir algo tan sencillo de un modo que se sostiene. El mundo está lleno de canciones con tres acordes que son una mierda y tienen un auge brutal, pero algunos artistas conmueven con esos tres acordes y su canción se vuelve atemporal. También hay gente que logra la belleza y la sencillez en canciones híper complejas, como Chico Buarque, por ejemplo. (Fernando) Cabrera me dijo una vez: ni lo intentes, yo viví años frustrándome con el tema de Chico hasta que me di cuenta que no era para mí. – Ahora, el momento creativo está fuera de ese análisis. La idea florece… -Totalmente. Y eso es lo más difícil de conseguir. Siempre digo que cuando estoy componiendo, las cosas no me suceden con un orden establecido, ocurren cuando ellas me sugieren que deben pasar. Yo me siento a escribir en una actitud pasiva, en una especie acción de la no-acción budista. Estoy quietito ahí y empiezan a suceder cosas.

Eduardo Rouillet


Daniel Drexler es músico y hermano de Jorge, para que no queden dudas. También es montevideano, claro, y ya lleva editados cuatro discos (Micromundo”, “Vacío”, “Full Time” y “La llave en la puerta”). Su vida se dividió entre la guitarra y la facultad de Medicina (es médico otorrinolaringólogo para más datos). Y a las dos les ha prestado atención. Antes de recibirse, recorrió de mochilero EE. UU., Europa, Egipto e Israel. Trabajó en restaurantes y bares en España, de empaquetador en Londres y en una recicladora en Tel-Aviv. y también tocó la guitarra en el metro de París y en peatonales de Jerusalén. Pero a su regreso se recibió y se especializó. En la última década realizó más de quinientos recitales en todo el mundo. Compartió escenarios con grandes figuras como Fernando Cabrera, Kevin Johansen, Vitor Ramil, la madrileña Ana Serrano van der Laan, Eduardo Mateo, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Joao Gilberto, Luis Eduardo Aute, su prima Ana Prada y Zelito Ramos Souza. -En el primer diálogo que tuve con Eliseo Subiela –cuando estrenó “Hombre mirando al sudeste”– le consulté si filmar era una búsqueda de respuestas y me contestó: no, busco preguntas… Algo así veo en tus canciones. -Yo no tengo un mensaje claro. Lo que hago es simplemente ir por la vida planteando mis dudas y tratando de buscar puentes empáticos. Me interesa mucho la empatía, lo que se siente en un concierto cuando te encontrás con quinientas, ochocientas, mil o diez personas que viene de lugares, de historias diferentes, que casi no conocés y sin embargo tendés un puente empático y por un rato, todos sentimos que tenemos una experiencia de vida común. Estamos un poco menos solos. Yo no salgo a dar mensajes, salgo a buscar empatías, a tender redes empáticas. Una de las cosas que más disfruto de esta profesión y si me preguntás por qué terminé haciendo música… Hay miles de razones no tan dignas como decir, cuando tenía quince, dieciséis años era muy tímido y fue mi forma de conquistar chicas, que es valedera y quizás también sigue habiendo algo de eso aún hoy… Pero también hay una cuestión ahí. En definitiva, yo ya llevo diez, quince años en la ruta, y voy rescatando con el tiempo que fui tendiendo redes humanas. Y siento que tengo una trama humana en Buenos Aires, en Madrid, Barcelona, Copenhague, Estocolmo, Lima, Montevideo, Porto Alegre, San Pablo, lugares donde encuentro una red de gente con la que tengo algo en común. -Familiaridad, simplemente... -Sí… Una sensación de que aparte, hoy en día, la conciencia empática tiene posibilidades de ser más abarcativa. Tenemos medios de comunicación que nos permiten estar en contacto de otra manera con la gente. Entonces, podés levantarte de mañana, mandar un mensajecito a un amigo al que le duele la muela, probaste este remedio, no sé qué, y el tipo está en Tokio. Me gusta formar parte de eso. -Por otra parte, es un tanto impersonal. No nos sentimos de cerca. No nos miramos a los ojo, y eso es un problema… -Obviamente, obviamente. -En cambio, cuando estamos con alguien que nos canta desde el escenario, o como ahora, cruzamos miradas, compartimos emociones. -Yo me preocuparía si ese fuera el único tipo de contacto que yo tuviera con los otros. Lo veo como complemento de otra comunicación que tiene otra profundidad. Lo veo como una especie de (social) grooming que hacen los primates cuando se están todo el tiempo toqueteando Es un mimoseo que da cohesión a la manada. Y en un grupo que no tiene