De Cholila a Trevelin

Una excursión ideal para realizar en un día o dos es la que recorre los principales atractivos del Parque Nacional Los Alerces y también las bucólicas comunidades rurales y turísticas ubicadas en sus alrededores.

Chubut

Nubes de formas caprichosas pasando sobre el lago Futalaufquen, ríos esmeralda uniendo toda la cuenca, el canela intenso de la corteza de los arrayanes cayendo sobre el agua donde juegan las truchas, el ocre de las lengas mezclado con el manto de nieve que ya cubre las montañas y el amarillo furioso de los álamos en contraste con el verde perenne de los coihues y cipreses conforman por estos días el paisaje policromático que el viajero encuentra en el camino que atraviesa el Parque Nacional Los Alerces. Todo comienza en Cholila, a 80 km al sur de El Bolsón, a la que se accede por la ruta nacional 40 y luego la provincial 71 (pavimentada).

La primera parada es en Villa Lago Rivadavia, con el encanto de su postal de lodges a orillas del río Carileufu y atravesando sus praderas con vacas y caballos pastando que recuerdan el viejo far west de la serie “Bonanza”.

Desde allí, el lago Rivadavia muestra todo su esplendor de azul profundo en medio de cañadones cordilleranos cubiertos por la selva valdiviana que se extienden hasta el límite con Chile.

Una entrada tentadora aparece en el acceso al Parque Nacional, donde el espejo lacustre asombra con la transparencia de sus aguas y los troncos semisumergidos convocan a fotos en familia que se atesoran por siempre.

Poco más adelante el camino de ripio (en muy buen estado, están asfaltando) se mete en un bosque de lengas propias de un cuento de elfos y duendes. Por allí nomás, un sendero de arenas volcánicas lleva hasta un mirador que permite observar “uno de los rincones andinos más encantadores de nuestra Patagonia”.

Más senderos

Y si de lugares asombrosos se trata, la excursión no da respiro: enseguida aparece el lago Verde y la pasarela que marca el comienzo del río Arrayanes, en su confluencia con el río Menéndez.

La propuesta es caminar una media hora hasta el lago Menéndez, a través de un sendero enmarcado por especies únicas de lahuán (alerce), arrayanes, enormes coihues, cipreses, entre otras, para arribar finalmente a puerto Chucao, desde donde parten diariamente las excursiones embarcadas al Alerzal Milenario y al glaciar Torrecillas.

Ya de vuelta en el camino, la recomendación es bajar hasta la seccional del guardaparque sobre el río Arrayanes, que une en un recorrido de menos de 5 km los lagos Verde y Futalaufquen. La vista aquí es realmente asombrosa, con la flora metida en la profundidad transparente que deja ver los salmones al alcance de la mano.

En el lugar también funciona un restaurante y confitería que permite reponer energías. Desde allí en adelante, la ruta serpentea por todo el borde del lago Futalaufquen, pasando por lugares como la playa del Francés, punta Matos y arroyo Centinela, para arribar a la Villa Futalauquen y puerto Limonao.

Para visitar en este sector están las pinturas rupestres de 5.000 años de antigüedad, con dos aleros donde vivieron antiguas tribus tehuelches. A pocos metros, la intendencia del PNLA -con su particular arquitectura, más la iglesia, la escuela y hosterías.

La excursión bien merece finalizar en Trevelin tomando el té galés, una tradición traída por los colonos a mediados del 1800 y que hoy constituye una de las principales atracciones regionales.

Si hay tiempo, hacer una escapada hasta la portada sur del Parque Los Alerces (18 km) para recorrer el Complejo Hidroeléctrico Futaleufú, una atractiva obra de ingeniería que en la década del ‘70 unió varios lagos y que actualmente proporciona energía a buena parte de la región.

La vuelta a la Comarca Andina se puede hacer más rápida tomando la ruta nacional 259, hasta Esquel (25 km) y desde allí otra vez por la 40 hasta El Bolsón (180 km). (AEB)


Chubut

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora