De la ópera a la comedia musical

El destacado cantante de ópera Juan Rodó se encuentra en Bariloche donde presentó el musical “Dorian Gray, el retrato”, en La Baita y conversó con “DeBariloche”.

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Por Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar

Juan Rodó se ha pasado media vida haciendo del conde Drácula. Tal como le van las cosas puede que se pase unos cuantos años más interpretando a Dorian Gray, el vanidoso personaje creado por el aun más vanidoso Oscar Wilde. Tanto Drácula como Gray tienen algo en común, aspiran a la eternidad. A perdurar más allá de las irrevocables reglas del tiempo. Rodó no es un chico pero aun está bastante lejos de preocuparse por su jubilación. Sus alter egos siempre la han dado de comer. En el marco de la gira nacional de la obra “Dorian Gray, el retrato”, que lo trae a Bariloche por “décima o séptima vez ya no me acuerdo”, se presentó anoche en el Teatro La Baita.

El destacado cantante de ópera, el protagonista de las mayores producciones musicales que se han levantado en el país, el barítono que en una semana es capaz de llenar un Luna Park y a la siguiente volar a Europa para demostrarle al mundo clásico que es más que una cara bonita o un hijo del showbiz, se encuentra entre nosotros, y como cualquier hijo de vecino viene de comprar algo en una farmacia.

-Años de éxito continuo, representaciones en distintas partes del planeta, ya no esperás con ansias que te llamen por teléfono ¿o si?

-No en este momento de mi vida pero nunca se sabe. Más allá de haber protagonizado uno de los espectáculos musicales más exitosos en la Argentina eso no te asegura el trabajo, el espacio. Este es un ambiente chico, es muy difícil mantenerse y nosotros mismos como equipo no pudimos superar lo que se hizo con Drácula. En la ópera con algo de suerte y talento podés trabajar en un teatro, en el Colón, y mantener tu actividad. Pero también es un ambiente elitista y no es fácil. En el país no es fácil.

Rodó se ha hecho solo. Su formación clásica no incluía todo ese bagaje actoral que pide a gritos el musical. Pero aquel llamado para la escena teatral estaba en su interior. Formaba parte de su ADN como artista. Ahora tiene una Escuela de Comedia Musical que probablemente impulsará la carrera de quienes pretenden seguir sus pasos.

-¿Cómo se gestó el artista que sos hoy, tomando en cuenta que venís de la lírica y te has convertido en una figura de la escena teatral musical?

-Cuando decidí enrolarme con la lírica, desde el principio supe que era fundamental tener además un desarrollo actoral para cantar. O sea que cuando comencé con los musicales ya tenía un cierto bagaje actoral. Me faltaban cosas vinculadas a lo coreográfico pero había plasticidad en mi. Después debo reconocer que tuve grandes maestros Pepe Cibrián me dio herramientas y me enseñó el estilo, fue como tomar un taller de actuación con grandes maestros.

-Has debido de tener también la plasticidad necesaria para pasar del mundo de la ópera al de la comedia musical. ¿Cómo es este proceso?

-Hay un punto de unión entre la ópera y el musical. Están emparentados. En lo vocal es cierto que la ópera requiere de un registro y que el musical es más abierto en ese sentido. Alguna vez se dijo que yo en las representaciones de óperas me muevo más que otros cantantes líricos. Se dijo como característica de mi trabajo y como crítica. Pero son cosas que he ido aprendiendo en la comedia.

-El personaje de Dorian Gray es una metáfora de la figura del artista, del actor que no puede envejecer que no puede porque se pierde ¿lo ves así?

-Si, el artista quiere perdurar. Y en este ambiente mantenerse es muy difícil.

-¿Incluso con dos décadas de éxito haciendo Drácula?

-No existe una tarjeta de garantía. No importa si has tenido un éxito debes seguir trabajando, no hay garantías.

En su curriculum

Juan Rodó es un artista versátil e internacionalmente reconocido. Protagonizó los musicales “Los Miserables”, “El Jorobado de París”, “La Bella y la Bestia” de The Walt Disney Company, “Drácula”, y las óperas “Rigoletto” de Verdi, “Il matrimonio segretto” de Domenico Cimarosa, entre muchas otras. También fue invitado por la Opera de Washington en ese momento dirigida por Plácido Domingo. Y ganó los premios Estrella de Mar y el Premio Konex.

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