lenguaje oral, la forma de mantener los puntos de contacto es esa. Los humanos, al haber desarrollado el lenguaje oral, pudimos agrandar la manada. Con la escritura pudimos pasar ya a una estructura de nación y con las telecomunicaciones se ensanchó todavía más y hoy estamos claramente en la posibilidad de tener un grooming digital, virtual, a través de la Internet. -En julio, durante un viaje por caminos sinuosos de Costa Rica, una chica de Texas me habló de tu música y la tu hermano (Jorge). ¿Cómo llega hasta allá ese mensaje escrito en Montevideo y emociona a una tejana que habla otra lengua? -Para alguien que viene de un país como Uruguay, donde nacimos viendo a nuestros grandes próceres musicales, llámense (Eduardo) Mateo, (Alfredo) Zitarrosa, haber descubierto este universo digital, donde las fronteras y las distancias se diluyen, el concepto de tiempo-espacio se ve trastocado de una forma muy radical… Escribí una canción en el disco anterior (“Vacío”), “Veinte, veintiuno”, que habla un poco del miedo de los uruguayos de salir al mundo: cabe en un click todo el ancho del mar / ya ni el oriente es lejano / bienvenida la diversidad / más vale cien pájaros volando que pájaro en mano. De golpe estamos en una situación que se abrió y creo que la globalización tiene un montón de aspectos negativos… - También es estandarización. -Estandarización, estereotipación de las culturas… No en vano estamos en Buenos Aires sentados en un Starbucks… -Que podés hallar en otras capitales con igual diseño. -O subiendo al Himalaya, allá arriba encontrás un Mc Donalds. Pero, que podamos desarrollar una conciencia bioesférica, que nos veamos como una especie que forma parte de un solo ser vivo, es un gran avance en la conciencia de la especie. Las preguntas y las dudas creo que también son un signo de esta época. Después de años de estar pensando que la ciencia –determinista- iba a revelar todas las verdades, nos dimos cuenta que se van revelando preguntas pero cada vez que una se revela, salen diez nuevas. Hasta que llegamos al principio de incertidumbre. (Werner) Heinsenberg dijo: no nos faltan instrumentos para saber sobre algunas cosas, o la disciplina o el método, hay cuestiones que no se pueden saber. Hay extremos a los cuales no podemos llegar, en el mundo subatómico, en el espacio exterior. En el medio sí podemos conocer más o menos cómo funcionan las cosas. Y eso, para mí, está muy ligado a la primera propuesta que me hacías, a la respuesta que te dio Subiela… Es un signo de nuestra era darnos cuenta de que somos más buscadores de preguntas que de respuestas. En los siglos XVIII, XIX, XVII, un científico europeo decía que buscaba respuestas y que las iba a encontrar. Hoy hay mayor confusión, aparecieron la Teoría del Caos (1), el Principio de Incertidumbre, la Teoría de la Relatividad y no aisladamente. Dentro de ese mar es donde más lugar hay para lo bello, para la sensibilidad y para la sencillez. Quizás lo más complejo, lo más difícil de lograr. Yo estoy en una lucha interna conmigo cuando compongo y, en particular, en este momento estoy tratando –en las canciones para el disco nuevo- que sean lo más sencillas posible. Es un ejercicio que me cuesta bastante. Ando tratando de respetar el primer impulso, vi esto, ta, es eso. Y a ver si me la aguanto… Obviamente que en el poder de síntesis, la capacidad de resumir una emoción y decirla de una forma simple, está la obra de arte. Está en quien logra decir algo tan sencillo de un modo que se sostiene. El mundo está lleno de canciones con tres acordes que son una mierda y tienen un auge brutal, pero algunos artistas conmueven con esos tres acordes y su canción se vuelve atemporal. También hay gente que logra la belleza y la sencillez en canciones híper complejas, como Chico Buarque, por ejemplo. (Fernando) Cabrera me dijo una vez: ni lo intentes, yo viví años frustrándome con el tema de Chico hasta que me di cuenta que no era para mí. - Ahora, el momento creativo está fuera de ese análisis. La idea florece… -Totalmente. Y eso es lo más difícil de conseguir. Siempre digo que cuando estoy componiendo, las cosas no me suceden con un orden establecido, ocurren cuando ellas me sugieren que deben pasar. Yo me siento a escribir en una actitud pasiva, en una especie acción de la no-acción budista. Estoy quietito ahí y empiezan a suceder cosas.

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